“Lleva una vida sana, pero se mete cocaína”: el influencer que convierte la irresponsabilidad en contenido
EL ESTALLIDO DE MARINA LOBO EN HECD
“Hay una nueva dieta mediterránea: dos cafés y un par de rayas.” Así arrancó Marina Lobo en Hasta el coño de (HECD), el programa de Spanish Revolution en YouTube, su demoledora respuesta al clip viral de Jordi Wild en el que el influencer confesaba consumir cocaína “de vez en cuando” mientras presumía de llevar una vida sana.
En el vídeo, Lobo desmonta con sarcasmo y rabia la doble moral del “wellness” masculino de internet, donde la disciplina y el autocontrol conviven con la glorificación del consumo de drogas como si fueran complementos nutricionales.
“Dice que lleva una vida sana, pero que si el cuerpo se lo pide, se mete una rayita. Como si fuera un yogur bífidus o un extra de proteínas. Es que es demencial.”
Marina Lobo subraya lo evidente: el discurso de Wild no es una anécdota, es la normalización del consumo entre adolescentes envuelta en estética saludable y lenguaje motivacional. La cómica y periodista recuerda en su intervención que el propio influencer se presenta como referente de autocuidado, autor de libros sobre bienestar y entrevistador de científicos y políticos, mientras en su podcast equipara una raya de cocaína con un desayuno energético.
“No te haces yonqui por ver un podcast, pero sí te ayuda a normalizar la idea de que la cocaína es un extra que puedes compartir con tus amigos de confianza.”
Lobo conecta este tipo de mensajes con una advertencia real: la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (ONU) alertó en 2022 de la relación entre la exposición a redes sociales y el aumento del consumo de drogas entre jóvenes, señalando que “las plataformas ensalzan comportamientos negativos al ofrecer una imagen atractiva de quienes los practican.”
En ese marco, la periodista denuncia la hipocresía del ecosistema mediático:
“Si un periodista dijera esto en televisión estaría despedido. Pero si lo dice un streamer, lo invitan a más podcasts y lo presentan como un rebelde censurado.”
MACHISMO, DROGAS Y EL NEGOCIO DE LA INFLUENCIA
El vídeo de HECD no se limita a criticar el consumo, sino que expone el modelo de masculinidad tóxica y autopromocional que Jordi Wild representa. Marina Lobo revisa los memes que el propio influencer ha subido a su cuenta de Instagram, plagados de frases sexualizadas y violentas hacia las mujeres:
“Ven, siéntate aquí que vas a notar algo más duro”, o “¿Quieres algo fuerte para olvidar a tu ex? Tira al baño.”
“Eso no es humor, es cultura de la violación en clave cómica”, denuncia Lobo, recordando las investigaciones de Laura Bates en Los hombres que odian a las mujeres, donde explica cómo la extrema derecha internacional utiliza el humor para introducir discursos misóginos y violentos.
El vídeo conecta ambos temas —las drogas y el machismo— bajo una misma lógica: la impunidad mediática de los hombres influyentes. Marina Lobo lo sintetiza con ironía brutal:
“Está mil veces más sana una persona que no tiene abdominales y come chocolate, que quien se mete cocaína y presume de vida sana.”
La denuncia apunta directamente a la raíz del problema: las redes sociales como fábrica de referentes irresponsables. El mensaje de Wild, amplificado por millones de seguidores, legitima la droga y el desprecio hacia las mujeres como parte del “estilo de vida alfa” que el capitalismo digital vende como éxito.
Lobo recuerda que no se trata de censura, sino de responsabilidad pública. Que la libertad de expresión no cubre el derecho a trivializar la adicción, y menos frente a audiencias de entre 13 y 16 años.
“Cada familia conoce un caso destrozado por la droga. No puedes decir estas barbaridades en un podcast que escuchan menores.”
El vídeo de HECD se ha convertido en uno de los momentos más potentes de la temporada: una crítica mordaz a la cultura de los “machos sanos” que predican la disciplina mientras blanquean la cocaína y cosifican a las mujeres. Y lo hace desde el humor y la indignación, en el único espacio donde todavía se dicen las cosas sin filtros.
Porque no hay nada más peligroso que un influencer que llama vida sana a la autodestrucción y lo convierte en espectáculo.
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Netanyahu ya no disimula. Gaza se está ocupando por porcentajes: primero el 52%, luego el 60%, ahora ordena avanzar hasta el 70% y, cuando el público le pide el 100%, responde con una broma: “vayamos en orden”.
Eso no es seguridad. Es desposesión administrada. Es convertir un alto el fuego en una coartada para encerrar a 2,1 millones de personas en cada vez menos territorio, mientras el mundo finge sorpresa ante una estrategia que lleva meses desplegándose delante de todos.
Cuando un Gobierno habla de ocupar Gaza por fases, ya no estamos ante una guerra: estamos ante un plan.
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Ayuso intentó vender colapso y el Supremo le ha contestado con lo único que desmonta la propaganda: pruebas. Y no las había. Ni de que la sanidad fuera a hundirse, ni de que la educación fuera a reventar, ni de que Madrid fuese a convertirse en una especie de apocalipsis administrativo por regularizar a personas migrantes.
El truco es viejo y miserable: primero deterioran lo público y luego culpan a quienes llegan buscando derechos, trabajo y una vida posible. No era gestión. Era racismo institucional con membrete oficial.
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La SER intenta vender como relevo natural lo que suena demasiado a operación de poder.
Aimar Bretos asumirá Hoy por hoy el 31 de agosto, tras la salida de Àngels Barceló después de 21 años en la cadena y 7 al frente del programa. El problema no es Bretos. El problema es ese viejo truco de llamar “pluralidad” a lo que muchas veces significa presión editorial, ajuste interno y disciplina empresarial.
Porque cuando una periodista sale así, cuando compañeras y compañeros lamentan públicamente las formas, cuando la plantilla tiene que defender su profesionalidad, la palabra independencia empieza a sonar menos a principio y más a decorado.
A lo que llaman relevo quizá haya que llamarlo por su nombre: una operación de despacho con música de sintonía.
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Defensa entregó a una empresa nacida en el ecosistema de la CIA una pieza sensible de la inteligencia militar española, sin publicidad, con una sola oferta y bajo una capa de secreto que huele demasiado a negocio blindado.
Mientras nos hablan de modernización, eficiencia y seguridad, el Estado español abre la puerta de su inteligencia militar a una de las empresas más vinculadas al negocio global de la vigilancia, la guerra y el poder algorítmico. Te lo contamos en #ReportajesSR. Presentado por Patricia Salvador.