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La implosión de ‘Se Acabó la Fiesta’ revela el caos interno y la falta de escrúpulos del agitador ultra
Se Acabó la Fiesta, el experimento electoral de Luis ‘Alvise’ Pérez, ha terminado en ruina en tiempo récord. Apenas diez meses después de irrumpir en el Parlamento Europeo con más de 800.000 votos (4,58%), las traiciones, las amenazas y los procesos judiciales ahogan a un partido construido sobre bulos y odio en redes sociales. La detonación ha sido provocada por el propio Alvise, que en una entrevista insinuó que Diego Solier y Nora Junco, sus compañeros de lista, habrían sido comprados por el lobby armamentístico.
Lejos de quedarse en ruido, la reacción de Solier y Junco ha sido inmediata: estudian acciones legales contra el agitador ultra, en un movimiento que puede abrir otro frente judicial a un personaje ya cercado por más de media docena de causas abiertas en el Tribunal Supremo, como confirmó elDiario.es.
La fractura era una muerte anunciada. En diciembre de 2024, ECR, el grupo ultraconservador presidido por los polacos de Ley y Justicia, aceptó a Solier y Junco como «miembros individuales», pero rechazó integrar a Alvise debido a «sus problemas judiciales». La ultraderecha europea, especialista en blanquear delincuentes, no quiso cargar con él.
Mientras tanto, Alvise ve desde fuera cómo sus antiguos aliados se alinean cada vez más con la disciplina de ECR, que combina su apoyo a Ucrania, su apuesta por la OTAN y su europeísmo selectivo. Desde su incorporación al grupo, Solier y Junco han votado distinto de Alvise entre el 33% y el 49% de las ocasiones.
El agitador ultra, abandonado y rabioso, apenas acude al Parlamento: se ha perdido el 42% de las jornadas de votación, según los datos oficiales del Parlamento Europeo. Comparte desidia con el eurodiputado de Vox Jorge Martín Frías, aunque en el caso de Alvise, la ausencia es política y no personal.
ACUSACIONES, DEMANDAS Y LA CAÍDA EN TIEMPO RÉCORD
El estallido final llegó con una resolución sobre el Libro de la Defensa Europea, que plantea reforzar la autonomía militar de la UE mediante planes de rearme nacionales, no comunitarios. Solier y Junco votaron a favor. Alvise, primero apoyó, luego reculó y acabó acusándoles públicamente de ser «comprados por un maletín dejado en una cena», en una entrevista en el canal Eclécticos Worldwide.
Sus afirmaciones encendieron una respuesta inmediata de Solier: «Rechazamos totalmente sus palabras y estamos estudiando acciones legales». El ambiente entre los excompañeros es ya irrespirable, como se demuestra también en su distanciamiento parlamentario: Solier y Junco apoyan propuestas como el Semestre Europeo para la coordinación de políticas económicas o la ayuda macrofinanciera a Egipto, mientras Alvise acumula ausencias y contradicciones.
El propio «defensor de la soberanía» muestra su ignorancia sobre el funcionamiento de la Unión: criticó el «plan de rearme» de Ursula von der Leyen sin entender que la defensa sigue siendo competencia nacional, como explicó Euractiv. El plan no impone rearmamento desde Bruselas, sino que facilita que los gobiernos puedan gastar más sin que compute en el déficit.
Tampoco fue capaz de construir alianzas sólidas: primero coqueteó con Alternativa por Alemania, heredera del neonazismo, luego quedó fuera del nuevo grupo ultra tras la espantada de Vox hacia la alianza de Fidesz y Le Pen.
Con una “agrupación electoral” basada en bulos, odio y promesas de pureza que saltan por los aires a la primera dificultad, Alvise no ha tardado en mostrar que su «nueva política» es, en realidad, la vieja basura de siempre: personalismo, amenazas y autodestrucción.
Que no venga nadie a hablar de sorpresas: donde hay charlatanismo y odio, solo puede crecer la ruina.
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