Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
En Ética a Nicómaco Aristóteles señalaba que las personas dimensionamos los límites de lo que se entiende por ética y aquilatamos los parámetros de lo que se considera virtud a través de la observación del comportamiento de los demás. Si son socialmente aceptados y reconocidos se convierten en virtudes. De esta forma, una persona aprendía, a través de las convenciones y estímulos sociales, aquello que era la “vida buena”.
Pero ¿qué pasaría si Aristóteles asomara hoy a nuestro mundo? ¿Dónde supondría que las personas aprenden lo que es la vida buena? La apropiación de las tecnologías digitales quizás esté inaugurando un nuevo espacio público que ofrezca una nueva fuente de orientación para acceder a esa vida buena, ahora disponible en versión online.
La digitalidad como brújula moral
A partir de esto quisiera plantear la siguiente hipótesis: en una sociedad mucho más compleja y global que la de la Grecia clásica, acordar principios éticos colectivos resulta cada vez más difícil. ¿Eso significa que nos hemos abandonado al caos y al sinsentido ético? No. Más bien ha emergido un nuevo dispositivo que funge como brújula orientadora para guiar nuestro comportamiento; esta vez de una forma más efectiva, discreta y casi imperceptible a través de plataformas digitales. Estos espacios no funcionan a partir de elementos coactivos, sino incorporando un conjunto de pequeños estímulos que van condicionando progresivamente nuestros criterios de valoración y nos enseñan a desenvolvernos en lo social, dentro y fuera del espectro digital.
¿Cómo ocurre esto? Veamos.
Nos hemos habituado al uso de tecnologías digitales para gestionar los asuntos más cotidianas de la vida, desde la compra de un producto, la selección de una película, la organización de un viaje, realizar un trámite administrativo o consultar el reporte de calificaciones de los niños. Incluso los impulsos afectivos encuentran nuevas formas de mediación en plataformas disponibles.
Usted se preguntará: ¿qué tiene que ver todo esto con la vida buena de Aristóteles y el establecimiento de una ética contemporánea? Pues que las prácticas digitales no permiten simplemente la realización de las tareas que se han descrito, sino que al hacerlo reconfiguran al propio sujeto que las realiza, sus deseos, sus aspiraciones y su conducta.
Es decir, las plataformas tienen una dimensión normativa que opera sobre la conducta de los usuarios.
Sin apenas darnos cuenta, estos dispositivos introducen diversos mecanismos de evaluación de dichas características deseables a través de herramientas de reconocimiento (me gustas, seguidores, interacciones…). Esto va empujando a los usuarios a incorporar elementos y asumir ciertas tendencias relacionadas al consumo, la moda y a la propia forma de comprender el mundo. Los criterios de felicidad y la estructuración del deseo también empiezan a ser producidos por un poder inmanente a la digitalidad.
El homo digitalis
¿Cómo explicar que redes sociales como Instagram estén repletas de usuarios que publican imágenes de lo que comen –previa decoración exhaustiva– en búsqueda de la aceptación de la comunidad? Aceptación que llega en forma de un me gusta que le recuerde que está comiendo lo correcto. ¿Cómo es posible que la experiencia de un viaje esté incompleta sin la publicación de las fotografías expuesta a través de redes? Fotografías que, además, deben plasmar los estándares de felicidad que son ya reconocidos en el entorno digital.
Por ello, el lenguaje de lo aceptable no dispone de iconos negativos o de rechazo, al menos no como constante. Su normatividad opera de forma positiva y constructiva. Se expresa en términos de lo aceptable donde aquello que no se adecúa a estos criterios se margina progresivamente y se excluye de lo valorable.
Es decir, no es necesario prohibir las cosas, tampoco nos obligan a comportarnos de tal manera; no existe coacción, solo pequeños principios de orden normativo que seleccionamos en una supuesta libertad. Por supuesto que el usuario puede decidir no asumir ciertas condiciones o estereotipos que le presenta el entorno digital; incluso puede negarse y actuar en contrario. La cuestión es que actuar de esa manera lo expone a la exclusión y a la marginalidad de los estándares de la comunidad. Se arriesga a ser irrelevante: la aparente libertad digital termina por imponer ciertos criterios disciplinarios que tienen efectos conductuales.
La necesidad de problematizar la ética de lo digital
En resumen, las prácticas digitales no proponen un modelo exclusivo de vida buena, pero permiten el ejercicio práctico y la objetivación de aquello que puede considerarse ético. En esta medida, las plataformas digitales permiten ponderar y cuantificar valores como éxito, felicidad, rentabilidad, competitividad o amistad. Son una herramienta para materializar la aspiración abstracta y, a la vez, una hoja de ruta para alcanzarla. En una sociedad caracterizada cada vez más por la inmediatez, la incertidumbre y las transformaciones constantes, las plataformas sirven para automatizar nuevos criterios de aceptabilidad de manera eficiente.
Quizás la forma en que estamos interiorizando los principios éticos básicos para relacionarnos socialmente ya no respondan a ideologías coherentes, sino a criterios que asimilamos a partir de las prácticas digitales de forma progresiva. Quizás la discreta configuración de los algoritmos nos esté condicionando de forma tal que reconozcamos aquello que es correcto o incorrecto, bueno o malo, deseable o marginal. Quizás la vida buena venga contenida en los marcos de actuación que sean mejor valorados al desenvolvernos en el entramado digital. Quizás debamos dialogar más con los Zuckerberg que con los Aristóteles sobre la necesidad de volver a problematizar la ética de lo común.
César Guillermo Ruvalcaba Gómez does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir