Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Dick Cheney, fallecido a los 84 años, terminó sus días presentándose como un “antitrumpista” convencido. Pero su obra política —la expansión del poder ejecutivo, la erosión de controles parlamentarios y judiciales, la instrumentalización de los servicios de inteligencia y la arquitectura de la “guerra contra el terror”— dejó un andamiaje institucional y cultural que hizo más fácil la llegada de Donald Trump y de un presidencialismo agresivo sin contrapesos reales.
El vicepresidente que quiso “reparar” Watergate
Formado en la teoría del “poder ejecutivo unitario”, Cheney defendió que tras Nixon el Congreso “había encadenado” a la presidencia. Desde la Casa Blanca de George W. Bush, empujó decisiones que ampliaron la discrecionalidad del Ejecutivo en guerra y en paz, reinstalando la idea de que, ante amenazas difusas, el presidente debe actuar sin trabas. Ese marco se volvió hegemónico tras el 11-S.
Interrogatorios “mejorados” y sitios negros: la normalización de lo inadmisible
Bajo su paraguas político, la CIA abrió centros clandestinos en el extranjero; se reetiquetó la tortura como “interrogatorios mejorados” (incluido el waterboarding); y se instaló un limbo jurídico en Guantánamo para detenciones indefinidas sin cargos. Años después, no hay evidencia sólida de que esas prácticas evitaran atentados, pero sí pruebas de que contaminaron causas judiciales y desprestigiaron el compromiso de EEUU con el derecho internacional.
Inteligencia a la carta: de las ADM a la guerra de Irak
La comunidad de inteligencia dudó de la existencia de armas de destrucción masiva en Irak. Cheney empujó para alinear informes con la decisión política ya tomada: invadir. Visitó Langley, presionó a analistas y proclamó públicamente certezas (“no hay duda…”) antes de que existiera una evaluación consolidada. La guerra se justificó con un nexo ADM-terrorismo que nunca se probó y que desencadenó un conflicto devastador para la población iraquí.
La Patriot Act y el Estado de vigilancia
Seis semanas tras el 11-S, la Patriot Act amplió la capacidad de vigilancia e investigación sin orden judicial. El mensaje era claro: en nombre de la seguridad, casi todo vale. Ese músculo legal y burocrático no se retiró con los gobiernos demócratas; se adaptó. Programas de drones, espionaje masivo y listas opacas de seguimiento se integraron en la normalidad institucional.
Del “cheneyismo” al trumpismo: continuidad más que ruptura
Cuando Trump llegó, heredó un Estado con potentes herramientas para perseguir “enemigos internos”, militarizar respuestas y desdibujar fronteras entre protesta y terrorismo. El trumpismo no inventó esa lógica; la explotó. El Ejecutivo ya contaba con precedentes para actuar primero y pedir cuentas después. La expansión y radicalización de ICE, el uso político del lenguaje de “guerra” y la tolerancia social a prácticas excepcionales eran parte del legado.
La paradoja Cheney
Cheney y su hija Liz denunciaron el asalto trumpista a las reglas. Pero el terreno estaba abonado por décadas de excepcionalismo: si EEUU es “la mayor fuerza del bien”, la ley se vuelve maleable. Ese marco moral facilitó, en la práctica, justificar lo injustificable y aceptar un Ejecutivo con pretensión de impunidad. La crítica a Trump convivía con la defensa de Irak, Guantánamo y la tortura.
Lo que queda: heridas abiertas y lecciones pendientes
- Institucional: un Ejecutivo reforzado y una cultura de “emergencia permanente” que reduce el escrutinio.
- Jurídico: cicatrices en el derecho internacional y en el due process, con Guantánamo como símbolo que ningún presidente logró cerrar.
- Político: una relación viciada entre inteligencia y poder que premia la confirmación de sesgos sobre la verdad incómoda.
- Cultural: la normalización de la excepcionalidad, clave para que propuestas autoritarias parezcan soluciones “prácticas”.
Cronología esencial
- 2001: 11-S. Cheney impulsa la “guerra contra el terror” y la Patriot Act.
- 2002: presión sobre la CIA; discurso que da por ciertas las ADM en Irak.
- 2003: invasión de Irak; consolidación de sitios negros y técnicas de tortura.
- 2004–2008: Guantánamo se institucionaliza; se amplía el paradigma de vigilancia.
- 2009–2016: continuidad bajo administraciones demócratas (drones, inteligencia masiva).
- 2017–2021: Trump capitaliza el andamiaje: securitización interna y retórica de “guerra” doméstica.
- 2025: muere Cheney; su legado divide: antitrumpista en el discurso, precursor en la práctica.
Dick Cheney no inventó el autoritarismo estadounidense, pero sí contribuyó decisivamente a dotarlo de doctrina, leyes y hábitos de gobierno. El trumpismo prosperó sobre esas vigas maestras: un Ejecutivo hipertrofiado, una ciudadanía acostumbrada a la excepción y unas agencias de inteligencia moldeadas a la demanda política. El reto —aún no resuelto— es desmantelar ese andamiaje sin caer en nuevas excusas de emergencia que vuelvan a levantarlo.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Ayuso convierte la maternidad en trinchera ideológica con su “ley del concebido no nacido”
Isabel Díaz Ayuso ha anunciado que el próximo 2 de julio llevará a la Asamblea de Madrid un pleno extraordinario para debatir y aprobar la llamada “ley del concebido no nacido”. No es una anécdota parlamentaria. No es una medida técnica. Es una pieza más en la ofensiva reaccionaria que intenta reescribir los derechos sexuales y reproductivos con lenguaje administrativo, una carpeta institucional y una sonrisa de superioridad moral.
La propuesta reconoce al “concebido no nacido” como “miembro más de la unidad familiar”. Dicho así parece una fórmula burocrática. Pero no lo es. Es política pura. Y de la más peligrosa: la que pretende colarse por la puerta de las ayudas sociales para instalar una visión ultraconservadora de la maternidad, del cuerpo de las mujeres y de la familia. No están ampliando derechos: están moviendo el marco para que el embarazo pese jurídicamente antes que la vida material de las mujeres.
El pacto entre EE.UU. e Irán redibuja Oriente Medio y deja a Israel mirando el desastre
El acuerdo entre Estados Unidos e Irán, firmado el 18 de junio por Donald Trump y Masoud Pezeshkian, ya tiene su etiqueta grandilocuente: el “gran pacto”, el “acuerdo del siglo”, la jugada histórica que supuestamente cerraría una etapa de guerra y abriría otra de negociación. La liturgia también fue cuidadosamente escogida. Trump lo formalizó en Versalles, al margen de la cumbre del G7, como si el decorado imperial pudiera maquillar lo evidente: las potencias no reconstruyen el orden internacional, lo reparten.
Es el primer pacto firmado por un presidente estadounidense y un presidente iraní desde la Revolución Islámica de 1979. No es un detalle menor. Tiene 14 puntos, prolonga el alto el fuego durante 60 días, incluye a Líbano y abre la puerta a negociar un arreglo permanente, incluido el programa nuclear iraní. Dicho así parece diplomacia. Pero la diplomacia, cuando llega después de miles de muertos, suele ser el nombre elegante del fracaso moral.
Israel rompe con Kaja Kallas porque ya no soporta que Europa pronuncie la palabra apartheid
El ministro de Exteriores israelí, Gideon Saar, anunció el 18 de junio que rompe “todo contacto” con la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas. La razón, según él, es que Kallas habría comparado a Israel con la Sudáfrica del apartheid durante una visita a México el pasado mayo. No hablamos de una ruptura por una masacre, ni por la expansión colonial en Cisjordania, ni por el asedio a Gaza, ni por la normalización de un régimen de privilegio étnico, militar y territorial. Hablamos de una ruptura por una palabra.
Ahí está el asunto. Israel no rompe con quien bombardea, ocupa, desplaza, bloquea o coloniza. Rompe con quien señala.
Vídeo | Estrenamos este domingo la segunda parte del reportaje “Palestina y la historia que quieren borrar”
Spanish Revolution estrena este domingo a las 15:00 la segunda parte de “Palestina y la historia que quieren borrar”, el reportaje dirigido y presentado por Patricia Salvador dentro de #ReportajesSR, el proyecto audiovisual dirigido por Patricia Salvador y Lea Guggelman.
Bajo el título “La Nakba eterna”, esta nueva entrega continúa el recorrido iniciado en el primer capítulo, donde se abordaba la Nakba para desmontar la mentira de que la historia de Palestina comienza el 7 de octubre.
Vídeo | El turismo que saquea las ciudades mientras sonríe para la foto
El turismo urbano ya no puede seguir vendiéndose como una postal amable, una maleta con ruedas y una pareja haciéndose fotos frente a una fachada histórica. En demasiadas ciudades se ha convertido en otra cosa. En una forma educada de saqueo. Entra sonriendo, paga tres noches, deja propina si toca, sube una historia a Instagram y se marcha. Lo que queda detrás no sale en la foto: alquileres imposibles, vecinas expulsadas, comercios de barrio sustituidos por locales sin alma y calles que ya no pertenecen a quienes las habitan.
No es turismo. Es extracción.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir