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Un barco civil, en aguas internacionales, con ayuda humanitaria. Interceptado por un Ejército que ya lo ha hecho antes. Y que volverá a hacerlo si no se le para los pies.
EL ASALTO AL MADLEEN, MINUTO A MINUTO
Fue piratería. No lo decimos solo nosotras y nosotros. Lo dice el derecho marítimo internacional. Y lo saben hasta en Tel Aviv, aunque se esfuercen en convertir este crimen en un videoclip más de la propaganda israelí.
12 personas a bordo del Madleen, un barco civil que transportaba ayuda humanitaria hacia Gaza, fueron interceptadas en aguas internacionales, frente a las costas de la Franja, por la Armada israelí en la madrugada del 9 de junio. A bordo viajaban también la activista Greta Thunberg y el español Sergio Toribio.
Esto es lo que ocurrió:
01:00 h. El Madleen, tras salir de Chipre, avanza hacia Gaza. Navega en aguas internacionales, bajo bandera panameña. Según la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, ningún Estado puede intervenir un barco civil en esas aguas salvo en casos de tráfico de armas, esclavitud o piratería. El Madleen llevaba medicinas, alimentos y materiales médicos.
02:00 h. Navíos militares israelíes rodean el barco. Sin previo aviso, cortan comunicaciones e impiden la transmisión de imágenes.
Las autoridades israelíes no notifican ninguna orden judicial ni presentan base legal para la intercepción.
02:30 h. Comienza el asalto. Soldados armados abordan el Madleen. La Flotilla de la Libertad denuncia: «Están secuestrando el barco y a sus tripulantes».
Los activistas son retenidos contra su voluntad, en condiciones opacas. Algunos informan por última vez vía mensajes encriptados. Se pierde contacto.
Mañana del 9 de junio. El barco es remolcado al Puerto de Ashdod. Las y los activistas son trasladados bajo custodia militar a la cárcel de Ramleh, donde se les ofrece la opción de deportación inmediata. La carga humanitaria es confiscada.
Israel afirma que se ha impedido un «truco mediático».
La comunidad internacional, salvo contadas excepciones, calla.
PIRATERÍA DE ESTADO, REINCIDENTE Y CON IMPUNIDAD
Lo que Israel ha perpetrado es un acto de piratería en toda regla. El artículo 101 de la Convención de la ONU define como piratería todo acto de violencia o detención ilegal cometido en aguas internacionales por actores estatales o privados.
No hay excepciones para los «Estados en guerra», ni para aquellos que practican bloqueos ilegales.
El bloqueo a Gaza —calificado como ilegal por múltiples informes de la ONU, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y diversas ONG— no puede justificar el abordaje de un barco civil en alta mar.
Lo confirma también la jurisprudencia del Tribunal Internacional del Derecho del Mar.
No es la primera vez. El precedente más brutal es el del Mavi Marmara, en 2010.
Nueve activistas asesinados a sangre fría por comandos israelíes en un abordaje similar. El barco llevaba también ayuda humanitaria.
El caso llegó hasta la Corte Penal Internacional, pero la presión diplomática de EE.UU. e Israel consiguió cerrar el expediente en 2021, tras más de una década de litigios.
El patrón se repite: abordaje en aguas internacionales, uso de fuerza desproporcionada, secuestro de activistas, confiscación de ayuda, nula rendición de cuentas.
La Flotilla actual es ya la quinta que sufre este trato. Israel actúa con total impunidad, convencido de que ni la ONU, ni la UE, ni los gobiernos occidentales harán nada más que lamentarse en comunicados tibios.
El resultado: el asedio a Gaza se refuerza. Y se normaliza el uso de tácticas propias de piratas por parte de un Estado que comete genocidio.
Israel no solo viola el derecho humanitario en Gaza. También el derecho del mar en alta mar. Y lo hace ante los ojos del mundo. Porque sabe que puede.
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