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Cerramos un año en el que Europa ha vuelto a reencontrarse con la inflación, la crisis energética y las altas tasas de interés, que desde hace años parecían las grandes olvidadas de las economías locales. La guerra iniciada por Putin contra Ucrania a comienzos de 2022 ha sido el gran catalizador del derrumbe de los paradigmas económicos europeos recientes. Esto es, energía, dinero y alimentos, todos baratos.
En abril, el profesor Rubén Garrido-Yserte (UCLM), nos recordaba que la inflación “es una pérdida para casi todos, pues provoca el empobrecimiento del conjunto de la economía”.
En su texto, el autor señalaba que, en periodos de subidas de precios, el poder adquisitivo de los ciudadanos baja si sus rentas no suben al mismo ritmo que los precios (mientras que el Estado mantiene la recaudación fiscal).
Inflación e impuestos
La subida generalizada en los precios provocó un debate político sobre el sistema fiscal en España: mientras algunas comunidades decidieron rebajas impositivas, el Gobierno anunció la creación de tres nuevos impuestos temporales a entidades bancarias, empresas energéticas y grandes fortunas, que entrarán en vigor este 1 de enero.
En un contexto de déficit en las cuentas públicas, inflación y desigualdad, el profesor Alejandro Esteller-Moré (UB) nos recordó que “la recomendación de manual es aumentar la presión fiscal (o, al menos, no disminuirla) y el establecimiento de compensaciones para los colectivos más desfavorecidos”.
Apuntes laborales 2022: derechos alcanzados y SMI
Entre esos colectivos vulnerables está el de las empleadas domésticas (en España, más del 95 % de las personas trabajadoras en el ámbito doméstico son mujeres) que, no obstante, en 2022 avanzaron en el camino hacia el trabajo decente.
A principios de septiembre el Gobierno español equiparó sus derechos laborales con los del resto de los trabajadores y por fin podrán cobrar el paro y ver mejorada su indemnización por despido improcedente. Queda pendiente regular las condiciones del trabajo doméstico interno.
En 2022 el peso de la inflación ha afectado al salario mínimo interprofesional. Fijado en 1 000 euros desde el 1 de enero de este año, ante la subida de precios sostenida en estos 12 últimos meses, los sindicatos reclaman ahora un aumento que lo lleve, al menos, a 1 100 euros frente a los 1 040 euros que, en cambio, ofrece la patronal.
A comienzos de año la profesora Inmaculada Cebrián López de la Universidad de Alcalá, nos explicaba que la meta debe ser que España se acoja a la propuesta de la Carta Social Europea (que busca garantizar a los trabajadores el derecho a una remuneración suficiente para un nivel de vida digno) de que, en 2023, el SMI equivalga al 60 % del salario medio neto.
No obstante, habrá que ver qué se consigue en el actual escenario de alta inflación, en el que los salarios en general han subido menos que el coste de la vida.
Tipos de interés e hipotecas
A finales de julio, Europa se fue de veraneo con la noticia de que, para contrarrestar la inflación, el BCE endurecía su política monetaria y aumentaba los tipos de interés. ¿La finalidad?, desincentivar el consumo en la eurozona para contener el alza en los precios.
Cuando, en julio de 2021, el BCE estableció un objetivo de inflación a medio plazo del 2 % el panorama económico apuntaba a que se trataba de corregir las desviaciones tanto al alza como a la baja en dicho objetivo. Esta medida servía, pues, de base a las actuaciones expansivas del BCE (los tipos negativos de entonces), motivadas por unos niveles de inflación por debajo del 2 %.
Cerrando 2022 el Banco Central Europeo ha dejado los tipos en el 2,5 % (desde el tipo 0 con el que arrancaron las subidas a finales de julio) y reconoce que prevé seguir aumentándolos, “a un ritmo sostenido” hasta volver al objetivo del 2 % a medio plazo.
Esta decisión está teniendo consecuencias para las familias: la medida tomada por el BCE para el control de la inflación encarece el precio del dinero y aumenta el coste de las hipotecas futuras (sean a tipo fijo o variable) y de las ya contratadas a tipo variable.
El fantasma de la estanflación
La cuestión es que algunos expertos temen el empeoramiento de la situación. Si a la inflación se le sumase una ralentización de la economía se pasaría a un escenario de estanflación o inflación con estancamiento.
En otoño, el FMI presentó sus previsiones para el año que comienza. El profesor Sergi Basco, de la UB, analizó el contenido del informe que, con una estimación de un 2,7 % de crecimiento, situaría a 2023 entre los 3 peores años para la economía global de las últimas décadas.
Por otra parte, el Fondo pronostica para España un crecimiento del 1,2 %, en lugar del 2 % de su previsión anterior. En su análisis, el profesor Basco destaca, ante este peor dato, que los Presupuestos Generales del Estado para 2023 se han calculado en base a una estimación de crecimiento del 2,1 %.
En consonancia con la previsión del FMI, el Banco de España cierra 2022 rebajando en una décima, hasta el 1,3 %, su dato de crecimiento para España para el mismo periodo. La buena noticia es que también reduce su previsión de inflación del 5,5 % al 4,9 %.
A este respecto, cabe recordar las palabras del profesor Carlos Gutiérrez Hita (Universidad Miguel Hernández) en su artículo acerca de los riesgos del crecimiento económico cero: “Si las economías se estancaran y fueran aterrizando poco a poco en un crecimiento nulo, las condiciones sociales de la población se deteriorarían y, lo que es peor, el efecto se autoalimentaría, siendo sus consecuencias cada vez mayores y deslizándonos hacia el crecimiento negativo”. Habrá que ver cómo evolucionan las economías en el nuevo año.
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