11 Jun 2026

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Vídeo | Belfast arde: la extrema derecha convierte un crimen en una cacería racista
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Vídeo | Belfast arde: la extrema derecha convierte un crimen en una cacería racista 

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Casas de familias migrantes atacadas, menores aterrorizados y Europa fingiendo sorpresa ante el odio que lleva años alimentando

Belfast arde. Y no, esta vez no es una metáfora útil ni una exageración de titular. Grupos ultras están atacando viviendas de familias migrantes, lanzando piedras, provocando incendios y sembrando terror en barrios enteros de Irlanda del Norte. Hay menores dentro de esas casas. Familias escondidas. Personas que no temen una discusión política ni un insulto en redes, sino ser quemadas vivas por una turba que ha decidido convertirlas en objetivo. Europa otra vez mirando de reojo. Como si el racismo organizado fuera una anomalía local, un exceso nocturno, un problema de orden público. No. Esto es violencia política. Es fascismo callejero.

Todo empezó tras un ataque con cuchillo cometido presuntamente por un solicitante de asilo. Y la extrema derecha hizo exactamente lo que hace siempre: transformar un crimen individual en una condena colectiva contra miles de personas inocentes. Da igual quiénes sean, qué hayan hecho o cuánto tiempo lleven viviendo allí. Les basta con el origen, el color de piel, el acento, la sospecha. Esa es la maquinaria. Primero se deshumaniza. Luego se señala. Después llegan las turbas. Y cuando una multitud sale a buscar casas de migrantes para apedrearlas o incendiarlas, ya no hablamos de protesta. Hablamos de persecución racial organizada. Hablamos de pogromos. La palabra incomoda, claro. Precisamente por eso hay que usarla.

El fascismo nunca aparece presentándose como fascismo. Llega hablando de seguridad, de fronteras, de proteger a “los nuestros”, de recuperar el país, de poner orden. Llega en tertulias, campañas electorales, bulos virales y discursos parlamentarios que convierten a migrantes y refugiados en amenaza permanente. Luego, cuando el odio baja de la pantalla a la calle y alguien prende fuego a una vivienda, muchos fingen sorpresa. Qué raro. Qué inexplicable. Cómo ha podido pasar. Ha pasado porque se lleva años fabricando permiso social para odiar. Esto no va de convivencia. Va de deshumanización. Va de una sociedad que empieza a aceptar que hay vidas perseguibles, expulsables o quemables. Va del fascismo que viene. Y de todos los que le están abriendo la puerta.

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