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Si algo queda claro es que la lucha no es solo contra la mentira, sino contra quienes la usan para mantenernos divididos.
En el último episodio de HECD (Hasta el coño de), espacio dirigido por Marina Lobo y emitido en directo de lunes a jueves en YouTube y Twitch, Marina Lobo se adentró en las cloacas del supuesto sorteo promovido por Alvise, un personaje que ha convertido la manipulación en su modus operandi. La promesa de sortear su sueldo, presentada como un gesto magnánimo, no es más que un truco sucio para recopilar datos personales de miles de personas, expuestas a la manipulación de un individuo que no tiene escrúpulos. Lo más indignante es que este fraude se perpetra mientras el responsable se envuelve en la bandera de la transparencia y la lucha contra la corrupción. Una ironía de las que hacen hervir la sangre.
LA MANIPULACIÓN DE LA EXTREMA DERECHA: UNA ESTRATEGIA BIEN ORQUESTADA
La táctica de Alvise es tan antigua como la política misma: prometer el oro y el moro para conseguir lo que realmente importa, en este caso, los datos personales de sus seguidores y seguidoras. El sorteo en cuestión no solo es un insulto a la inteligencia de la ciudadanía, sino una violación flagrante de la privacidad. Se solicitan datos sensibles como nombre, apellidos, dirección, DNI, teléfono y redes sociales, con el pretexto de participar en un sorteo que, desde el principio, apesta a montaje.
Es revelador que este sorteo se organizara justo cuando la presión sobre Alvise aumentaba. Se le acusaba de intentar que otros donaran parte de su sueldo para no tener que cumplir su promesa. Una maniobra desesperada para desviar la atención y lavar su imagen ante su ejército de seguidores, dispuestos a creer cualquier cosa que les diga. Esto demuestra no solo una falta de ética, sino una falta total de respeto hacia quienes confían en él.
Pero lo que verdaderamente indigna es la descarada manera en que se manejan estos datos personales. En los términos y condiciones del sorteo, redactados con una vaguedad intencionada, se deja claro que la información puede ser publicada y compartida con terceros. Esto significa que los y las participantes no solo están regalando sus datos a Alvise, sino que están permitiendo que se usen para fines que jamás habrían imaginado. Es un acto de traición a la confianza de miles de personas, muchas de las cuales ni siquiera son conscientes del riesgo que están corriendo.
LA HIPOCRESÍA DE QUIENES DICEN DEFENDER LA LIBERTAD
La ironía es palpable. Quienes gritan a los cuatro vientos que el Estado los vigila, que el Gobierno les roba sus libertades, son los primeros en ceder sus datos a un personaje que ha demostrado repetidamente su falta de escrúpulos. La hipocresía es tan grotesca que solo puede explicarse por la manipulación constante a la que están sometidos. Se les alimenta con teorías de la conspiración, con el miedo a un enemigo invisible que supuestamente está detrás de cada esquina, mientras los verdaderos peligros están en las manos de quienes dicen protegerlos.
El ejemplo más claro de esto es el propio sorteo de Alvise. En lugar de preocuparse por las verdaderas intenciones de quien les pide sus datos, se lanzan en masa a participar, convencidos de que están siendo parte de algo grande. No se dan cuenta de que son piezas en un juego mucho más siniestro, donde su información personal es la moneda de cambio. Y lo peor es que, cuando todo esto salga a la luz, como ya lo está haciendo, muchos seguirán defendiendo al responsable, incapaces de aceptar que han sido manipulados.
Este es el resultado de años de intoxicación mediática, donde la extrema derecha ha utilizado todos los medios a su disposición para crear un ejército de seguidores y seguidoras dispuestos a creer cualquier cosa. Se han convertido en lo que tanto temen: marionetas en manos de quienes realmente detentan el poder. Y mientras tanto, el resto de la ciudadanía observa, atónita, cómo se perpetúan estas farsas sin que haya consecuencias.
En un país donde las y los políticos corruptos siguen ocupando cargos de poder, donde la justicia parece solo aplicarse a quienes no tienen influencia, este tipo de manipulaciones no debería sorprendernos. Pero que no sorprenda no significa que no deba indignar. Porque detrás de cada uno de estos actos hay un desprecio absoluto por la dignidad de las personas, por sus derechos y por la verdad.
En definitiva, lo que Marina Lobo ha expuesto en su programa no es solo un fraude. Es una advertencia. Una advertencia sobre lo que ocurre cuando la ciudadanía confía ciegamente en quienes, bajo la apariencia de defensores de la libertad, solo buscan su propio beneficio. Porque al final, la única libertad que Alvise defiende es la de seguir explotando la credulidad de las personas, sin importarles las consecuencias.
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