19 Ago 2026

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VÍDEOS

Vídeo | La obscenidad climática de la hija del dueño de Wal Mart: dos barcos y un helicóptero para desayunar 

Mientras a la gente corriente se le exige culpa por cada bolsa, cada envase y cada error al reciclar, hay quien vive en otra dimensión: la hija del dueño de Wal Mart tiene dos barcos y un helicóptero para que el desayuno llegue desde una embarcación de servicio sin tener que mezclarse con quienes trabajan para ella. Sí. Ese es el nivel. A ti te cuentan que salves el planeta separando bien el plástico. A ella le organizan la mañana desde el mar con logística de lujo.

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INTERNACIONAL

De la locura populista al autoritarismo: De la Espriella quiere copiar a Milei y Bukele 

Abelardo de la Espriella no llega como una rareza política. Llega como síntoma. Su victoria en la segunda vuelta del 21 de junio, con un 49,66% frente al 48,70% de Iván Cepeda, no es solo un resultado estrecho, menor a un punto. Es la prueba de que la ultraderecha latinoamericana ha aprendido a vender el miedo con envoltorio de salvación nacional. Y funciona. A veces por cansancio, a veces por rabia, a veces porque las élites mediáticas llevan años preparando el terreno.

El 25 de junio, el Consejo Nacional Electoral le entregó la credencial como presidente electo. La escena fue casi perfecta para la épica reaccionaria: discurso religioso, patria herida, enemigos internos, promesa de auditoría, acusaciones de saqueo y esa vieja coreografía de quien habla como si acabara de liberar un país, no de ganar unas elecciones por la mínima. De la Espriella dijo que gobernaría para todas las colombianas y todos los colombianos, pero su campaña ha respirado otra cosa. Ha respirado castigo. Ha respirado revancha. Ha respirado una idea de democracia donde primero se señala al enemigo y luego se discute si conserva derechos.

No hay misterio ideológico. El propio personaje se vende como “el tigre colombiano”, en una copia de saldo del zoológico político que convirtió a Milei en “león” y a Bukele en gerente carcelario de la seguridad. El problema no es el apodo, aunque ya dice bastante. El problema es el paquete completo: antipolítica para llegar al poder, moralismo para blindarse, mano dura para aplastar disidencias y neoliberalismo para abrir la caja pública a los de siempre.