Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
El Gobierno andaluz externalizó cribados de cáncer a una clínica privada por 5,4 millones de euros, alegando “falta de medios”, mientras Moreno Bonilla juraba en el Parlamento que “se derivaron cero”.
SANIDAD PÚBLICA EN DESCOMPOSICIÓN
El escándalo de los cribados de cáncer en Andalucía ha reventado la propaganda de Juanma Moreno como si fuera una mamografía expuesta al sol. Durante meses, el presidente andaluz negó lo evidente: que su Gobierno había externalizado más de 300.000 pruebas de detección precoz del cáncer de mama a una clínica privada. Lo hizo en plena crisis sanitaria, mientras 2.000 mujeres recibían tarde —muy tarde— la noticia de que sus diagnósticos eran sospechosos de malignidad.
La historia tiene cifras, nombres y contratos. En 2021, la Junta de Andalucía adjudicó al Centro de Diagnóstico Granada S.A. un contrato por 5,4 millones de euros para realizar mamografías “por falta de medios propios para cumplir los tiempos de respuesta”. La memoria justificativa lo dice con claridad: “Inexistencia de medios propios suficientes en los centros del SAS”. Es decir, la sanidad pública andaluza ya no podía cumplir con su obligación básica: atender a las mujeres a tiempo.
Sin embargo, Moreno Bonilla se plantó en el Parlamento el 9 de octubre de 2025 y gritó tres veces —como Pedro ante el gallo— que no había derivado ni una. “Cero. Cero. Cero.”, repitió con un tono que solo se sostiene cuando se miente sabiendo que hay cámaras delante.
Los datos del portal de licitaciones lo contradicen: 311.000 mamografías contratadas entre 2021 y 2026, ampliables por 1,7 millones más. A 17,61 euros por prueba. Todo con fondos públicos y bajo un eufemismo administrativo: “colaboración con entidades externas para reforzar la cobertura del programa de cribado”.
La privatización, en la práctica, no era una excepción rural ni una ayuda temporal. Se extendía por toda Andalucía: Sevilla capital, la Costa del Sol, el Campo de Gibraltar y Córdoba. Zonas con hospitales públicos. Zonas donde no faltaban mamógrafos, sino voluntad política de mantenerlos en uso.
MAMOGRAFÍAS, CONTRATOS Y MENTIRAS
El contrato no era de emergencia ni fruto de la pandemia. Fue una licitación ordinaria, con concurso entre dos empresas privadas, adjudicada finalmente al laboratorio granadino. Su precio inicial (4,5 millones) se incrementó en 2023 con una modificación presupuestaria al alza de 910.000 euros, el máximo permitido. La excusa fue doble: ampliar la franja de edad de las pacientes y cubrir nuevas áreas. Pero ninguna de esas promesas electorales se ha cumplido.
En 2024, la empresa adjudicataria reconocía en su web que había realizado 70.000 mamografías ese año: una media de 600 al día, 6 unidades móviles y 12 técnicos radiólogos. El 20% del total de los cribados en Andalucía los hacía una clínica privada mientras Moreno aseguraba que todo seguía “dentro del sistema público”.
Cuando el escándalo estalló, la consejera de Salud, Rocío Hernández, dimitió. Pero no fue ella quien contrató a la empresa. La firma lleva la rúbrica de Jesús Aguirre, actual presidente del Parlamento andaluz, entonces consejero de Salud. El mismo que lleva dos años bloqueando un debate sobre el deterioro de la sanidad andaluza.
Mientras tanto, el SAS sigue sin responder por qué se externalizó el servicio ni por qué se ocultó. Ni siquiera cuando elDiario.es reveló el contrato. Tampoco han aclarado cómo pudieron dejar durante meses sin aviso a 2.000 mujeres cuyos resultados fueron “dudosos”. El Gobierno habla de “errores de protocolo”. Pero los protocolos no mienten en el Parlamento. Los presidentes, sí.
El argumento de Moreno de que las derivaciones se deben a zonas rurales o a la necesidad de movilidad es falso. El contrato cubre toda la atención primaria pública de Andalucía, según su propia memoria. “Potencialmente, todos los centros”, dice el documento. Traducido: privatización total.
La fotografía política es clara. Una sanidad pública drenada de recursos humanos, una red privada enriquecida a golpe de licitaciones y un presidente que niega lo que su firma confirma.
El resultado son 300.000 pruebas médicas externalizadas, un gasto público de más de ocho millones de euros y una epidemia de desconfianza en la palabra institucional.
Mientras las y los sanitarios siguen desbordados, las empresas privadas hacen negocio del miedo y del cuerpo de las mujeres. Y mientras el PP andaluz se felicita por su “eficiencia”, la justicia investiga contratos a dedo, los sindicatos denuncian colapso, y miles de pacientes esperan una llamada que nunca llega.
Porque la salud no se privatiza sin consecuencias. Y porque cada mentira en el Parlamento es un diagnóstico equivocado en la vida real.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
El veto sindical a la Policía Nacional empieza a resquebrajarse
La anomalía democrática ya no cabe debajo de la alfombra. Dos tribunales superiores de justicia, el del País Valencià y el de Madrid, han admitido a trámite sendas demandas de agentes de la Policía Nacional contra una prohibición que huele a otro tiempo: la que les impide afiliarse a sindicatos de clase, interprofesionales, como CNT, CGT, UGT o CCOO. La pelea apunta directamente al artículo 28 de la Constitución, que reconoce la libertad sindical, y al artículo 14, que garantiza la igualdad y la no discriminación. Fechas y cifras importan: la norma que ahora se discute fue aprobada en 2015, bajo el Gobierno de Mariano Rajoy, y afecta a un cuerpo donde la escala básica suma más de 70.000 agentes.
Esta es la democracia estadounidense: 88 corporaciones no pagaron impuestos federales y regaron la política con 852 millones
La democracia estadounidense tiene una liturgia muy solemne. Banderas, discursos sobre la libertad, himnos, padres fundadores, ceremonias patrióticas y presentadores de televisión hablando de “oportunidad”. Luego llega la letra pequeña. Y la letra pequeña dice esto: 88 grandes corporaciones que no pagaron ni un dólar de impuesto federal sobre la renta empresarial en el año fiscal 2025 gastaron unos 852 millones de dólares en lobby y contribuciones electorales durante los últimos ciclos políticos.
No es una anomalía. Es el sistema funcionando.
Trump aprieta el cerco petrolero a Cuba y llama “libertad” al castigo colectivo
El 11 de junio, Marco Rubio anunció nuevas sanciones contra Unión Cuba-Petróleo, CUPET, la empresa estatal cubana de petróleo y gas. No fue un gesto administrativo. No fue una nota técnica del Departamento de Estado. Fue otro giro de tuerca contra una población que ya vive entre apagones, falta de combustible, problemas de transporte, hospitales tensionados y una economía castigada por 65 años de embargo estadounidense. Lo llaman presión. Lo llaman democracia. Lo llaman “apoyo al pueblo cubano”. Pero cuando una sanción corta energía, encarece comida, complica medicinas y deja a la gente sin movilidad, el nombre honesto es otro: castigo colectivo.
Rubio, hijo de inmigrantes cubanos y viejo militante del cambio de régimen, defendió la medida acusando al Gobierno cubano de usar la energía como herramienta de represión, enriquecimiento y control social. El guion es conocido. Primero se asfixia un país. Luego se acusa al país asfixiado de no respirar bien. Después se presentan las consecuencias del bloqueo como prueba de que hacía falta más bloqueo. La maquinaria imperial funciona así: provoca la herida, señala la sangre y vende la amputación como tratamiento.
Vídeo | Más de 30.000 personas ya han visto el #ReportajeSR sobre cómo Israel está cambiando las reglas del mundo
El nuevo trabajo de Reportajes SR, con Olga Rodríguez, analiza por qué lo que ocurre en Gaza no es solo una tragedia palestina, sino una advertencia global sobre la impunidad, el derecho internacional y la ley del más fuerte. Más de 30.000 personas han visto…
Vídeo | La batalla cultural ultra no empezó ayer: nuevo #ReportajeSR este domingo 14
El domingo 14, a las 15:00, estrenamos en nuestro canal de YouTube un nuevo #reportajesr: “Cómo la extrema derecha está ganando la batalla cultural”. La primera parte lleva un título que debería funcionar como advertencia: “Esto no empezó ayer”.
El reportaje, presentado por Patricia Salvador y dirigido por Lea Gugelmann, periodistas de Spanish Revolution, ya está disponible de forma anticipada para suscriptoras y suscriptores del canal.
Porque sí, la extrema derecha no empieza siempre gritando censura, deportaciones, recortes o mano dura. A veces empieza antes. Mucho antes. Empieza alterando el lenguaje. Empieza llamando “libertad” al privilegio de quienes más tienen. Empieza llamando “familia” a un modelo único y obediente. Empieza llamando “patria” a una frontera moral. Empieza llamando “sentido común” a una agenda profundamente reaccionaria.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir