Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Quién no ha experimentado alguna vez estrés en su vida, ya sea asociado al trabajo, a los estudios o a problemas económicos o familiares. La respuesta de nuestro organismo al estrés es buena: adaptativa y totalmente necesaria para nuestra supervivencia como especie. Nos mantiene en estado de alerta para poder enfrentarnos a los desafíos cotidianos.
Pero ¿qué ocurre cuando ese estado de alerta se mantiene de forma prolongada en el tiempo? Es lo que denominamos estrés crónico y puede tener un efecto muy negativo en nuestra salud mental.
En este contexto, cabe preguntarse: ¿somos igual de vulnerables al estrés crónico en todas las etapas de nuestra vida? ¿Tiene las mismas consecuencias un trauma sufrido en la infancia que uno sufrido en la edad adulta o en la senescencia? La respuesta es no, y la clave está en la plasticidad de nuestro cerebro.
Los dos primeros años de vida, claves
Durante la primera infancia se configuran las redes neuronales que intervienen en el desarrollo de nuestras emociones. En este periodo, la plasticidad es muy elevada. En concreto, los dos primeros años de vida son fundamentales para que se produzca un desarrollo cerebral adecuado y la adquisición de habilidades socio-afectivas.
En esta fase, que llamamos “periodo crítico de plasticidad”, el ambiente es muy efectivo en producir cambios a largo plazo en nuestro cerebro y, consecuentemente, en nuestro comportamiento. El cierre de este periodo es crucial para la maduración y estabilización de los circuitos neurales; una vez acabado, la plasticidad queda muy limitada. Podríamos utilizar como símil un chicle: al empezar a masticarlo es muy moldeable, pero con el tiempo se vuelve más duro y difícil de modelar (plasticidad limitada, pero no inexistente).
Un ambiente enriquecedor en la infancia produce cambios plásticos en el cerebro que promueven la resiliencia; es decir, la capacidad para superar circunstancias traumáticas. Por el contrario, un trauma infantil, como sufrir maltrato, supone un factor de riesgo para el desarrollo de multitud de trastornos neuropsiquiátricos y comportamientos patológicos, como la esquizofrenia, trastornos ansioso-depresivos, violencia o adicción. De hecho, un 45 % de los trastornos que aparecen durante la infancia y un 30 % de los surgidos en edad adulta están directamente relacionados con el maltrato infantil.
Según la Organización Mundial de la Salud, la negligencia –definida como la falta de satisfacción de las necesidades físicas, médicas, educativas o emocionales de un niño o niña– es el tipo más común de maltrato. Estudios recientes han demostrado que según el tipo de negligencia sufrida y en función del género, los efectos en el cerebro y la conducta son distintos. De ahí la importancia de la inclusión de género en la investigación.
Un delicado equilibrio de conexiones
Las sinapsis (mecanismo que emplean las neuronas para comunicarse) varían con la edad. Estas sinapsis son muy rápidas y eficaces; si hay un fallo, la conexión no se establece bien y aparecen alteraciones neuronales.
En términos generales, podemos clasificar las sinapsis como excitadoras o inhibidoras. Las excitadoras se generan sobre todo en etapa perinatal y primera infancia, reduciéndose durante la adolescencia (la llamada poda sináptica), mientras que las inhibidoras tienen un curso temporal inverso. Por eso, un niño o niña de dos años no es consciente del riesgo que supone cruzar la carretera sin mirar si vienen coches.
Aquí entra en juego la corteza prefrontal, una región situada en la parte más anterior del cerebro y muy importante en la toma de decisiones. Con dos años de vida, esta zona todavía no ha madurado y, por tanto, no hay un balance equilibrado entre ambos tipos de sinapsis.
¿Podría el estrés afectar a este desequilibrio y desencadenar la aparición de alteraciones socio-afectivas? Muchos estudios demuestran que los desajustes en el balance excitación/inhibición son, efectivamente, relevantes para explicar la aparición de numerosas enfermedades psiquiátricas.
Ahora bien, conocer las consecuencias celulares y moleculares del estrés en el cerebro humano es complicado. Por ello, la utilización de modelos animales es vital en este campo de estudio.
La soledad, la mayor causa de estrés a edades más avanzadas
Si buscamos artículos científicos sobre los efectos del estrés en personas mayores de 60 años o en modelos animales de envejecimiento, veremos que hay poco publicado.
Aun así, se sabe que el aislamiento social afecta a uno de cada tres adultos mayores en Europa. Es el estresor más frecuente en esta etapa de la vida y el más relacionado con trastornos depresivos, especialmente en mujeres.
Las relaciones sociales son necesarias para sobrevivir, pero conforme envejecemos pasamos más tiempo a solas. Sin ir más lejos, tras la pandemia de covid-19, el número de casos de depresión aumentó en la población de avanzada edad. Y como sabemos, muchas de estas personas estuvieron solas en casa durante la pandemia.
Volviendo al símil del chicle, nuestro cerebro se va haciendo menos moldeable con el tiempo, aunque la plasticidad cerebral nunca deja de existir. Por eso, durante nuestra infancia y adolescencia somos más vulnerables al estrés, lo cual no quiere decir que no pueda afectar (y mucho) a nuestro cerebro durante edad adulta y avanzada. La aparición de enfermedades psiquiátricas o alteraciones socio-afectivas dependerá del momento de nuestra vida en el que suframos estrés y del tipo de estresor que lo desencadene.
Esther Castillo-Gómez recibe fondos de la Comisión Europea (MSCA-SE. 101086247), Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades «RTI2018-095698-B-I00», Generalitat Valenciana (AICO/2021/246) y Universitat Jaume I (UJI-A2020-20).
Aroa Mañas Ojeda no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir