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El Estado francés se suma a la ola internacional de reconocimientos, pero el genocidio ya ha dejado más de 65.000 personas asesinadas y un territorio reducido a escombros.
MACRON SE CUELGA LA MEDALLA SOBRE UNA MASACRE ABIERTA
Francia anunció el 22 de septiembre de 2025 en la ONU el reconocimiento oficial del Estado palestino. Emmanuel Macron lo presentó como una victoria diplomática tras meses de maniobras y de la creación de la Conferencia de Alto Nivel para la Solución Pacífica de la Cuestión de Palestina. El discurso presidencial quiso sonar solemne, pero la realidad es otra: el gesto llega cuando Gaza ya suma más de 65.000 muertos y alrededor de 165.000 heridos, según datos de la ONU y del Ministerio de Salud de Gaza.
La ofensiva israelí ha borrado barrios enteros, destruido hospitales y condenado a la población civil a una catástrofe humanitaria de dimensiones históricas. Mientras tanto, las potencias occidentales que hoy se apresuran a ondear la bandera palestina han mirado hacia otro lado durante casi dos años. La pregunta es inevitable: ¿de qué sirve el reconocimiento cuando la tierra ha sido arrasada y la infancia enterrada bajo ruinas?
Con este movimiento, cuatro de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (Rusia, China, Reino Unido y Francia) dicen apoyar la creación de un Estado palestino. El único que sigue en contra es Estados Unidos, que ya calificó la decisión de Macron de “irresponsable”. Washington no solo veta, también financia y arma al ejército que ejecuta la matanza.
LA ULTRADERECHA FRANCESA ABRAZA LA LÓGICA COLONIAL
El paso dado por Macron ha reabierto las fracturas internas en Francia. La derecha y la ultraderecha han expresado su rechazo frontal. El Reagrupamiento Nacional de Marine Le Pen, heredero de una tradición manchada por el colaboracionismo nazi y liderado en su origen por un condenado por antisemitismo, se presenta hoy como uno de los más firmes defensores de Israel. No lo hacen por afinidad con Netanyahu, sino porque su islamofobia y racismo coinciden con el relato colonial que sostiene la ocupación.
Mientras tanto, decenas de ayuntamientos socialistas han decidido izar la bandera palestina junto a la francesa y la europea. El secretario general del Partido Socialista, Olivier Faure, recordó que “la bandera palestina no es la de Hamás, es la de mujeres y hombres que reclaman libertad y autodeterminación”. Un gesto que intenta aclarar lo que la ultraderecha manipula: confundir la lucha de un pueblo con una milicia.
El Elíseo justifica el reconocimiento alegando que Israel ha cruzado todas las líneas rojas, con la intensificación de la colonización en Cisjordania y la destrucción sistemática de Gaza. Incluso admiten que “la anexión de Cisjordania sería el golpe definitivo a la solución de dos Estados”. Pero esa línea roja ya fue traspasada hace años, y París lo sabe.
La verdad incómoda es que Francia, como el resto de potencias occidentales, llega cuando ya no hay nada que salvar. Reconocer a Palestina ahora no es justicia, es cinismo.
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