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Netanyahu ha lanzado un ataque directo a la soberanía de la ONU y a las vidas de sus soldados y civiles protegidos.
Las fuerzas de la ONU se encuentran atrapadas en un fuego cruzado. Israel ya no oculta sus intenciones y apunta directamente contra las misiones internacionales que deberían garantizar la paz en el sur de Líbano. La política de exterminio, que ha devastado Gaza y Cisjordania, se expande ahora más allá de sus fronteras.
NETANYAHU ACUSA A LA ONU MIENTRAS BOMBARDEA SUS POSICIONES
¿Cuánto tiempo más va a permitirse que Israel ataque impunemente a la ONU? Los hechos son innegables. En las últimas semanas, las fuerzas israelíes han lanzado una ofensiva contra las posiciones de la Fuerza Interina de las Naciones Unidas para el Líbano (FINUL), resultando en cinco soldados heridos. Pero esto no es un error, es parte de una estrategia bien definida. Benjamín Netanyahu, en su búsqueda de consolidar su agenda expansionista, ha decidido que cualquier obstáculo en su camino será eliminado, incluida la ONU.
Lo que estamos viendo no es solo un ataque militar, es una campaña de desprestigio y hostigamiento que busca deslegitimar la presencia internacional en la región. Netanyahu ha tenido la desfachatez de acusar a la FINUL de ser un «escudo humano» para Hezbolá, una retórica que solo busca justificar sus crímenes. Esta narrativa no es nueva; es la misma excusa que ha utilizado para atacar hospitales, escuelas y cualquier lugar donde se refugien civiles. Pero la realidad es otra: Israel está cometiendo crímenes de guerra, y el mundo lo está permitiendo.
El gobierno israelí ha intensificado sus bombardeos sobre Líbano, una táctica que recuerda a las más oscuras épocas de su ocupación. En este contexto, la ONU se ha convertido en un blanco fácil. No se trata de un «accidente» o de «errores operativos», como intenta vender Netanyahu. Son ataques premeditados contra aquellos que intentan, sin éxito, poner un freno a la masacre.
La situación es crítica y las consecuencias, devastadoras. Cada vez más, el ejército israelí actúa con la impunidad que le otorgan sus aliados internacionales, principalmente Estados Unidos. Mientras que Europa titubea, Netanyahu ha lanzado un ataque directo a la soberanía de la ONU y a las vidas de sus soldados y civiles protegidos.
ATAQUES A LAS AGENCIAS HUMANITARIAS Y UNA POLÍTICA DE DESTRUCCIÓN TOTAL
Pero la misión de la FINUL no es la única víctima en esta escalada de violencia. Desde el inicio de la invasión de Gaza, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA) ha sido un blanco sistemático de los bombardeos israelíes. Hasta la fecha, más de 220 trabajadores humanitarios han perdido la vida. Nunca en la historia un ejército había atacado con tal brutalidad a una agencia de la ONU.
Israel no solo ha destruido las infraestructuras de la UNRWA, ha llegado a tachar a la organización de «terrorista», acusándola de colaborar con Hamás. El colmo del cinismo: quien bombardea escuelas y hospitales se atreve a acusar a quienes intentan salvar vidas. Esta retórica, por absurda que parezca, encuentra eco en ciertos sectores que prefieren mirar hacia otro lado ante las atrocidades.
La realidad es que la mayoría de las infraestructuras de la UNRWA en Gaza han sido arrasadas. Escuelas, hospitales, centros de distribución de alimentos: todo ha sido pulverizado por la maquinaria bélica israelí. ¿La excusa? Que Hamás utiliza a los civiles como escudos humanos. Pero los informes de las propias Naciones Unidas son claros: no hay evidencia que respalde estas afirmaciones, mientras que los crímenes de Israel están documentados por miles de vídeos y testimonios.
Mientras tanto, la comunidad internacional se limita a emitir condenas vacías. Estados Unidos sigue financiando el genocidio, y Europa no toma medidas contundentes, más allá de algunas tímidas críticas. El Alto Representante de la UE, Josep Borrell, ha declarado que los ataques a la ONU son «inaceptables», pero estas palabras no se traducen en acciones. El silencio de Washington es aún más ensordecedor: su único comentario ha sido una tibia llamada de atención del secretario de Defensa, pidiendo a Israel que «garantice la seguridad» de las tropas de la FINUL. Un gesto simbólico que no tiene ningún impacto real.
LA IMPUNIDAD DE ISRAEL Y EL APOYO INTERNACIONAL
Es imposible hablar de la agresión israelí sin mencionar el apoyo incondicional que recibe de Estados Unidos. Desde que comenzó la invasión en octubre de 2023, Washington ha destinado 17.900 millones de dólares para apoyar al ejército israelí, la mayor suma en la historia de las relaciones entre ambos países. El Pentágono incluso ha desplegado nuevos sistemas antimisiles para proteger a Israel de cualquier represalia. Mientras tanto, las vidas palestinas y las de las y los trabajadores de la ONU son moneda de cambio.
El desprecio de Israel por las vidas ajenas es evidente. Y lo que es más alarmante: no hay ninguna señal de que esta política de destrucción vaya a detenerse. Netanyahu ha dejado claro que su objetivo es la erradicación total de cualquier resistencia, sin importar cuántas vidas se pierdan en el proceso.
En este escenario de muerte y devastación, la pregunta es clara: ¿hasta cuándo vamos a seguir permitiendo que Israel destruya impunemente todo a su paso? Cada día que pasa sin sanciones, sin una respuesta contundente de la comunidad internacional, es un día más en el que el genocidio continúa.
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