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La realidad latente del Líbano va más allá del estallido en el puerto de Beirut, la situación de los refugiados es dramática.
El medio de comunicación Contrainformación ha entrevistado a Pablo Sánchez cofundador y director de The Health Impact, una organización que mediante programas educacionales trata de paliar la situación grave de los refugiados en el Líbano.
Lo que entraña y expone la situación de estas personas, desde hace años ha sido silenciado por los medios de comunicación occidentales, pero ahora la situación roza el más absoluto caos.
A modo de contextualización Sánchez ha explicado que «el hartazgo de la población libanesa ya era notorio desde el comienzo de las protestas en octubre del 2019. Las barricadas cortaban la mayoría de las carreteras del país y la gente salió, masivamente, a protestar contra un gobierno ahogado por la corrupción que, además respondió con pólvora en muchas de las movilizaciones».

Una vez irrumpió el coronavirus en la sociedad libanesa estos asuntos quedaron «relegadas a un segundo plano, dónde las muertes y los contagios, alternados con los confinamientos, acabaron por ser la mayor preocupación; especialmente para los cientos de miles de refugiados que residen en el país».
Sin embargo, tras la primera ola de la pandemia «las protestas se reavivaron», ha aclarado Sánchez. Esto es consecuencia de «el pueblo libanés está harto y cansado de los abusos del poder», por eso «volvió a tomar las calles», matiza.
Con esta situación como esbozo de la realidad del Líbano, Sánchez añade que «hubo sectores que descargaron su rabia y xenofobia contra los refugiados, culpando de una recesión económica que se remonta a mucho antes del comienzo de las protestas al más de millón y medio de personas que tuvieron que huir de sus casas».
Esto es una reacción xenofóbica que se ha podido observar a todo lo largo y ancho del planeta, como ya ocurrió en Grecia, por ejemplo.
De este modo, «situación es trágica. Líbano necesita ayuda; ya no solo por el millón y medio de personas que (mal)viven por haber escapado de una guerra que el imperialismo estadounidense ha provocado, sino porque son demasiados los frentes abiertos y muy pocas esperanzas puestas en sus soluciones».
«El 25% de la población del Líbano es refugiada»
Respondiendo a otra pregunta Sánchez aclaró que, en la actualidad, «el 25% de la población que reside en Líbano es refugiada». El motivo resulta, de forma notoria, motivado por el exilio al que se ven obligados miles de personas palestinas ante el asedio israelí.
Y es que «Israel lleva desde los años cincuenta masacrando y condenando a varias generaciones al exilio. Líbano ha soportado las consecuencias del genocidio israelí desde mitad del siglo pasado y los campos de refugiados han ido creciendo y asentándose», ha argumentado Sánchez.
También es notorio el «millón y medio de personas de procedencia siria. «Eso es como si toda la población de Castilla la Mancha, Castilla y León y la Comunidad de Madrid fuera refugiada en España», ejemplificó.
Hay que entender, en este y otros muchos contextos que «las personas huyeron para evitar morir, tal y como haría cualquier persona al huir de la guerra».
Pero ahora esto ahora está sirviendo para el auge de «la xenofobia y el racismo», que «son considerados una opinión más, libre y merecedora de respeto», por ello «parece que hay que volver atrás y enseñar la importancia del respeto hacia los DDHH«.
Los refugiados en el Líbano ante el coronavirus
La pandemia, como debiera ser sabido, ha afectado a nivel mundial, a pesar de que a través de los medios parece que haya realidades inexistentes.
En el Líbano, la mayoría de los asentamientos de refugiados en Líbano, muchos de ellos «se encuentran en el Valle de la Becá», «donde la calidad de vida de cada asentamiento depende de la acción humanitaria, autogestión y empleo de quiénes viven ahí», las condiciones son completamente inhumanas», ha expresado tajante Pablo Sánchez.
En esta situación «poco se puede hacer. Cuando tres de cada cuatro personas se saltan alguna comida por falta de dinero, los refugiados si no mueren por culpa del COVID-19, lo harán de hambre. Principalmente dependen, para la lucha contra el COVID-19, de la ayuda recibida por las organizaciones humanitarias», ha mostrado de forma pesadumbrosa Sánchez.
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