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Propaganda electoral del partido de extrema derecha Otzma Yehudit y del ultraortodoxo Shas, en Jerusalén en marzo de 2022. Ambos forman parte del actual gobierno de coalición de Benjamin Netanyahu. Shutterstock / gali estrange
Las quintas elecciones legislativas en cinco años en Israel dieron como resultado el pasado noviembre lo que tanto desde Israel como desde el resto del mundo califican como “el gobierno más radical” y “más a la derecha de la historia”, con el veterano Benjamin Netanyahu y el partido derechista Likud coaligado con dos partidos abanderados del movimiento colono y del fundamentalismo sionista: Fuerza judía y el Partido Sionista religioso.
Pero, para comprender de qué hablamos aclaremos primero algunos conceptos: ¿Qué es el sionismo?, ¿qué es el fundamentalismo sionista y el movimiento colono?
No puede comprenderse qué pasó y qué pasa en Israel-Palestina sin conocer y comprender el sionismo como ideología y como movimiento político, discerniendo de judaísmo, que es una religión y una tradición cultural milenaria.
Sionismo e islamismo
El sionismo es al judaísmo lo que el islamismo al islam, es decir, una instrumentalización política de la tradición y de la religión. Como diría el historiador judío israelí exiliado en la Universidad de Exeter Ilan Pappé, el sionismo es una secularización y una nacionalización del judaísmo. En ese sentido, aseguraba que “la mayoría de los sionistas no creen en Dios, pero creen que les prometió la Tierra”.
En efecto, mientras se tergiversa, se banaliza y se abusa de otros conceptos como el de “antisemitismo” (a pesar de que el palestino sea un pueblo semita y de que, paradójicamente, el sionismo colaboró con el antisemitismo judeófobo en Europa durante la primera mitad del siglo XX), apenas se menciona el de “sionismo”.
El sionismo fue y sigue siendo una fuerza nacionalista, racista y colonial, la ideología político-religiosa más determinante y decisiva en la configuración actual del Oriente Próximo y en la violencia cotidiana sobre los territorios palestinos ocupados (Gaza, Jerusalén Este y Cisjordania).
Un ideología violenta hacia los árabes
A pesar del relevante papel de dicha ideología decisiva en la violencia hacia los árabes desde los inicios de la colonización de Palestina, resulta llamativa la casi total ausencia de dicho concepto en el tratamiento informativo sobre Palestina e Israel, e incluso en la mayoría de estudios académicos.
No es casualidad, en realidad, que el citado término sea escondido y motivo de tabú generalizado, pues en esencia conceptualiza las claves de la ocupación, la colonización, la expansión territorial y la violencia en Israel y en Palestina.
Originado en Europa en el siglo XIX en el contexto de efervescencia nacionalista europea, sus impulsores –todos europeos– manipularon y utilizaron el judaísmo y el eslogan bíblico de “la tierra prometida y el pueblo elegido” con una finalidad política: conseguir la propiedad completa de toda la tierra palestina, entre el río Jordán y el Mediterráneo como mínimo.
El primer ministro de Israel, Ben Gurión, proclama el Estado de Israel en un museo de Tel Aviv, bajo el retrato de Theodor Herzl, el 14 de mayo de 1948.
Wikimedia Commons / Rudi Weissenstein
Nacionalismo, racismo y colonialismo
Un movimiento que tendría en sus orígenes, y mantendría durante el siglo XX y las dos últimas décadas, tres características claramente identificables en el discurso y en la práctica sionista: el nacionalismo de carácter étnico, el racismo y el colonialismo de asentamiento.
En 1967, tras la Guerra de junio (o de los Seis Días), el Estado sionista ocupa el Sinaí (Egipto), el sur de Líbano, el Golán (Siria) y los territorios palestinos (Gaza, Cisjordania y Jerusalén). Con esa victoria se fragua un nuevo sionismo religioso, mesiánico y fundamentalista con el objetivo de redimir Palestina (en el ideario sionista “la Tierra de Israel” (Eretz Israel, en hebreo).
A partir de ese momento, los religiosos más integristas y los nacionalistas partidarios de la expansión territorial tenían Jerusalén y Cisjordania (“Judea y Samaria” en términos bíblicos, utilizados por colonos y sionistas en general) y se encontraban, según el ideario religioso sionista, en el momento óptimo para “redimir el país”, es decir, para recuperar el Israel bíblico, así como para “reestablecer” el Tercer Templo, otro de los principales objetivos del neosionismo.
Ello se conseguiría mediante la colonización de los nuevos territorios ocupados.
El profesor israelí Ehud Sprinzak, especialista en dicha cuestión, acuñó la expresión “fundamentalismo sionista”, ya que en su ideología y praxis política estos grupos nacionalistas y religiosos “combinan una creencia literal en la Biblia y una aceptación de los preceptos del sionismo secular moderno”.
El “deber” religioso de la conquista
Los grupos más destacados y representativos del integrismo hebreo y del nacionalismo de ultraderecha, como eran el hoy en día ilegalizado Kach, el Gush Emunim y el Movimiento de la Tierra de Israel, que retomaban con fuerza la idea de la “transferencia” (eufemismo de “expulsión”) de la población palestina, (tal como ha estudiado Nur Masalha en su obra Expulsion of the Palestinians: The Concept of “Transfer” in Zionist Political Thought, 1882–1948, tienen como meta lo que ellos consideran como un deber religioso (mitzvah): conquistar, poseer y colonizar “la tierra prometida”, tal y como hiciera Josué en las batallas bíblicas. Ahora más que nunca, la ideología religiosa y política de estos grupos se implanta mayoritariamente en el nuevo gobierno israelí.
El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, en la antigua ciudad de Jerusalén el 1 de enero de 2023.
Shutterstock / Salma Bashir Motiwala
Netanyahu es un viejo conocido para los palestinos, partidario de la violencia directa contra Gaza con ataques masivos y del expansionismo territorial mediante colonias ilegales sobre Jerusalén y Cisjordania, territorios sobre los que, según afirma, “el pueblo judío tiene un derecho exclusivo e inexpugnable”.
Otzma Yehudit (Fuerza judía) es un partido extremista antiárabe liderado por Itamar Ben Gvir, un colono condenado en el pasado por incitación al racismo y apoyo a la organización terrorista Kach. Su ideología fundamentalista sionista remite al rabino Meir Kahane (1932-1990), que fuera acérrimo partidario de la deportación masiva de los palestinos, como se ilustra en su libro They Must go (1981), escrito desde la cárcel de Ramala, donde llegó a estar preso durante seis meses acusado de intentar atentar contra palestinos.
Itamar Ben Gvir, líder del partido israelí de extrema derecha Otsmá Yehudit, en un acto en Samaria en 2019.
Shutterstock / Barak Shacked
Ya en la portada, Kahane plantea la idea de su libro para “la salvación de Israel”: “¿Cuánto tiempo puede Israel sobrevivir a su maligna y creciente población árabe?”.
El Partido Sionista Religioso (HaTzionut HaDati), también conocido como Tkuma (Renacimiento), es manifiestamente racista (en especial con respecto a la población palestina e inmigrante subsahariana) y supremacista judía. Su líder, Bezalel Smotrich, es otro colono que se ha declarado orgulloso de ser “homófobo” y contrario al matrimonio mixto pero, sobre todo, destaca por un racismo antiárabe y un supremacismo judío fundamentado en una lectura literal de la Torah o Antiguo Testamento en hebreo.
En suma, aunque a la población palestina bajo ocupación militar y apartheid ya casi nada pueda sorprenderle, la toma del control de las instituciones de gobierno por parte de los sectores sionistas más extremistas podría tener peores repercusiones tanto en el Estado israelí como en los territorios palestinos ocupados.
Se presenta un nuevo año en Oriente Próximo pendiente de posibles reajustes en las relaciones internacionales con respecto al Mashreq, pero no parece que ello, al menos por ahora, vaya a afectar al control del fundamentalismo sionista. Pero, sobre todo, se prevé un año muy convulso y peligroso para la personas palestinas, tanto en Israel como en Gaza, Jerusalén Este y Cisjordania.
Antonio Basallote Marín does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.
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