Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
El ser humano es político por naturaleza y necesita líderes políticos. El perfil de un político debería ser el de una persona que se siente comprometida con su comunidad y que está dispuesta a ponerse al servicio de esta para mejorar su calidad de vida. Sin embargo, muchas personas que sufren distintos trastornos mentales, la mayoría trastornos de personalidad, han encontrado en la política el contexto ideal donde desarrollarse.
Cuando sus respectivas psicopatologías representarían una dificultad de adaptación en la sociedad de ciudadanos de a pie, el sistema político les brinda la posibilidad de un desarrollo personal en el que la psicopatología se nutre del microcosmos de la clase política, sin representar un problema para la persona que lo padece.
Así, el trastorno de personalidad narcisista se satisface con la notoriedad de ser político y la percepción subjetiva de poder sobre los demás. El trastorno de personalidad antisocial está encontrando un contexto muy confortable con el auge de la extrema derecha, o incluso el trastorno histriónico de la personalidad encuentra en las sedes parlamentarias el lugar ideal donde escenificar sus espectáculos. El trastorno de personalidad obsesivo-compulsiva ha encontrado su espacio en la politización de la justicia. Lo mismo ocurre con la psicopatía, la sociopatía y los déficits graves de autoestima, que encuentran en el poder el mejor antídoto.
Enfermedades mentales en el ruedo político
El psiquiatra y catedrático de la Universidad Complutense de Madrid Francisco Alonso Fernández ya se preguntaba en 1978:
“¿Cuántos políticos, llevados por factores personales, han cometido errores en sus gestiones? (…) Cuando un político no disfruta de un estado de salud mental aceptable, su conducta rezuma peligrosidad”.
¿Hay determinadas enfermedades mentales que encuentran en el ruedo político un ecosistema de desarrollo? ¿Son los hemiciclos parlamentarios lo mismo que el lienzo y el pincel con el que Salvador Dalí pudo convertir su “locura” en arte? En cualquier caso, no tiene las mismas consecuencias una obra de arte surrealista que una toma de decisiones sesgada por una eventual distorsión de la realidad.
También podemos verlo en sentido contrario. ¿Es la actividad política un factor de riesgo para desarrollar la “locura”? El neurólogo David Owen estudió durante siete años el cerebro de los líderes políticos y concluyó que:
“El poder intoxica tanto que termina afectando al juicio de los dirigentes”.
Factores de riesgo
La secuencia sería la siguiente: un ciudadano con factores de riesgo de determinadas psicopatologías entra en política y, abruptamente, alcanza cotas de poder inimaginables para él. Quizá al principio sienta dudas sobre su capacidad de gestionar ese poder, pero rápidamente le aparece el grupo de incondicionales que le reconocen su valía, precisamente por el poder que ostenta.
A partir de aquí empieza a creer que está ahí por mérito propio y que por lo tanto queda situado por encima de los demás mortales. En este punto se entra en el momento megalomaníaco, creyéndose infalible e insustituible (de ahí que tan pocos políticos dimitan, negando sus propios errores, y aferrándose adictivamente al poder).
El siguiente paso consiste en realizar grandes planes para los que quizás tendrá la necesidad de perpetuarse, incluso cambiando las leyes que limitan la permanencia en el poder. Y por fin se llega a la etapa paranoide, en la que percibe que todo el mundo está contra él. Ya no distingue entre diferencias ideológicas, sino que solo es capaz de entender el “si no estás conmigo, estás contra mí”.
Esto le aleja y le aísla por completo de la sociedad que le eligió. La única salida es dejar de escuchar, ir hacia adelante al precio que sea, aunque implique el sacrificio de miles de vidas humanas, tomando decisiones sin permitir recibir asesoramiento y ajeno a la pérdida de la capacidad de autocrítica ante los propios errores. Finalmente “cae” del poder y el baño de realidad implica un duelo imposible de elaborar, de modo que lo más probable es que desarrolle una clínica depresiva.
Síndrome de Hubris: orgullo desmedido y arrogancia
Esta sintomatología ya se observó en la Grecia clásica y se ha definido como el síndrome de Hubris. En griego antiguo, húbris (ὕϐρις) significa orgullo desmedido, arrogancia y presunción. Se caracteriza por un ego exageradamente sobredimensionado, ambición sin límite, actitud desafiante y temeraria, insolencia y un sesgo cognitivo que hace creer a quien lo padece que merece mucho más que el resto de los seres humanos, a quienes desprecia.
Síntomas del síndrome de Hubris:
Exceso de autoconfianza.
Conductas imprudentes.
Gran sentimiento de superioridad. Arrogancia, soberbia y chulería.
Preocupación exagerada por la autoimagen personal.
Pasión por el lujo y las excentricidades.
Convicción de que todo vale; el rival debe ser derrotado a cualquier precio.
Creencia irracional de infalibilidad. Incapacidad de autocrítica y de asumir las responsabilidades de sus decisiones, que nunca reconocerá como erróneas.
Desprecio por el asesoramiento profesional, que implicaría reconocer que otras personas saben más que ellos.
Distanciamiento gradual de la realidad. Carencia de empatía, humanidad y compasión.
Incapacidad absoluta para la elaboración del duelo por la pérdida del rol de poder, que se solventa mediante las llamadas “puertas giratorias”, o que se mitiga mediante sustanciosas pagas vitalicias.
A pesar de que el síndrome de Hubris responde más a una caracterización sociológica, la psicología y psiquiatría siempre han reconocido los efectos que el poder puede generar en la salud mental. Como dice el proverbio, “aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco”.
Un problema que se retroalimenta
Nos encontramos, pues, ante un problema circular que se retroalimenta. Los factores de riesgo de determinadas psicopatologías empujan al sujeto a encontrar en el ruedo político un ecosistema que tendría la función de normalizar los síntomas de la enfermedad mental.
Una vez dentro de la clase política, la actual aristocracia, el poder alimenta los factores de riesgo psicopatológico personales dentro de un gueto que los normaliza, pero el coste se paga en sintomatología de Hubris.
Sin duda, una espiral de la que resulta casi imposible salir, que cada vez aleja más al sujeto de la realidad. Y esta es, precisamente, la definición más simple de la psicopatología.
Enric Soler Labajos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir