La extrema derecha no pinta nada en las protestas y Javier Sánchez Serna se lo expone de manera clarísima y como a ellos más les duele, con la hemeroteca y los datos encima de la mesa. La actitud de la ultraderecha y la derecha más ultra hacia el sector agrícola se revela como una flagrante hipocresía, socavando su propia pretensión de ser los campeones de los agricultores.
Al votar en contra de medidas destinadas a proteger a los agricultores locales frente a los efectos devastadores de los tratados de libre comercio, y al rechazar legislaciones que buscan mitigar la explotación laboral y los daños ambientales, evidencian una desconexión total con los verdaderos intereses y necesidades del campo. Esta contradicción no solo expone una falta de compromiso real con el bienestar de los agricultores, sino que también manifiesta una peligrosa disposición a sacrificar la sustentabilidad y la ética en el altar de la competitividad empresarial desregulada.
Tal postura pone de manifiesto que su agenda política está más alineada con intereses económicos particulares que con el apoyo genuino al sector agrícola, desenmascarando un oportunismo político que no debe pasar desapercibido ni ser tolerado por aquellos cuyos medios de vida dependen de la tierra.
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