Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Cuando la música nombra a los muertos y el poder responde con silencio armado
Bruce Springsteen no ha publicado una canción. Ha levantado acta. Streets of Minneapolis, lanzada por sorpresa el 28 de enero, es una crónica política en forma de canción que pone nombre, fecha y responsables a una violencia que en Estados Unidos ya no se disfraza de excepción. El músico denuncia lo que define sin rodeos como terrorismo de Estado, tras la muerte de Alex Pretti y Renee Good, abatidos por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en Mineápolis, Minnesota, en el invierno de 2026.
Springsteen escribe desde la urgencia. Compone el tema el sábado 24 de enero y lo graba el martes 27, según explicó en sus redes sociales. No hay distancia estética ni metáfora amable. Hay una acusación directa al “ejército privado del Rey Trump”, en referencia al despliegue de agentes federales armados, dependientes del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), actuando en barrios civiles como fuerza de ocupación. No es una metáfora artística. Es una descripción literal de lo ocurrido.
La canción llega en un contexto de máxima tensión social. En Minnesota, las autoridades estatales declararon el estado de emergencia tras nuevas operaciones del ICE que acabaron con disparos mortales contra población civil. Dos personas muertas. Dos nombres propios. Dos cuerpos abandonados en calles nevadas. Springsteen no canta una abstracción. Canta una lista de víctimas.
MINEÁPOLIS, EL ICE Y LA NORMALIZACIÓN DE LA VIOLENCIA
Lo que Springsteen denuncia en su canción no es un exceso puntual, sino una estructura. El ICE, creado en 2003 tras el 11-S, ha pasado de ser una agencia migratoria a convertirse en una herramienta de control social y racial, con amplios márgenes de impunidad. En Streets of Minneapolis, el músico lo formula con claridad: dicen que hacen cumplir la ley, pero pisotean derechos básicos.
La letra señala una realidad documentada desde hace años por organizaciones de derechos civiles: la racialización de la persecución, la detención arbitraria, la deportación exprés y el uso de la fuerza letal en operaciones que no cumplen estándares mínimos de proporcionalidad. Springsteen lo resume en una línea brutal: si tu piel es negra o morena, puedes ser interrogade o deportade solo por existir.
El despliegue de agentes federales en Mineápolis no fue solicitado por la comunidad ni por las autoridades locales. Fue impuesto. Hombres armados, muchos de ellos enmascarados, actuando en calles residenciales. Una lógica militar aplicada a la vida civil, bajo el paraguas de la “seguridad”. La historia reciente de Estados Unidos conoce bien ese lenguaje. También conoce cómo acaba.
No es casual que Springsteen utilice imágenes de ocupación y compare estas tácticas con fuerzas represivas europeas del siglo XX. No es hipérbole. Es memoria histórica. Cuando el Estado convierte a parte de su población en enemigo interno, la violencia deja de ser un fallo y pasa a ser método.
LA MÚSICA COMO ACTA POLÍTICA FRENTE AL AUTORITARISMO
Bruce Springsteen no es ajeno a la política. Pero en esta ocasión ha ido más allá del posicionamiento simbólico. Ha escrito una canción que funciona como documento de acusación, con nombres propios, fechas concretas y responsables claros. No hay ambigüedad. No hay equidistancia.
Una semana antes del lanzamiento, durante el festival benéfico Light of Day Winterfest en Nueva Jersey, Springsteen ya había dedicado The Promised Land a Renee Good. Allí recordó que esa canción nació como una oda a las posibilidades de Estados Unidos, a un país imperfecto pero capaz de corregirse. Hoy, dijo, esos valores están siendo puestos a prueba como no lo habían estado en 250 años.
En ese mismo discurso, el músico interpeló directamente al público. Si creen en el imperio de la ley. Si creen que nadie está por encima de ella. Si creen que no se debe morir por ejercer el derecho a protestar. Y si rechazan que tropas federales armadas invadan ciudades estadounidenses usando tácticas propias de una policía política. La conclusión fue tan simple como incómoda: ICE, fuera de Mineápolis.
Springsteen no ofrece soluciones técnicas ni reformas administrativas. Hace algo más básico y más peligroso para el poder: rompe el relato. Se niega a aceptar que la violencia estatal sea normal. Se niega a llamar “seguridad” a lo que es miedo organizado. Se niega a olvidar los nombres.
En un país donde buena parte de la industria cultural ha optado por el silencio o la tibieza, esta canción funciona como una grieta. Cuando la música recuerda lo que el Estado quiere borrar, deja de ser entretenimiento y se convierte en memoria activa. Y la memoria, cuando señala al poder, siempre resulta subversiva.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
González Amador y el negocio privado junto al poder público que Ayuso no podrá justificar jamás
Entre 2021 y 2023, Alberto González Amador, pareja de Isabel Díaz Ayuso, ganó una media de casi 1,5 millones de euros al año. No está mal para un “ciudadano cualquiera”. Tampoco está mal que esos fueran, precisamente, los primeros años de su relación con la presidenta de la Comunidad de Madrid. Casualidades. Siempre casualidades. En Madrid parece que la suerte empresarial cae del cielo, pero solo en ciertos áticos, ciertos despachos y ciertas sociedades con nombres pulidos.
González Amador había creado su consultora en 2016. Al año siguiente empezó a hacer auditorías para Quirónprevención. Entonces sus facturaciones estaban por debajo de los 400.000 euros. Después vino el salto. Y no un salto pequeño. Un salto de esos que en cualquier democracia mínimamente higiénica obligaría a abrir ventanas, expedientes y preguntas públicas. Porque Quirón recibe cada año alrededor de 1.000 millones de euros por su cooperación hospitalaria en la Comunidad de Madrid. Ahí está la línea de puntos. No hace falta ser detective. Basta con no querer mirar hacia otro lado.
¿Ha cruzado Peinado la última línea?
El juez Juan Carlos Peinado ha vuelto a hacer lo que mejor define esta instrucción: estirar el caso hasta convertirlo en un espectáculo político con toga. El 20 de junio, el magistrado envió a juicio a Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y le impuso medidas cautelares: retirada del pasaporte, prohibición de salir del territorio nacional y comparecencia quincenal en el juzgado. Hasta ahí, el repertorio habitual de una causa que lleva demasiado tiempo oliendo más a obsesión que a justicia.
Pero esta vez Peinado fue más lejos. Mucho más lejos. En su auto llegó a sugerir que los agentes encargados de escoltar a Begoña Gómez podrían, “bien por iniciativa propia o siguiendo órdenes de sus superiores jerárquicos”, colaborar en una hipotética fuga. Es decir, el juez no solo dibuja a la investigada como alguien que podría escapar. Dibuja también a policías nacionales como posibles cómplices. Sin una prueba concreta encima de la mesa. Sin individualizar conductas. Sin indicios determinados. Una sombra lanzada sobre servidores públicos porque sí. Porque encaja en el relato.
Israel mata al cámara Ahmed Wishah y vuelve a llamar “terrorista” al periodista muerto
El cámara de Al Jazeera Ahmed Wishah fue asesinado el 20 de junio en un ataque aéreo israelí contra una vivienda del campo de refugiados de Bureij, en el centro de Gaza. No murió en una abstracción bélica. No cayó en “daños colaterales”. Fue alcanzado por un bombardeo en una casa de un campo de refugiados, uno de esos lugares donde la palabra refugio ya suena a burla cruel cuando la maquinaria militar israelí decide que no hay techo, calle, hospital, escuela, convoy, tienda de campaña ni cámara que merezca seguir en pie.
Según Al Jazeera, en el ataque murieron dos personas y al menos otra persona palestina resultó herida. La cadena fue directa: condenó el “asesinato deliberado” de Ahmed Wishah, trabajador de Al Jazeera Mubasher, y recordó que es el 12º trabajador de la red asesinado en Gaza desde que comenzó la guerra genocida de Israel en octubre de 2023. Doce trabajadores de un mismo medio muertos. Doce. Luego vendrán los portavoces con su jerga de expediente, sus frases prefabricadas y sus acusaciones sin pruebas. Pero el dato queda ahí, como una losa sobre la conciencia de un mundo que mira demasiado y actúa demasiado poco.
Vídeo | Estrenamos este domingo la segunda parte del reportaje “Palestina y la historia que quieren borrar”
Spanish Revolution estrena este domingo a las 15:00 la segunda parte de “Palestina y la historia que quieren borrar”, el reportaje dirigido y presentado por Patricia Salvador dentro de #ReportajesSR, el proyecto audiovisual dirigido por Patricia Salvador y Lea Guggelman.
Bajo el título “La Nakba eterna”, esta nueva entrega continúa el recorrido iniciado en el primer capítulo, donde se abordaba la Nakba para desmontar la mentira de que la historia de Palestina comienza el 7 de octubre.
Vídeo | El turismo que saquea las ciudades mientras sonríe para la foto
El turismo urbano ya no puede seguir vendiéndose como una postal amable, una maleta con ruedas y una pareja haciéndose fotos frente a una fachada histórica. En demasiadas ciudades se ha convertido en otra cosa. En una forma educada de saqueo. Entra sonriendo, paga tres noches, deja propina si toca, sube una historia a Instagram y se marcha. Lo que queda detrás no sale en la foto: alquileres imposibles, vecinas expulsadas, comercios de barrio sustituidos por locales sin alma y calles que ya no pertenecen a quienes las habitan.
No es turismo. Es extracción.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir