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La creación del Bono Cultural Joven 2022 en España, destinado a las personas nacidas en 2004 y que el año pasado cumplieron 18 años, tiene su origen en una doble vertiente: por un lado, el mandato constitucional de que los poderes públicos promuevan y tutelen el acceso a la cultura, “favoreciendo la participación libre y eficaz de la juventud en el desarrollo político, social, económico y cultural”.
Por otra parte, el Bono Cultural Joven es una de las medidas adoptadas por el Gobierno de España dentro del paquete de ayudas públicas para combatir el impacto de la pandemia del covid-19. Se trata de paliar el efecto negativo en la industria cultural de los confinamientos y las restricciones.
Estado de la cuestión
La idea es sencilla: conceder 400 euros a quienes cumplen 18 años en el año en curso para gastar de la siguiente manera:
200 euros para artes en vivo, patrimonio cultural y artes audiovisuales (entradas y abonos para artes escénicas, música en directo, cine, museos, bibliotecas, exposiciones y festivales escénicos, literarios, musicales o audiovisuales).
100 euros para productos culturales en soporte físico (libros, revistas, prensa, u otras publicaciones periódicas; videojuegos, partituras, vinilos, CD, DVD, Blu-ray).
100 euros para consumo digital (suscripciones y alquileres a plataformas musicales, de lectura o audiolectura, o audiovisuales; compra de audiolibros, compra de libros digitales, suscripciones digitales a pódcast, videojuegos en línea, prensa, revistas u otras publicaciones periódicas).
El bono funciona como una tarjeta prepago que puede ser física o cargarse virtualmente en el teléfono móvil.
En esta primera edición se solicitaron casi 300 000 bonos y hay más de 3 000 puntos de venta. Para el Ministerio de Cultura español los resultados han sido positivos, por lo que ya se ha anunciado que el programa se renueva en 2023, con 210 millones de euros de partida presupuestaria.
Críticas al Bono Cultural Joven
Algunas asociaciones de comercios culturales recogieron incidencias que impedían hacer uso del saldo en sus establecimientos, a pesar de estar dados de alta.
Otra queja recurrente de los posibles beneficiarios tiene que ver con las dificultades técnicas para obtener el bono. Para presentar la solicitud (solo de manera telemática) se requería la identificación con certificado electrónico o cl@ve permanente, lo que introdujo un paso previo burocrático poco conocido que desanimó a muchos jóvenes que, finalmente, no solicitaron el bono.
El Ministerio de Cultura inició en febrero una ronda de reuniones con asociaciones y organizaciones para recoger sus críticas y buscar posibles soluciones a las incidencias con el fin de mejorar la gestión e implementación del Bono Cultural Joven. También se han hecho encuestas a los beneficiarios del bono.
Qué tener en cuenta
Hay cuestiones que han quedado fuera del debate y que es importante analizar. El Bono Cultural Joven es una partida presupuestaria que, bien utilizada, puede suponer una ayuda de gran impacto en el mundo de la cultura. Del mismo modo, una correcta gestión puede sentar las bases para ampliar este programa a otros sectores de la población. Partiendo de esa premisa planteamos tres propuestas:
Dotar al bono de una perspectiva de moneda social. Es decir, dirigir el consumo hacia aquellos lugares donde es más necesario. Por ejemplo, se podría ofrecer a los usuarios una devolución del 5 % del saldo gastado en pequeños comercios locales, frente a las compras en grandes cadenas. O premiar con nuevo saldo a aquellos consumos que se realicen en localidades de la España vaciada. Pequeños incentivos pueden redirigir el consumo hacia los lugares donde tendría un mayor impacto.
Actualizar las condiciones de gasto. Diferenciar entre consumo digital y consumo físico no encaja con las pautas de consumo cultural de hoy en día. Y menos entre la población joven. Por ejemplo, según las normas de uso del bono, la compra de productos culturales en soporte físico debe ser de forma presencial, “no será posible el envío a domicilio o a puntos de entrega”, salvo en lo que respecta a suscripciones de periódicos o revistas.
Es comprensible y razonable que se quiera dirigir todo el gasto presupuestario hacia la industria cultural, sin perder parte del presupuesto en empresas de logística. Pero esta medida penaliza a plataformas como Todos tus libros, donde la compra se realiza directamente en librerías independientes, o a plataformas de crowdfunding como Verkami y Patreon, donde los creadores independientes tienen la oportunidad de vender y difundir directamente sus productos culturales y creativos. Para paliar esta circunstancia, Correos, que es la entidad encargada de gestionar la tarjeta física del bono joven, podría ser también la empresa logística elegida para cubrir los envíos y facilitar que los creadores independientes tengan acceso a nuevos mercados.
Creación de una base de datos pública y abierta. Al realizarse las transacciones de manera autentificada, se podría aprovechar la oportunidad para crear un registro de estas características –respetando el anonimato del consumidor– a partir de los hábitos de consumo cultural de los beneficiarios del bono. Saber qué compran los jóvenes, cuándo, cómo, dónde y por qué sería de extraordinaria utilidad para la industria cultural y permitiría crear aplicaciones y desarrollos que explotasen esa información. La comparativa de estos datos objetivos con otros de recolección subjetiva (encuestas, por ejemplo) también sería de gran interés para posteriores estudios de mercado y académicos.
No puede desaprovecharse la oportunidad que ofrece el Bono Cultural Joven de implementar mejoras que incrementen el impacto en la industria cultural y que mejoren la eficacia y eficiencia de los presupuestos públicos.
Rafael Conde Melguizo does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.
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