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Detrás de la aspirante de extrema derecha estaría el izquierdista Jean-Luc Mélenchon y su partido Francia Insumisa con un 17,5 %.
Melisa Higueras – Al Descubierto
A tan solo tres días de las elecciones presidenciales en Francia, las encuestas continúan mostrando que la candidata de extrema derecha, Marine Le Pen, no deja de aumentar en intención de voto. El actual presidente galo, Emmanuel Macron tendría un 27 % de los sufragios en la primera vuelta con su formación La República en Marcha, mientras que la líder de Agrupación Nacional un 23,5 %, según el último sondeo publicado por el Instituto Francés de Opinión Pública (IFOP). Sin embargo, la segunda vuelta se estimaría más ajustada.
Detrás de la aspirante de extrema derecha estaría el izquierdista Jean-Luc Mélenchon y su partido Francia Insumisa con un 17,5 %, quien también ha experimentado un inusitado crecimiento, aunque se queda lejos de la ansiada segunda plaza.
Y empatados con un 9 % se situarían la conservadora-liberal Valérie Pécresse con su partido Libres y el ultraderechista Éric Zemmour con Reconquista. Conocido por basar su campaña en potenciar su ideario xenófobo y racista, llegando a amenazar con embargar bienes a líderes africanos en Francia si no repatrian a inmigrantes del país, Zemmour se ha desinflado considerablemente, pasando de la segunda a la quinta en cuestión de semanas.

Los sondeos deparan una segunda vuelta entre Macron y Le Pen en las elecciones en Francia ya que la brecha entre ambos no ha dejado de reducirse.
Aunque el actual presidente sigue en cabeza y continuaría cinco años más en el mando, la segunda vuelta se presentaría todavía más ajustada que la primera. Como se muestra en los sondeos de IFOP, Macron se llevaría el 52,5%, mientras que Le Pen el 47,5%.
Y es que la intención de voto ha ido oscilando bruscamente. Las encuestas llegaron a darle a la candidata de extrema derecha hasta un 45 % de votos en la segunda vuelta y a Macron un 51%, lo que es a todas luces un empate técnico entre ambos, con una diferencia bastante reducida.

No obstante, tras la rezagada oficialización de la candidatura de Macron el 3 de marzo y su respectivo arranque de campaña con la celebración de su único y popular mitin político ha ido recuperando a su electorado.
Y es que Macron ha desarrollado una campaña a medio gas debido a los múltiples desafíos que se han presentado durante su mandato, sobre todo, con el inicio de la invasión de Ucrania por parte de Rusia. Sus esfuerzos diplomáticos para poner fin a la guerra hicieron que quedara atrás con respecto a su oposición. Este ha sido uno de los principales detonantes del imparable ascenso de Le Pen en los sondeos de opinión desde el arranque de las precampañas.
En la gráfica de la evolución de intención de voto publicada por IFOP se ve como las opiniones han ido variando en función de los acontecimientos. Desde que el presidente hizo oficial su candidatura y, con ello, comenzó su campaña, la intención de voto pasó de ser estable a no dejar de aumentar. No obstante, el crecimiento de Macron no ha sido tan acelerado como el de Le Pen, llegando incluso a reflejarse pronunciadas bajadas una vez asentada su campaña con la celebración de su famoso mitin.
Es decir, el inicio de su propaganda de cara a los comicios a partir del 9 de marzo y sus propuestas de centro-derecha obcecadas en el reposicionamiento de Francia en Europa, de repente, han derivado a que, quizás, Macron necesite una coalición con la izquierda para vender a Le Pen en la segunda vuelta. Lo cual ha sido criticado por ciertos sectores de la izquierda que arremeten contra el el líder, a quién han llegado a acuñar como “el presidente de los ricos”, especialmente con momentos de su mandato donde reflejaba una profunda derechización de sus políticas.
Tras la derrota de 2017, Le Pen comenzó a centrar su campaña hacia el populismo exacerbado. Los informes revelan que la principal preocupación del pueblo francés es el poder adquisitivo. Por tanto, los ejes retóricos y discursivos que se ha apropiado la líder de Agrupación Nacional se vertebran en torno este punto.
Así, Le Pen continúa siendo la política con mayor crecimiento de intención de voto de todos los aspirantes al Elíseo. En enero, los sondeos de IFOP mostraban que se haría con un 17 %, lo que implica que habría duplicado sus apoyos.
No obstante, Le Pen ha ido presentando ligeras bajadas y oscilaciones normalmente vinculadas con la Guerra de Ucrania: en enero, tras la publicación del informe de la Eurocámara que revelaba su colaboración con el gobierno de Putin y al inicio de su precampaña, a finales de abril y principios de marzo, con la retirada de 1,2 millones de folletos electorales en los que aparecía en una foto con Putin.
Al otro lado del tablero y con aspiraciones de pasar a la segunda vuelta, el izquierdista Mélenchon se ha hecho con toda la izquierda debido a la debilidad de los socialistas y ecologistas. El líder de Francia Insumisa, en tercera posición, superó a Zemmour y a Pécresse en intención de voto entre el 22 y el 28 de marzo.
En el caso de que lograra su soñada segunda vuelta, se estima que alcanzaría el 40% de los votos frente al 60 % de Macron, pero la realidad es que nunca la izquierda radical en Francia habría llegado tan lejos y podría suponer el banquillo político de la extrema derecha.
Con un 9% actualmente, se encuentran los dos candidatos más ricos de las elecciones: Valérie Pécresse, con un patrimonio de 9,7 millones de euros y Éric Zemmour con 4,2 millones. Pécresse se presentaba estable hasta el arranque electoral de la oposición. La neoliberal y conservadora ha presentado una linealidad a la baja, pasando de un 16% de intención de voto en enero a su actual 9%.
De igual forma, el ultraderechista Zemmour que llegó a tener más de un 20% de intención de voto incluso antes de anunciar su candidatura, se ha hundido en las polémicas por sentencias judiciales por diferentes delitos de odio y en un discurso exageradamente polarizador.
Cuando todavía las tropas rusas estaban desplegándose por el territorio ucranianano y no se había comenzado con la operativa de la invasión, Zemmour y Le Pen “se tocaron” en los sondeos.
Del 16 al 24 de febrero, los dos candidatos de extrema derecha presentaban alrededor del 16% de intención de voto. Sin embargo, con el estallido de la guerra y la continuidad del discurso extremadamente radical de Zemmour le han ido restando popularidad. De hecho, como Zemmour no ha relajado su retórica, se ha ubicado en el espectro político incluso más a la derecha que Le Pen.

El papel de Zemmour en la estrategia de Le Pen contra Macron
Macron siempre ha sido elegido por “falta de mejores alternativas”, más que ser un “presidente popular”, como afirma el periodista Pierre Briançon. Experto que, además, confirma que las reformas hechas por el presidente no han conseguido que Francia sea más competitiva, ya que el déficit por cuenta corriente se ha duplicado durante su mandato, alcanzando hasta el 1,4% del PIB durante este año, según el Fondo Monetario Internacional.
Todo ello, junto a algunas retóricas como el retraso de la edad de jubilación y el aumento del presupuesto en defensa, han ido erosionando la opinión pública restándole ligeramente los índices de popularidad. Discurso al que Le Pen no ha dudado en referir, atacando su incapacidad: ”Incapaz de defender su desastroso historial, Emmanuel Macron no tiene otra medida que ofrecer a los franceses que no sea la jubilación a los 65 años”.
Asimismo, mientras la ultraderechista ponía en marcha toda su maquinaria electoral, Macron se centraba en sus responsabilidades con Francia, con la Unión Europea y con el conflicto en el este. Este año no será como 2017 y no le llevará tanta ventaja a la líder de extrema derecha. De hecho, el presidente afirmaba delante de su equipo de campaña: “El gran peligro es que la gente piense que está todo decidido. Si piensan eso hemos perdido”.
Por tanto, el gran némesis de Macron sería el abstencionismo en las urnas. De hecho, se ha detectado que estaría cerca del 30%, lo que sería un marco histórico en pérdida de interés por votar. Para combatirlo, Macron ha intentado modular su discurso hacia la gente joven y ciertos sectores de la izquierda, puesto que Mélenchon tampoco deja de ascender en intención de voto. Esto se ha traducido en una nueva moderación de su discurso, pidiendo incluso la nacionalización del sector eléctrico.
Como la extrema derecha le pisa los talones, el presidente galo, en su campaña, no ha cesado en sus atauqes al tándem Le Pen-Zemmour alentando de los peligros de banalizar a la ultraderecha, como bien informó Europa Press. A lo que Zemmour, con su tono condescendiente, le reprochó que “no hay tándem, ni extrema derecha”, lo que hay es “un presidente que no hace nada, no dice nada, no piensa nada y que apuesta toda su reelección a una final con Marine Le Pen”.
Le Pen le ha llegado a atacar el argumentario de Macron metiéndola en el mismo paquete que el radical Zemmour como “comentarios irresponsables” y que “su falta de argumentos” le hace “huir del debate”.
Muchos expertos coinciden en que Zemmour ha impulsado a Le Pen. Aunque los dos ultraderechistas convergen en ciertas ideas clásicas de esta línea de pensamiento, presentan profundas divisiones ideológicas que han abierto huecos en el espectro político de los que se ha apropiado de líder de Reconquista.
Los votantes de Zemmour ya no solo se mueven por una Le Pen estancada en su programa, sino que la radicalización discursiva de su contrincante, su espíritu ambicioso y sus valores tradicionales arraigados al cristianismo han hecho que la opinión pública gala con ideología de extrema derecha vean al aspirante como el nexo capaz de “unir todas las derechas” en Francia.
Asimismo, Zemmour representaría “a todo un electorado que ha encontrado en la lucha contra la imigración una seña de identidad, igual que en España sucedió con Vox y el independentismo catalán”, explica el profesor especialista en extrema derecha francesa, Jean-Yves Camus, a Agencia EFE. Y es que mientras Le Pen ha ido moderando su discurso con respecto a la inmigración, Zemmour no ha dado tregua con su teoría de la conspiración de “El Gran Reemplazo”, con el islam y la comunidad musulmana en el punto de mira.
Por otro lado, Le Pen apuesta por el intervencionismo en la economía, mientras que Zemmour es partidario de un liberalismo con tinte proteccionista únicamente contra las potencias asiáticas como China. De igual forma, mientras que Zemmour está arraigado la religión y defiende a capa y espada su firme oposición a cuestiones como el matrimonio homosexual o incluso el aborto, Le Pen se ha mostrado más moderada y flexible con respecto a estas cuestiones de tinte social.
Todo ello, ha derivado a que las clases medias y altas de Francia con pensamiento de extrema derecha apuesten por Zemmour, mientras que Le Pen se ha llevado una buena parte de las clases obreras con un salario inferior proyectando sus líneas discursivas en la estabilidad y la mejora de la capacidad adquisitiva de los franceses.
Es decir, Le Pen, va a encarar estas elecciones con fuerza porque ha dejado de lado en su discurso las líneas clásicas más radicales de la extrema derecha optando por mantener una base popular, sobre todo, tras el malestar social derivado de la Guerra de Ucrania.
Una estrategia que no es nueva: Le Pen lleva años apostando por un discurso obrerista que sea capaz de disputar el voto de los barrios más humildes de Francia, una estrategia que han intentado copiar otros partidos de extrema derecha europeos como Vox y que recibe el nombre de «lepenización», precisamente por ser la líder de Agrupación Nacional un referente en este discurso. Discurso que, por otro lado, usó el nazismo de los años 20 y 30.
Aun así, la aspirante admitió que el punto en común entre Zemmour y ella es “el amor sagrado a la patria”, pero reivindicando la relevancia de la “armonía”, la “delicadeza· y la ·”cortesía”, como una sutil crítica a su contrincante de ultraderecha que reforzó afirmando en una entrevista para Le Fígaro que Zemmour “Representa un comunitarismo. No es la misma mentalidad que la mía. Mi objetivo no es defender el pueblo de Astérix, sino devolver nuestro país a los franceses. En Zemmour, (…) hay católicos, tradicionalistas, paganos y algunos nazis. Esto no le da una posición presidencial”.
A escasos tres días de las elecciones en Francia, prácticamente están todas las cartas echadas. Todo indica que los resultados se decidirán por un puñado de votos y que la extrema derecha tiene amplias posibilidades de alcanzar el Elíseo.
– Foto de portada: Macron y Le Pen. Autor: Copyleft / Foto-AG Gymnasium Melle. Fuente: Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0
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