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El politólogo David C. Rapoport ha identificado cuatro grandes oleadas de terrorismo que han sacudido al planeta desde finales del siglo XIX.
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La primera fue la nihilista/anarquista, cuyo punto álgido se situó entre 1880 y 1900, aunque algunos autores consideran que tuvo como precedente al Ku Klux Klan.
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La segunda generación, la nacionalista/anticolonial, se prolongó desde 1917 a 1965.
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El tercer ciclo, el de la nueva izquierda, al que se adscriben bandas de extrema izquierda, pero también de ultraderecha y nacionalistas radicales, empezó a cometer atentados mortales a finales de la década de los sesenta.
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El cuarto y último, el de corte yihadista, se ha desarrollado a partir de los años ochenta del pasado siglo y ha perdurado hasta nuestros días.
España ha padecido las cuatro sucesivas oleadas internacionales de terrorismo, pero aquí nos centraremos en las dos últimas. Por un lado, para no mezclar organizaciones y momentos históricos demasiado alejados. Por otro, porque 1960 es la fecha que marca la vigente Ley 29/2011, de 22 de septiembre, de Reconocimiento y Protección Integral a las Víctimas del Terrorismo, que tomó como referencia la bomba que el 27 de junio de aquel año mató a la niña Begoña Urroz en la estación de tren de Amara (San Sebastián). Alrededor de aquella fecha comenzaron a actuar organizaciones como ETA, que había aparecido el año anterior.
Principales bandas terroristas domésticas por orden de aparición

¿Cuántas víctimas han provocado la tercera y cuarta oleada?
Si ampliamos el arco cronológico lo máximo que nos permite la Global Terrorism Database (GTB), desde 1970 a 2018, podemos sumar las consecuencias humanas del tercer y cuarto ciclo internacional de terrorismo. Los atentados de este tipo de violencia política a escala mundial arrojan un saldo de proporciones catastróficas: 434 981 asesinatos y 549 754 supervivientes con secuelas físicas. Grosso modo, un millón de damnificados directos.
De todas estas víctimas, ¿cuántas corresponden a España? De acuerdo con la GTB, entre 1970 y 2018 los terroristas acabaron con la vida de 1 289 personas y causaron lesiones a otras 4 935 dentro de nuestro país. Pese al rigor que caracteriza a la GTB, lo cierto es que pierde nitidez a escala nacional y regional, por lo que es necesario contrastar sus datos con los que proporcionan otras fuentes.
Podemos afinar más a partir de los registros oficiales. Después de eliminar los datos personales, tal y como establece la legislación vigente, la Dirección General de Apoyo a Víctimas del Terrorismo del Ministerio del Interior cedió su registro oficial de víctimas mortales y heridos al Centro para la Memoria de las Víctimas del Terrorismo con propósitos científicos.
Gracias a la colaboración entre ambas instituciones, se ha podido utilizar dicha información anonimizada para elaborar proyectos como Heridos y olvidados, obra de María Jiménez y Javier Marrodán, y el presente artículo, que sintetiza sucintamente algunos de los resultados de un libro de reciente publicación.
La documentación facilitada por la Dirección General de Apoyo a Víctimas del Terrorismo revela que el Gobierno ha reconocido a 1 451 víctimas mortales y a 4 983 heridos en atentados terroristas producidos entre 1960 y 2020. Se trata de cifras oficiales que computan tanto a extranjeros damnificados dentro de nuestras fronteras como a ciudadanos españoles que han sufrido ataques en otros países.
Ahora bien, hay que tomar estos datos con cierta precaución. El registro incluye a aquellos que han sido indemnizados tras un proceso administrativo que se inicia a petición del damnificado o sus allegados. No todos lo han hecho o lo han podido hacer. Faltan, por ejemplo, una víctima mortal de 1962, Manuel Eleuterio Liáñez, y otra de los ataques contra las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001, Silvia de San Pío.
Sin embargo, sí están computados algunos casos dudosos o en los que no hay suficientes pruebas sobre la implicación de bandas terroristas, ya que en la década de los ochenta los trámites no eran tan rigurosos como luego lo han sido.
Por otro lado, un número indeterminado de lesionados fallecieron antes de tener la posibilidad de solicitar el reconocimiento, no se enteraron a tiempo de que existía esa posibilidad, prefirieron no realizar los trámites o no conservaban pruebas del origen de sus secuelas, por lo que su solicitud fue desestimada.
Como ya advertían María Jiménez y Javier Marrodán en su trabajo, todo apunta a que el número real de heridos es superior a 4 983. Pese a estas advertencias, hay que subrayar que el listado oficial del Ministerio del Interior es el más fiable de los disponibles actualmente.
¿Cuáles fueron las principales responsables de la violencia terrorista?
Si cruzamos los datos del registro de la Dirección General de Apoyo a Víctimas del Terrorismo y la bibliografía académica más reciente sobre el fenómeno, podemos establecer una clasificación entre los grupos que más damnificados han causado desde 1960 a nuestros días. Sin lugar a dudas, ETA ha sido la banda terrorista más longeva y letal que ha operado en España. El balance de su actividad arroja un saldo de más de 3 500 atentados, 853 asesinatos, 2 632 heridos, 86 secuestrados y un número desconocido de amenazados, exiliados y damnificados económicamente. Su emuladores, las grupos nacionalistas radicales que practicaron la “lucha armada” en Cataluña, Galicia y las Islas Canarias, causaron otras 9 víctimas mortales.
Víctimas mortales del terrorismo por autoría

Heridos en atentados terroristas por autoría

En segundo lugar encontramos al terrorismo de corte yihadista. Incluyendo a las de la masacre de El Descanso, este tipo de violencia ha producido 288 víctimas mortales y 2 036 heridos en España. En la mayor parte de los casos los atentados ocurrieron dentro de nuestras fronteras, pero se trata de un fenómeno global: 61 ciudadanos de nacionalidad española han sido asesinados fuera de ellas.
La tercera corriente más sangrienta fue la que encarnaban las diferentes bandas de extrema izquierda, que asesinaron a 110 personas desde 1960 a 2006. La absoluta mayoría de los atentados mortales llevaban la firma de los GRAPO, banda seguida muy de lejos por el FRAP.
En cuarto lugar se sitúa el terrorismo de extrema derecha y parapolicial, que ha asesinado a alrededor de 91 personas. Aunque se utilizaron múltiples siglas, muchas de ellas una mera pantalla, las más conocidas son las de los GAL, que causaron 27 víctimas mortales.
Coda
Aunque los números nos ayudan a hacernos una idea de conjunto, el periodista José María Calleja nos enseñó que siempre hay que tener presente que las víctimas del terrorismo no son simples estadísticas. Los perpetradores las intentaron animalizar y cosificar, antes de borrarlas de la faz de la tierra; los apologistas del terrorismo pretenden ahora que los damnificados caigan en el olvido.
Para evitar que ocurra, los historiadores debemos elaborar un relato veraz en el que las víctimas sean visibles. En palabras de una de ellas, Cristina Cuesta, “una relectura de la historia de la violencia terrorista desde el punto de vista de sus afectados nos lleva a una comprensión humana del problema”.
Por eso, aunque las cifras sean importantes, no debemos hablar solo de ellas, sino también de biografías con nombres y apellidos.
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Gaizka Fernández Soldevilla no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
The Conversation. Rigor académico, oficio periodístico
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