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La batería de sanciones económicas implementadas en los últimos años contra Rusia y China por parte de la UE y EE. UU. no es un arma más en el marco de una nueva Guerra Fría. Más bien expresa la crisis del modelo neoliberal de globalización, que cuestiona no solo sus bases económicas e institucionales, sino también los fundamentos que dan legitimidad al sistema. Es decir, la relación entre las nociones de democracia, sociedad y mercado, lo cual tiene claras consecuencias a la hora de reflexionar sobre las estrategias de desarrollo en América Latina.
Tendencias que condicionan el desarrollo de la región
La guerra en Ucrania ha supuesto diversos tipos de consecuencias para América Latina. Si la subida del precio de los hidrocarburos ha beneficiado a los países productores y ha permitido que otros países ganen una cuota del mercado global para sus productos agrícolas, también ha provocado fuertes tensiones inflacionarias. Para algunos analistas la escasez de materias primas que podría golpear a Occidente es una oportunidad para esta región, rica en recursos esenciales para la revolución tecnológica (níquel, litio, cobre, fosfatos, etc.).
Sin embargo, más allá de la coyuntura del conflicto, las sanciones han exacerbado tendencias globales que se venían observando desde hace algunos años y que impactan fuertemente en las estrategias de desarrollo de la región. Podemos destacar tres:
Imperialismo descarnado: La invasión de Ucrania terminó de destruir la ficción liberal de que las grandes potencias no podían ejercer su poder discrecionalmente sobre otros países más débiles. En realidad, esto nunca fue así, pero la gran diferencia es que en esta crisis las grandes potencias no tienen tapujos en utilizar su poder contra cualquier otro país en función de sus propios intereses.
Economía geopolitizada: La invasión rusa ha supuesto un fracaso ideológico de la teoría liberal, que asume el comercio como agente pacificador de las relaciones internacionales mientras se imponen políticas proteccionistas, se inician guerras comerciales y se condena la interdependencia económica como una debilidad. Esto se refleja claramente en la estrategia de relocalización industrial impulsada por EE. UU. para enfrentar la dependencia de China.
Revalorización estratégica de las materias primas: La guerra ha acentuado la importancia económica y geopolítica de las materias primas (agricultura, minería y energía), que se revalorizan cada vez más, no solo en términos comerciales sino también como parte esencial de la “autonomía estratégica” de cada país.
Estas tres tendencias son fundamentales para diseñar las estrategias de desarrollo en Latinoamérica.
Por ejemplo, la explotación del litio en Argentina, Bolivia, Chile y Perú se enfrenta a la presión explícita de las grandes potencias como parte de una disputa global respecto a quien se quedará con esas materias primas.
Por otro lado, la guerra ha evidenciado la fragilidad de la industria de fertilizantes agrícolas, lo que obliga a repensar el modelo agrario de varios países de la región para hacerlo más resiliente a las incertidumbres internacionales.
Latinoamérica verde
En este marco destaca que la transformación verde por la que apuestan los países desarrollados podría beneficiar a América Latina en tanto receptora de inversiones. Esto reabre un debate ya clásico en la región respecto a la necesidad de:
Modernizar los modelos productivos y energéticos.
Mejorar las infraestructuras físicas y digitales.
Formar capital humano especializado.
También están pendientes las discusiones sobre la distribución de la riqueza y la protección medioambiental. Un caso paradigmático de este desafío se está dando actualmente en Chile con la producción de hidrógeno verde.
Polos de poder
Estos análisis siguen funcionando bajo una lógica imperial, al asumir que la región debe mantener una integración subordinada a las demandas de uno de los grandes bloques que se estarían conformando. Por eso se considera que todos esos procesos están fuertemente condicionados por cómo evolucione el enfrentamiento entre China y EE. UU..
Por ejemplo, si finalmente se concreta una mayor interdependencia entre Rusia y China, podría debilitarse la importancia del mercado chino para muchas exportaciones latinoamericanas y revalorizaría a EE. UU. y la UE como principales mercados.
Desde esta óptica, el desarrollo económico latinoamericano sigue siendo asumido como una variable dependiente de las necesidades geopolíticas de una potencia exterior.
Este artículo es un resumen de la carta del GETEM (Grupo de Estudio de las Transformaciones de la Economía Mundial) número 42, de febrero de 2023, “Guerras y sanciones económicas internacionales: Notas para el desarrollo de América Latina en el marco de la crisis de la globalización neoliberal”.
José Sebastián Monsalve Egaña no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
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