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Barceló ironiza con puntería sobre la última metedura de pata de la presidenta madrileña. No es una anécdota: es un síntoma de cómo se construye una hegemonía reaccionaria desde la frivolidad arrogante.
UN SEUDÓNIMO QUE DICE MÁS DE AYUSO QUE DE SÁNCHEZ
“Seudónimo de autócrata”, dijo Isabel Díaz Ayuso refiriéndose a Pedro Sánchez. Pero quien terminó retratada fue ella. No por su enemistad con el presidente del Gobierno, que ya es un clásico de sobremesa, sino por su incapacidad para entender lo que dice cuando habla. En el acto de celebración de los dos años desde las elecciones que la mantuvieron en el poder, Ayuso arremetió como de costumbre contra todo lo que suene a democracia que no le obedezca. Pero esta vez lo hizo soltando una frase sin sentido, con ínfulas de denuncia internacional: “Tanto que miran a Hungría, tanto que miran a Turquía… ¿Y qué está pasando en España?”.
Lo que está pasando en España, señora presidenta, es que el populismo de derechas se ha despojado del pudor. Que una clase política, formada en tertulias y redes sociales más que en bibliotecas y asambleas, cree que puede gobernar a golpe de eslogan mal conjugado. Y que la frivolidad se premia más que el conocimiento. Por eso no sorprende que Ayuso confunda “seudónimo” con “sucedáneo”, ni que lo diga con el pecho inflado, convencida de estar abriendo los ojos a Europa. Pero lo que realmente exhibe es una política que ha hecho del desprecio por el saber su principal bandera.
En Hoy por Hoy, Àngels Barceló lo resumió con precisión quirúrgica: “Igual no aprobaría la PAU”. No es un insulto: es una hipótesis razonable. Porque si a las alumnas y alumnos de este país se les va a penalizar hasta con dos puntos por errores ortográficos y gramaticales —como ocurrirá en la nueva prueba de acceso a la universidad—, ¿cómo no íbamos a suspender a una presidenta que ni siquiera domina el vocabulario que utiliza para atacar al adversario político?
UN MODELO POLÍTICO QUE CELEBRA LA INCULTURA
No es la primera vez que Ayuso tropieza con su propio discurso. La diferencia es que ella no rectifica, no duda, no se ruboriza. Y ahí está el peligro: en haber convertido el error en estilo, la ignorancia en identidad política. La presidenta de Madrid ha edificado su liderazgo sobre un cinismo agresivo que desprecia lo técnico, ridiculiza lo académico y demoniza cualquier forma de matiz. En su universo, tener razón es sinónimo de hablar más alto. No importa lo que se dice. Solo importa a quién se ataca.
Este culto a la incultura no es torpeza. Es estrategia. Ayuso sabe que, en una sociedad saturada de ruido, el titular escandaloso vale más que el argumento bien hilado. Y que hay una parte del electorado que no solo no le exige precisión, sino que se siente reivindicada cuando ella lanza sus improperios con lenguaje de bar. Pero eso no convierte sus disparates en verdad. Solo los convierte en propaganda.
Mientras tanto, miles de jóvenes se juegan su futuro esta semana enfrentándose a una de las PAU más exigentes en décadas, con menos optatividad, una pregunta competencial obligatoria y penalizaciones severas por errores gramaticales. ¿Qué pensarán esos estudiantes cuando vean que quienes gobiernan no serían capaces de pasar el mismo examen que se les exige a ellos? ¿Qué legitimidad puede tener un poder político que desprecia lo que exige a su ciudadanía?
La respuesta la dio la propia Ayuso sin saberlo. Llamó “seudónimo de autócrata” a quien la crítica le molesta. A quien gobierna dentro de la legalidad, con un Parlamento elegido democráticamente y bajo la Constitución que ella jura defender mientras la pisotea. Proyecta lo que es sobre lo que teme. Porque si hay alguien que actúa como sucedáneo —no de autócrata, sino de estadista— es quien no distingue entre gobernar y opinar con superioridad moral desde una cuenta de Twitter.
La derecha madrileña no es una excepción. Es el laboratorio. El populismo de salón que ensaya cómo dinamitar las instituciones desde dentro, a base de burla, desprecio al conocimiento y mentiras dichas con sonrisa. Por eso lo de “seudónimo” no es un lapsus sin importancia. Es un espejo. Y mientras los estudiantes se preparan para la selectividad, nosotras y nosotros deberíamos prepararnos para otra prueba más dura: no resignarnos a que el poder siga premiando la estupidez con aplausos.
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Ya lo dijo una vez,alguien que tristemente recordamos:»muera la inteligencia!!»….país…..
Sabe que sus voceros lo sacaran en 1ª plana,en prim time,sacara rédito.
Y el dia 8,veremos que vomitan,lo alíados,que son pura democracia,libertad de expresión…fascista.
A lxs borregxs de Madrid les encanta IDA, les votaron masivamente,viva la libertad.
Pues ahora que se la coman con patatas, porque mañana la votarán otra vez ,a pesar de lxs 7291 muertxs agonizando en residencias, a pesar de recortes brutales en lo social, ya que no cobra impuestos a lxs ricxs, y debe tener una barbaridad a los bancos, etc … Le seguirán votando, porque el borrego de derecha o de izquierda cree que con una papeleta ya ha ejercido su deber.
Porque el pueblo español es un pueblo de asistidxs idiotas en su mayoría,le seguiran votando.
No votes , o no te das cuenta que no cambia nada a tu miseria??
Que arda la calle y tiemble la oligarquía, el resto palabras que lleva el viento.
Salud y anarkia