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La politóloga Arantxa Tirado Sánchez, doctora en Relaciones Internacionales por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y doctora en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), estrena el libro «El lawfare. Golpes de Estado en nombre de la ley» con Editorial Akal.
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La oleada de gobiernos de izquierda que caracterizó a América Latina y el Caribe desde finales del siglo XX conformó un mapa geopolítico adverso a los intereses del sector público-privado estadounidense en la región.
Para cambiar la correlación de fuerzas ha entrado en escena el lawfare o guerra judicial, un mecanismo aparentemente democrático y ajustado a derecho, por el que socavar el poder, la imagen y las posibilidades de reelección de los líderes de la izquierda.
Poco se habla, sin embargo, del origen del lawfare como una estrategia de carácter militar, encuadrada en una guerra de amplio espectro, hoy denominada guerra híbrida, que busca, mediante la combinación de operaciones judiciales, mediáticas, políticas o económicas, la reconfiguración de la geopolítica hemisférica.
Si en décadas precedentes los golpes de Estado clásicos sirvieron para impedir que la izquierda gobernante desplegara su agenda política desde las instituciones o, incluso, llegara a ocuparlas, hoy el lawfare ejerce una misma función, pero amparándose en la legalidad y manteniendo las apariencias democráticas. Asistimos, entonces, a la paradójica demolición del Estado de derecho en nombre de la ley.

Pero esta amenaza no se limita al territorio latinoamericano, que, como tantas otras veces, no ha dejado de ser un laboratorio de pruebas. Una vez confirmada la «eficacia» de esta nueva herramienta del sistema, ¿qué impide aplicarla en otros países? Y hay indicios muy cercanos que apuntan en esta dirección.
¿Dónde comprar? AKAL
Dos páginas de «El Lawfare, golpes de Estado en nombre de la ley»
Uno de los propósitos de este libro es, precisamente, destacar los aspectos geopolíticos que son fundamentales para entender por completo el lawfare y que raramente se encuentran en los análisis. Nos parece imprescindible dimensionar el lawfare como un arma al servicio de la reconfiguración de la correlación de fuerzas en este sistema internacional de pos-Guerra Fría en el que EEUU ve su hegemonía declinar. Por eso, es fundamental contextualizar el lawfare en la guerra que la potencia hegemónica, EEUU, emprendió contra el mundo para mantener su dominio desde que ganó la Segunda Guerra Mundial. Una guerra que, como se verá, ha ido mutando en sus concepciones, tácticas y operativos, pero que, en esencia, tiene un mismo objetivo estratégico: ejercer el dominio hegemónico sobre el resto de países del sistema internacional para poder controlar los recursos imprescindibles en aras de la perpetuación de la maquinaria capitalista. Desde un punto de vista bélico, neutralizar al enemigo (o aniquilarlo, si es preciso) en el ámbito internacional es clave, máxime en un sistema internacional en transición geopolítica, con una hegemonía estadounidense mermada desde hace años y un capitalismo en crisis cíclicas que muestran los límites de su reproducción. Y hacerlo de manera que no se pueda desatar una Tercera Guerra Mundial, con el peligro de aniquilación mutua que esta conllevaría debido al potencial nuclear y las armas de destrucción masiva, parece mucho más inteligente que la confrontación frontal entre potencias. De ahí también todas las estrategias de guerra económica y su protagonismo en ascenso. La competencia creciente que EEUU ha experimentado después de cierto momento de unipolaridad tras la implosión de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría supone un desafío para su papel de hegemón. De hecho, desde hace ya décadas los propios analistas estadounidenses vienen reflexionando sobre el declive hegemónico de EEUU, acelerado por el auge o reemergencia de grandes potencias como China o la Federación de Rusia, cuya presencia en los intercambios comerciales o en el escenario político es creciente en América Latina y el Caribe. Entender este marco de análisis es imprescindible para comprender el fenómeno del lawfare como una herramienta más en la disputa geopolítica mundial.
Por otra parte, el lawfare es a su vez una etapa más de una contrainsurgencia de largo aliento contra los líderes políticos, Gobiernos, partidos o movimientos sociales que apuestan por una ALC soberana e independiente de los dictados estadounidenses. Una línea de continuidad histórica reaccionaria que se puede rastrear y que es la cara B del «hilo rojo» de la historia que suponen las luchas sociales y políticas por la emancipación.
Este hilo reaccionario, para ser más efectivo, ha tomado distintas formas a lo largo de las décadas y se ha aplicado a fuerzas políticas y presidentes diversos. De origen militar, el lawfare –como otras estrategias contrainsurgentes– se enmarca en un paraguas más amplio de aplicación de guerra psicológica dirigida a conquistar o recuperar el poder perdido por las fuerzas reaccionarias, pero también a convencer a los pueblos a través de sus «mentes y corazones» de lo correcto de las políticas neoliberales sobre las que se erige el capitalismo actual. Una guerra psicológica que ha mutado para adaptarse a los nuevos tiempos, ampliándose a ámbitos como las redes sociales y combinándose con otras tácticas de cambio de régimen novedosas (sin perder de vista las prácticas tradicionales de subversión enmarcadas en la guerra política diseñada en tiempos de la Guerra Fría). Esta mezcla de elementos psicológicos con otras modalidades bélicas, tácticas u operativas en la guerra asimétrica es lo que se ha denominado en los últimos años guerra híbrida.
Asimismo, es relevante destacar que la guerra, al contrario de lo que mucha gente entiende por ella, no es solamente un conflicto bélico abierto entre dos partes que se agreden mutuamente sobre el terreno con disparos, tanques o desde aviones que lanzan bombas (guerra cinética). No, la guerra es algo mucho más sofisticado y tiene múltiples caras, algunas difícilmente identificables para quienes no están en el campo de batalla padeciendo las consecuencias. E, incluso, las características de la guerra actual hacen que personas puedan estar en medio de una guerra sin percatarse. Sin embargo, que no veamos de manera directa sus muertes o que sus asesinatos sean más simbólicos que reales no le quita el carácter bélico ni la estrategia de aniquilamiento del enemigo que hay detrás de todo ello. El énfasis que se hace en el libro a la hora de contextualizar el marco bélico, teórico y práctico en el que se desarrolla el lawfare tiene por objeto dejar claro que el capitalismo vive en una guerra de clases perpetua, que va mutando, pero que nunca descansa. Una guerra de espectro completo que trata de disciplinar a quienes se rebelan contra su orden, dominio e imposición.

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