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Ver a alguien con un pitillo en las manos en una película o una serie de televisión es algo poco habitual, especialmente desde que Netflix se sumó en 2019 a una guerra antitabaco que ya habían empezado a poner en marcha hace tiempo las grandes productoras de Hollywood. Sin embargo, a pesar de la medida, el hábito de fumar sigue estando presente en las calles mucho más de lo deseable.
El impacto que tiene el consumo de tabaco en la salud es devastador. Cada año, más de 8 millones de personas fallecen en el mundo a causa del tabaco, y alrededor de 1,2 millones son consecuencia de la exposición al humo de tabaco en no fumadores.
Solo en España el tabaco es responsable de 56 000 muertes anuales, lo que supone el 13,7 % de toda la mortalidad. En 2020 fumaba el 22,1 % de la población adulta española y todavía esta cifra no es inferior al número de exfumadores que alcanzaba el 22,0 % ese mismo año.
Respecto a los jóvenes y adolescentes de 14 a 18 años de edad, en 2021 el 23,9 % había consumido tabaco en los últimos 30 días, lo que indica la enorme facilidad de acceso a esta sustancia a pesar de la prohibición de su venta a los menores de edad. Afortunadamente, tanto en los más jóvenes como en la población adulta, la prevalencia de consumo de tabaco está disminuyendo.
Reducir el porcentaje de fumadores a menos del 5 %
España fue uno de los primeros países europeos en poner en marcha, en enero de 2006, una ley integral para el control del tabaquismo, modificada posteriormente en 2010. Estas regulaciones, desarrolladas bajo el paraguas del Convenio Marco de la Organización Mundial de la Salud para el Control del Tabaco y que España ratificó en 2005, lograron disminuir de forma radical la exposición ambiental al humo de tabaco en espacios públicos.
El convenio planteaba numerosas y ambiciosas medidas para el control del tabaquismo con el objetivo de minimizar la epidemia. Entre ellas, conseguir espacios 100 % libres de humo, prohibir totalmente la publicidad del tabaco, aumentar los impuestos, introducir advertencias sanitarias en el empaquetado de los envases y facilitar el abandono. Sin embargo, desde la modificación de la ley en 2010, España se ha estancado en la implementación de estas medidas de prevención y control.
Aunque la mayoría de los países han mejorado notablemente los indicadores de tabaquismo, si de verdad queremos conseguir una sociedad libre de tabaco hay que ser más ambiciosos. Por eso recientemente ha surgido un nuevo movimiento que plantea un cambio de objetivos.
Esta nueva estrategia se conoce como el endgame del tabaco y su objetivo es buscar el final de la epidemia más que su control, reduciendo el porcentaje de fumadores a menos del 5 %.
La estrategia endgame tiene más posibilidades de ser implantada en países con baja prevalencia de consumo de tabaco o con disminuciones muy rápidas de esta prevalencia. Aunque no existe un umbral claro, se recomienda estimular de forma real el endgame cuando el porcentaje de fumadores es inferior al 15 %. También es muy importante que la población entienda muy bien en qué consiste esta iniciativa y que exista un fuerte apoyo social.
Según datos de la OMS, en Europa Suecia, Noruega e Islandia tienen prevalencias de fumadores diarios inferiores al 15 %, en contraste con las tasas de Francia (28 %) o Grecia (27 %). En cuanto a los países latinoamericanos, mientras Argentina o Chile rondan el 20 %, otros como México, Colombia o Perú se sitúan entre un 5 y un 7 %.
Menos nicotina, menos puntos de venta y prohibición a los nacidos desde 2009
Algunas de las principales acciones propuestas para implementar la estrategia endgame se centran en los propios productos de tabaco. Por ejemplo, regular para reducir los niveles de nicotina permitiría disminuir la adicción a los cigarrillos, facilitando a los fumadores abandonar el consumo.
Otra línea interesante son las acciones dirigidas a las personas fumadoras, entre ellas las restricciones de venta para personas nacidas a partir de cierto año, lo que se conoce como “generación libre de tabaco”.
No menos importante es actuar sobre el mercado del tabaco limitando el número, las localizaciones y el horario de los establecimientos de venta.
El último paso sería, evidentemente, prohibir la venta de cigarrillos. Nueva Zelanda ha sido el primer país que ha aprobado en diciembre de 2022 el concepto de “generación libre de tabaco”, prohibiendo vender tabaco de combustión de momento a las personas nacidas después del 1 de enero de 2009.
Además, ciudades como Balanga en Filipinas y Brookline (Massachusetts) han implementado leyes similares.
Otros países que han definido unos objetivos específicos de endgame han sido Irlanda, Suecia, Reino Unido, Escocia, Australia, Finlandia, EE. UU. y Canadá.
Endgame en España
En España existe una Declaración Endgame 2030 elaborada por más de 60 entidades y organizaciones sanitarias que incluye acciones a corto y medio plazo para canalizar el final de la epidemia de tabaquismo. Muchas de ellas son propuestas que otros países ya han puesto en marcha en sus estrategias de control de este factor de riesgo.
No obstante, la realidad es que España tiene todavía una alta prevalencia de fumadores. Y teniendo en cuenta que el descenso en los últimos años ha sido de apenas un 0,5 % anual, el objetivo de llegar al 5 % de consumidores de tabaco se retrasaría hasta el año 2055-2060.
En cualquier caso, no se puede planificar el endgame sin un proceso de transición donde se hayan implementado con más efectividad las acciones basadas en el Convenio Marco de la Organización Mundial de la Salud. En el caso de España las políticas actuales son claramente insuficientes y convendría desarrollar con mayor fuerza muchas de las medidas de control. Concretamente ofrecer más ayudas para dejar de fumar e incrementar los impuestos del tabaco, destinando un porcentaje de este impuesto para la prevención y control de este problema de salud.
Además, convendría regular el empaquetado genérico para reducir el atractivo del producto, restringir la venta a las expendedurías de tabaco, conseguir una hostelería 100 % libre de humo en espacios interiores y exteriores, regular la publicidad en las redes sociales, introducir la limitación del consumo de tabaco en el transporte privado y realizar campañas de prevención dirigidas a los grupos de mayor riesgo.
Además de estas acciones, se necesita que la población entienda el significado del endgame para conseguir un fuerte apoyo social, tal y como se logró con la primera ley de control del tabaquismo de 2005.
Sin la implantación de estas medidas, el endgame del tabaco en España no pasará de ser una mera aspiración en lugar de ser un plan real y viable como lo es ya en otros países.
Artículo escrito con el asesoramiento de la Sociedad Española de Epidemiología.
Iñaki Galán Labaca recibe fondos del Instituto de Salud Carlos III y del Plan Nacional sobre Drogas del Ministerio de Sanidad. Es socio de la Sociedad Española de Epidemiología, Asociación Madrileña de Salud Pública, y Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria.
Julia Rey Brandariz recibe fondos del Ministerio de Universidades. Es socia de la Sociedad Española de Epidemiología.
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