Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Entrevistamos a Carlos Taibo, escritor, editor y profesor titular de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad Autónoma de Madrid, aprovechando su visita a Galicia para dar una serie de charlas.
Por Angelo Nero para Contrainformación
A comienzos del mes de junio, Carlos Taibo, una de las voces libres más críticas del estado, ofreció tres charlas en Galicia, presentando diferentes publicaciones de su interesante bibliografía. En Redondela nos mostró el corazón de sus “Historias Antieconómicas”, en Pontevedra el paisaje desolador de “El colapso que viene”, y por último, en Ourense, habló a propósito de “Colapso y decrecimiento”. En la primera de las conferencias, organizada por el Colectivo Republicano de Redondela, el profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, tuvo a bien conversar con nosotros al finalizar el acto, que tuvo una nutrida acogida.
En un momento en el que los medios de comunicación nos bombardean por el estancamiento de la economía, y hasta la izquierda parlamentaria insiste en esa huida hacia adelante que no cuestiona el sistema capitalista, el decrecimiento que propone Carlos Taibo parece provocador, a pesar de que esta propuesta sea la única que parece viable frente a una emergencia climática de la que ya no se habla, pero que sigue siendo una amenaza.
¿No tienes, a veces, la sensación de pregonar en el desierto, cuando el mensaje de los medios de comunicación y de la propia izquierda van por otro lado?
Si. Lo que pasa es que tengo esa sensación desde hace muchos años, de tal forma que no es ninguna novedad. Incluso así, admito que tengo un problema, y es que cuando voy a hablar por ahí delante de decrecimiento, es normalmente ante públicos afines, que piensan, genéricamente, como yo. Alguien se preguntará si, de vez en cuando, me encuentro públicos hostiles, o no afines: los encuentro. Y mi percepción es que la gente percibe, inmediatamente, el decrecimiento como una cuestión sensata, que dice algo que llevamos dentro de la cabeza, otra cosa diferente es que seamos capaces de transmitir eso a nuestra vida cotidiana, y no hablo solo de la gente que anda perdida por la calle, nosotros mismos, muchas veces, refectimos que formamos parte del sistema que queremos echar abajo, de tal manera que esa lógica del sistema influye poderosamente. Entonces, a la pregunta que me haces, respondería, con ironía, que como estoy dentro del sistema ya no me sorprende mucho, en la medida en que yo mismo soy contradictorio.
El decrecimiento, según tu formulación, tiene que venir acompañado por un proyecto autogestionario, antipatriarcal e internacionalista. ¿Puedes explicarnos las claves para que este modelo económico y social se desarrolle? Y ¿Crees que es la única alternativa a ese colapso que ya pronosticaste en un trabajo anterior?
Suelo afirmar que soy un libertario decreciente, no un decrecentista libertario, el centro de mis percepciones es la idea de la autogestión, de la acción directa, del apoyo mutuo, y así afirmo que cumple agregar una perspectiva decrecentista, antipatriarcal e internacionalista. Admito, claro, y no descubro nada, que la corriente dominante en nuestras sociedades no va por aquí, no solo en los estamentos directores, sino en la izquierda que está en las instituciones, que parece claramente marcada por la lógica del sistema que, en el mejor de los casos, aspira a gestionar civilizadamente el capitalismo, que parece que es un proyecto irreal.
El capitalismo no se puede gestionar de manera civilizada. Pero tengo la sospecha, lo dije hoy, de que hay dos elementos que pueden cambiar esto: el primero que nuestra conciencia de proximidad del colapso provoque cambios importantes en nuestra conducta; la segunda de que lleguen, desde los países del sur, respuestas eficientes que nosotros no somos quien de construir con relación a estos problemas.

Haces mucho hincapié en el reparto del trabajo, en la recuperación de la vida social y en el ocio creativo, que tiene que venir acompañado con la bajada del consumo y de la producción, ¿está la sociedad actual perdiendo la oportunidad de un cambio real como el que se planteó, aunque fuera tibiamente, en los primeros momentos de la pandemia, cuando muchos sectores se dieron cuenta de que el capitalismo mata?
Llevamos muchas décadas perdiendo tiempo. El otro día escuchaba a no sé quién, que afirmaba, con razón, que los datos fundamentales con relación a los cambios climáticos y con el agotamiento de las materias primas energéticas, están ahí desde hace 40 años. Es verdad que sabemos algo más, pero los datos fundamentales están ahí, y en estos 30 años ¿Qué hicimos?: Nada. El mejor ejemplo es el que mencionaste, como al inicio de la pandemia hay un conjunto de procesos físicos, de reducción de la polución, de merma en el consumo de combustibles fósiles, de freno experimentado por la turistificación, que debería tener ilustrado una protección distinta.
Mencioné en esta charla ese dato que, para mí, es extremadamente iluminador: en China, al inicio de la pandemia, salvaron la vida 77.000 personas como resultado de la reducción de la polución, una cifra que multiplicaba casi por vente el número de muertos, oficialmente reconocidos por las autoridades, como resultado del coronavirus. Parece que no aprendemos, ¿no?.
Alguna vez señalaste que los pueblos del sur, menos corroídos por la lógica mercantil del capitalismo, están más preparadas para enfrentar el colapso, y para caminar cara ese modelo decrecentista. ¿Te estás a referir, por ejemplo a proyectos alternativos como el zapatista o el de Rojava?
Estoy pensando en eses dos ejemplos, entendiendo que no son los únicos, en realidad eses proyectos creo que presentan un perfil especial porque en ellos se combinan elementos precapitalistas y elementos anticapitalistas. Más hay en otras partes determinadas del mundo que, en cierto sentido, escapan a la lógica de la globalización. Esto hay que decirlo con mucha prudencia, pero a menudo escucho que la globalización llegó a todas partes. Puede ser moderadamente cierto, pero no llegó conforme al mismo patrón a todos lados.
Por ejemplo, hay un libro magnífico de un norteamericano, Scott, sobre los pueblos montañeses del interior de Indochina, del sudeste asiático, que son comunidades humanas que quedan al margen de la lógica de los estados imperantes, y que conservan estructuras de base autogestionarias. En este caso, sospecho que, espontáneamente, sin que en medio esté un proyecto anticapitalista que efectivamente carreta un rechazo de la lógica mercantil del capitalismo, y esto obliga, como poco, a prestar atención a otras realidades, siquiera solo sea porque, repito algo que dije antes, nosotros aquí no somos quien de construir respuestas eficientes ante los problemas.
Con el proceso de descomposición de la izquierda estatal, asociada al debacle de Podemos, parece que el avance de la ultraderecha es imparable, excepto en las naciones sin estado, donde las fuerzas soberanistas siguen siendo hegemónicas, en la izquierda, pero ¿tienes alguna esperanza en que estas fuerzas entiendan y asuman ese decrecimiento que propone, en vista de la nostalgia de esas fuerzas por el difunto estado de bienestar?
No. Digamos que si el centro de estas fuerzas es la reconstrucción del estado del bienestar, lo que tenemos es más lógica del capitalismo, en el mejor de los casos, repito la cláusula, la gestión civilizada de este último. A mí me gustaría que alguna de estas fuerzas, por ejemplo en el ámbito del soberanismo gallego, repensase su relación con el mundo labriego, pero me parece que no forma parte de sus planes, porque me parece que el centro de la perspectiva de estas fuerzas, identifica el progreso con el desenvolvimiento de las fuerzas productivas en clave industrial y urbana, y esto es un problema objetivo.
De tal modo que, en términos generales, más allá de la cuestión nacional, yo intuyo que la izquierda que vive en las instituciones es completamente incapaz de salir de la miseria que inunda las instituciones, y del proyecto sorprendentemente cortoplacista que marca la lógica política habitual.

También eres muy crítico con el turismo, tanto por el consumo energético que supone como por la huella que deja en el medio ambiente, además de la debilidad económica que supone, como ya vimos durante la pandemia, apostar por el turismo como motor económico de un país, ¿no es momento de cambiar esta manera de viajar, sin importar nuestra huella ecológica, y de cambiar también una estructura económica, como la del estado español, basada en el turismo estacional?
Es evidente. Pero, quién se atreve hoy en el estado español a afirmar eso aun entendiendo las demandas de los hosteleros. Este es un país donde el turismo experimento un crecimiento visiblemente fuera de lugar, de tal modo que hay que enfrentar esa problemática directamente, esto es una evidencia. No sé si es certera esa expresión que recuerda que en el estado español hay más bares que en el conjunto del resto de la Unión Europea, y aunque no sea literalmente cierto, carreta que la economía española en estas últimas décadas se basó en el turismo y en la construcción, que son dos actividades cortoplacistas, especulativas, que marcan poderosamente el modelo económico que cumple contestar, desde mi punto de vista, de manera frontal.
Pero, de nuevo, tenemos un ejemplo adicional de como la reacción ante los hechos deturpadores de la pandemia es ratificar lo que había antes, sin más, se llame turismo, o se llame eses estados de bienestar de los que hablábamos antes, por cierto, esta es una figura estrictamente ligada con la lógica de la era del petróleo barato, y esa era terminó hace décadas.
De tal modo que pretender defender los estados de bienestar en estos términos es un error. Lo dije muchas veces, los estados de bienestar son formas de organización económica y social propias y exclusivas del capitalismo, que dificultan, hasta extremos inimaginables, el proyecto de prácticas de autogestión desde abajo, que beben de la filosofía mortecina de la socialdemocracia y del sindicalismo de pacto, que no tienen ninguna dimensión ecológica solvente, que no vinieron a liberar, como anunciaban, a tantas mujeres que hoy son víctimas de una doble o de una triple explotación, y que no muestran ninguna condición solidaria con los países preteridos, explotados, del sur del planeta.
Para extender proyectos como el que defiendes, al margen de la lógica capitalista, es necesario construir medios de comunicación alternativos y sin ataduras, ¿Cómo valoras la labor de los medios que intentan sobrevivir sin otro apoyo que sus propios suscriptores? ¿Piensas que realmente podemos incidir en la sociedad para combatir el pensamiento único del capital?
La valoro como heroica. Lo que pasa es que, claro, la capacidad de modificación de la realidad es muy limitada, entre otras cosas porque la capacidad de llegada de esos medios también es muy limitada. No sé si la pregunta no tendrá que ver, estructuralmente, con otra que me hacen muchas veces relativa a la educación. Hay gente que, llevada de un pensamiento muy respetable, dice: “esto solo lo vamos a modificar el día que modifiquemos la educación.” El problema es que empieza a faltarnos tiempo, y las semillas que podríamos dejar en el sistema educativo o en los medios de comunicación, tardarán en germinar, y sospecho que el tiempo comienza a faltarnos.
Pero no podemos prescindir de esta pata, como de otras, para intentar construir un discurso crítico que llegue a más gente.
Original en Contrainformación
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
‘MANGOS’, parte 8 | el peligro que se viene
Durante años nos vendieron Silicon Valley como un laboratorio de futuro. Jóvenes brillantes, garajes, innovación, camisetas negras, discursos sobre conectar a la humanidad y mejorar el mundo. La postal era limpia. La realidad, bastante más sucia. Detrás de cada promesa había concentración. Detrás de cada aplicación gratuita, extracción de datos. Detrás de cada “nube”, centros de datos, contratos, energía, agua, minerales, trabajadores y trabajadoras precarizadas, lobbies y dependencias públicas cada vez más profundas.
Ahora esa vieja maquinaria entra en una fase más peligrosa. Los MANGOS —Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX— no quieren dominar solo una red social, un buscador, un sistema de satélites, una nube o un modelo de inteligencia artificial. Quieren colocarse en todos los puntos por los que tendrá que pasar la economía digital de la próxima década. Chips, datos, cómputo, aplicaciones, satélites, sistemas operativos, distribución, defensa, publicidad, centros de datos y modelos generativos. El menú completo.
Y eso cambia la escala del problema.
‘MANGOS’, parte 7 | Google: la inteligencia artificial que no necesita pedir permiso porque ya vive en tu móvil
Google lleva años vendiéndose como una puerta al conocimiento. Una caja blanca. Un logo simpático. Una promesa infantil de acceso universal a la información. Durante mucho tiempo funcionó. Buscar algo en Internet era “googlearlo”, como si una empresa privada hubiera conseguido convertirse en verbo sin que eso pareciera un problema político. Y ahí empezó todo. Cuando una compañía logra confundirse con una acción cotidiana, ya no compite en un mercado. Organiza el mercado.
Ahora Google forma parte de los MANGOS, el nuevo club de gigantes tecnológicos que aspiran a dominar la inteligencia artificial: Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX. Es, junto a Meta, una de las supervivientes del viejo bloque de las GAFAM. No ha llegado a esta fase desde fuera. No es una recién llegada con hambre de disrupción. Es una de las corporaciones que ya moldeaban Internet antes de que ChatGPT encendiera la fiebre global el 30 de noviembre de 2022.
Su ventaja es brutal. Google no necesita convencer a medio mundo de entrar en su ecosistema porque medio mundo ya vive dentro. El buscador, Gmail, YouTube, Maps, Android, Chrome, Google Docs, la nube, la publicidad. Una arquitectura entera de dependencia cotidiana. La inteligencia artificial no aterriza ahí como un producto nuevo, sino como una capa añadida sobre una infraestructura existente. Gemini no tiene que llamar a la puerta. La puerta es suya.
‘MANGOS’, parte 6 | Nvidia: la fábrica de picos de la fiebre del oro de la inteligencia artificial
Toda fiebre del oro necesita una mentira y una verdad. La mentira es que cualquiera puede hacerse rico si corre lo bastante rápido. La verdad es que casi siempre ganan quienes venden las herramientas. En la inteligencia artificial, esa empresa se llama Nvidia.
Mientras OpenAI, Anthropic, Google, Meta y SpaceX compiten por modelos, asistentes, plataformas, satélites y relatos de futuro, Nvidia ocupa un lugar más frío y mucho más decisivo: el hardware. Los chips. La base material. Sin sus procesadores, no hay entrenamiento masivo de modelos, no hay centros de datos a escala, no hay carrera por la IA generativa, no hay promesa de automatizarlo todo. Hay discursos, sí. Hay presentaciones. Hay CEOs hablando de cambiar el mundo. Pero falta la máquina.
Por eso Nvidia forma parte de los MANGOS, el nuevo acrónimo que agrupa a Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX como las empresas llamadas a dominar la cadena de valor de la inteligencia artificial. Su papel es distinto al de las demás. No necesita llegar directamente a 3.500 millones de usuarios activos como Meta. No necesita tener la aplicación más conocida como OpenAI. No necesita controlar Android como Google ni lanzar satélites como SpaceX. Nvidia está antes. Más abajo. En el sótano real del sistema.
Y quien controla el sótano controla el edificio.
Vídeo | Más de 1.000.000 de personas han visto nuestra denuncia ‘Fábrica de obediencia’
Dicen que una bandera arcoíris “adoctrina” a la infancia. Pero meter a menores bajo una carpa para que lloren, griten, se arrodillen y aprendan obediencia lo llaman “avivamiento”.
Estrenamos nuevo reportaje de Spanish Revolution: “Tras la Nakba”, segunda parte de “Palestina y la historia que quieren borrar”.
La historia de Palestina no empezó el 7 de octubre de 2023. Y tampoco terminó en 1948 con la Nakba. Después vino 1967, la ocupación de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, los checkpoints, los asentamientos, el muro, el bloqueo y una maquinaria de control que…

Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir