Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
La isla anuncia que no le queda “absolutamente nada” de diésel ni fueloil mientras Washington aprieta el cerco energético, ofrece 100 millones de dólares condicionados y multiplica los vuelos militares cerca de sus costas.
EL BLOQUEO ENERGÉTICO COMO CASTIGO COLECTIVO
Cuba ha llegado a un punto que no admite maquillaje diplomático. El ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, reconoció el miércoles 13 de mayo que el país ha agotado por completo sus reservas de diésel y fueloil, los combustibles que sostienen una red eléctrica ya castigada por años de precariedad, apagones y dependencia exterior. “No tenemos absolutamente nada”, dijo. No era una metáfora. Era el parte médico de un país al que le están cortando la respiración.
La imagen es brutal: una gasolinera en La Habana el 12 de mayo, la población esperando algo que ya no existe y un Estado obligado a admitir que se ha quedado sin margen. No queda fueloil. No queda diésel. No quedan reservas. Y cuando un país se queda sin combustible no se apagan solo las bombillas. Se paralizan hospitales, transportes, alimentos, turnos laborales, escuelas, ambulancias, neveras, cocinas y vidas enteras. Las cubanas y los cubanos no viven una abstracción geopolítica. Viven calor, oscuridad, colas y miedo.
Desde finales de enero, la Casa Blanca mantiene un cerco petrolero contra la isla mediante amenazas de sanciones y aranceles a quienes le suministren energía. Dicho de forma menos burocrática: Estados Unidos no solo no vende, también intenta impedir que otros vendan. El resultado es una asfixia diseñada. Cuba perdió a proveedores decisivos como Venezuela y México, mientras la red eléctrica se hundía en apagones cada vez más largos. En La Habana, según el propio ministro, ya superan las 20-22 horas al día. Eso no es presión política. Eso es castigo colectivo con enchufe diplomático.
A finales de marzo, un buque ruso descargó 100.000 toneladas de crudo. Apenas duró. El dato importa porque desmonta la mentira cómoda de quienes hablan de “ineficiencia” como si una economía pudiera funcionar cuando se le bloquean sus venas energéticas. Dos terceras partes de la demanda energética cubana dependían de importaciones, sobre todo de Venezuela y México. Y el 80% del mix se apoya en 16 unidades termoeléctricas y motores de fueloil y diésel repartidos por el país. Cuando se corta el combustible, no se castiga a un ministro. Se castiga a una enfermera que llega tarde al hospital, a un jubilado que pierde comida por falta de frío, a una familia que cocina como puede.
Cuba queda ahora pendiente de su escaso crudo nacional, del gas natural y de las renovables. Hay 1.300 megavatios de capacidad solar instalada con paneles impulsados por empresas chinas durante los últimos dos años, pero buena parte de esa energía se pierde por falta de baterías y por la fragilidad de una red que no aguanta más remiendos. Hasta la transición energética se convierte en rehén cuando el sistema financiero y comercial se usa como arma. No se trata de idealizar al Gobierno cubano ni de negar sus errores, sus rigideces o sus responsabilidades. Se trata de señalar lo obvio: ningún país puede ser empujado deliberadamente al colapso y luego ser acusado de sangrar.
WASHINGTON OFRECE AYUDA CON UNA MANO Y ASFIXIA CON LA OTRA
La obscenidad política se completó el miércoles 13 de mayo, cuando el Departamento de Estado ofreció 100 millones de dólares en ayuda a cambio de “reformas significativas” del sistema cubano. Primero se aprieta el cuello. Luego se ofrece aire condicionado. Ese viejo manual imperial tiene muchas portadas, pero siempre el mismo contenido: convertir la necesidad de un pueblo en una palanca para forzar obediencia política.
Trump, que estos días está en Pekín, escribió el martes 12 de mayo que Cuba pide ayuda y que Estados Unidos va a hablar. La frase parece diplomacia si se lee deprisa. Leída con un poco de memoria, suena a chantaje. Porque el mismo Gobierno que se presenta como posible salvador endureció las sanciones el 1 de mayo, ampliando castigos contra personas, entidades y bancos no estadounidenses que mantengan relaciones con sectores cubanos como energía, defensa, seguridad y finanzas. La Casa Blanca lo llamó presión contra el régimen. Cuba lo llamó castigo colectivo. Las consecuencias las pagan las trabajadoras y trabajadores de a pie.
El 7 de mayo, Washington sancionó también al conglomerado militar GAESA y a Moa Nickel, una empresa mixta cubano-canadiense. Reuters recogió que las medidas se insertan en una campaña más amplia de restricciones a envíos de petróleo, viajes, remesas e inversión extranjera. AP señaló que GAESA tiene un peso enorme en la economía cubana y que las nuevas sanciones convierten cualquier vínculo empresarial en un riesgo. El discurso oficial dice que no se ataca al pueblo. La realidad dice otra cosa: cuando se golpea la energía, el transporte, el turismo, las finanzas y la minería, se golpea el país entero.
No lo dicen solo voces amigas de La Habana. Expertas y expertos de Naciones Unidas alertaron el 7 de mayo de que el bloqueo de combustible impuesto por Estados Unidos pone en riesgo derechos humanos y equivale a una forma de “inanición energética”. Esa expresión debería bastar para parar cualquier debate cínico. Inanición energética. Hambre de electricidad. Hambre de movilidad. Hambre de vida cotidiana. El imperialismo moderno ya no necesita siempre desembarcar marines; a veces le basta con cerrar bancos, amenazar petroleros y esperar a que el sufrimiento haga su trabajo.
Y luego están los vuelos. Desde el 4 de febrero, la fuerza aérea y la armada estadounidenses han realizado al menos 25 vuelos de reconocimiento con aviones y drones cerca de Cuba, la mayoría en torno a La Habana y Santiago, según datos citados por CNN y recogidos por Bloomberg. Algunos se aproximaron a unas 40 millas, unos 64 kilómetros, de la costa. Antes de febrero, esa actividad visible era rara en la zona. El precedente inquieta: movimientos similares aumentaron alrededor de Venezuela antes de la operación del 3 de enero.
La jugada completa es transparente. Se asfixia energéticamente a la isla. Se sanciona a quien comercia con ella. Se ofrece una ayuda condicionada. Se multiplican vuelos militares. Se alimentan rumores de intervención. Y después se habla de libertad, democracia y derechos humanos desde despachos climatizados. No hay humanitarismo posible cuando la ayuda llega con una cuerda en la mano.
Cuba está al borde del abismo, sí, pero conviene decir quién está empujando desde atrás.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Más de medio millón de personas ya han visto nuestro vídeo sobre cómo los centros de datos de la IA nos están dejando sin agua
Más de medio millón de personas han visto ya nuestro vídeo sobre el verdadero coste de los centros de datos de la inteligencia artificial. Más de medio millón. Y no lo han visto porque el asunto sea una curiosidad tecnológica ni porque les interese saber cómo funciona un servidor. Lo han visto porque cada vez más gente entiende que esa cosa aparentemente abstracta llamada IA tiene una existencia muy física: edificios gigantescos, subestaciones eléctricas, tuberías, kilómetros de cableado y millones de litros de agua desapareciendo dentro de sistemas de refrigeración.
La respuesta al vídeo confirma algo que las grandes tecnológicas preferirían seguir escondiendo detrás de anuncios llenos de palabras como innovación, progreso y futuro. La preocupación es real. La gente sabe que no estamos hablando de una nube mágica flotando sobre nuestras cabezas, sino de una industria pesada que quiere apropiarse de recursos públicos para alimentar negocios privados. Y quiere hacerlo deprisa, antes de que las comunidades entiendan qué les están plantando al lado de casa.
Nuestro vídeo reúne las advertencias de Erin Brockovich, la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, un exboxeador estadounidense, Alexandria Ocasio-Cortez y Naciones Unidas. Personas con trayectorias, ideologías y responsabilidades muy distintas. Todas están mirando hacia el mismo lugar. Todas están viendo cómo la expansión descontrolada de los centros de datos amenaza el agua, dispara el consumo eléctrico y concentra todavía más poder en manos de un puñado de corporaciones.
Xbox despide a 3.200 personas: el riesgo era de los jefes, la factura es de la plantilla
Xbox acaba de confirmar la mayor reestructuración de su historia. El 6 de julio, Asha Sharma comunicó a la plantilla que la división reducirá aproximadamente 3.200 puestos durante el año fiscal 2027, con 1.600 despidos inmediatos y cuatro estudios saliendo de Xbox hacia nueva gestión. Microsoft, en paralelo, recorta unos 4.800 empleos en total, alrededor del 2% de su plantilla global. No es una anécdota. Es una purga empresarial envuelta en lenguaje de consultora.
La frase oficial es casi una confesión: “nuestro negocio hoy no es saludable”. La dirección reconoce márgenes entre 3 y 10 veces inferiores a los de negocios comparables, una base instalada menor, costes más altos y una apuesta por Game Pass, el modelo multiplataforma y una cartera más amplia de contenidos que “no creció al ritmo esperado”. Dicho sin barniz corporativo: los jefes imaginaron una máquina de crecimiento infinito, compraron estudios, multiplicaron equipos, alargaron inversiones y ahora explican que se equivocaron. Pero quienes salen por la puerta no son quienes vendieron la fantasía. Son trabajadoras y trabajadores que hicieron exactamente lo que les dijeron.
Sony quiere matar el disco: juegos digitales para ricos y propiedad de mentira
Sony ya ha puesto fecha al entierro del formato físico. En su propia web de PlayStation avisa de que, desde enero de 2028, los nuevos juegos lanzados para PlayStation se podrán comprar en PlayStation Store y en tiendas, pero solo en formato digital. Los discos de juegos publicados antes de esa fecha seguirán funcionando, sí. Ese matiz importa. Pero el camino está marcado: el futuro que Sony quiere vender no cabe en una estantería, cabe en una cuenta, en una contraseña, en un servidor y en unas condiciones de uso que casi nadie lee porque están escritas precisamente para que casi nadie las lea.
La compañía lo presenta como adaptación al consumo. Reuters informó el 1 de julio de que Sony dejará de producir discos físicos para los nuevos lanzamientos de PlayStation desde enero de 2028, en un giro que llega después de que cerca del 80% de sus ventas completas de juegos en el año fiscal 2025 fueran digitales. La cifra parece aplastante. Lo digital ya domina. Pero una cosa es que millones de personas compren digital porque es cómodo, porque hay rebajas puntuales o porque las empresas empujan el mercado hacia ahí; otra muy distinta es convertir esa tendencia en una jaula.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir