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Imagen de la 63ª edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Ivaj Aicrag / Flickr, CC BY-NC
Existen cientos de festivales de cine en España que ofrecen una alternativa al cine comercial y actividades en torno a esta industria. Generalmente, más allá de San Sebastián, apenas podemos llegar a pensar en diez y, si somos aficionados, quizás lleguemos a la treintena.
Estos eventos están en auge gracias a plataformas alternativas que los potencian y, sobre todo, al interés de un público muy especializado que no se conforma con los best sellers cinematográficos.
A pesar del contexto económico de la cultura en el siglo XXI, muchos de estos eventos luchan por ser certámenes de calidad, lograr el reconocimiento del público y de la industria, y, si es posible, captar patrocinios y subvenciones.
No obstante, no existe una normativa específica que determine cuáles son los requisitos de un festival de cine de calidad. Hay propuestas que sirven de referencia, pero no resultan completas o no publican sus criterios de inclusión, como la de la International Federation Of Film Producers Associations (FIAPF) a nivel europeo.
Existe una necesidad de ordenar los festivales
¿Se ha preguntado alguna vez cómo se clasifican los festivales de cine? Este artículo rescata mi propuesta de categorización de festivales de cine, basada en las aportaciones de 146 entrevistas a profesionales del sector.
Aclaremos el concepto: hablamos de clasificación y no de categorización. Existen muchas maneras de ordenar los festivales. La clasificación supone un orden horizontal, frente a la categorización que sería vertical o jerárquica. La clasificación no dice cuál es mejor o peor, sino que simplemente los ordena. Por ejemplo, por temática, fechas de celebración, perfil de los participantes.
Por otra parte, clasificarlos establece rangos de importancia según qué criterio tengamos en cuenta. Por ejemplo, si consideramos que más presupuesto implica que es más relevante, o si atrae a más famosos o público.
Pero ¿qué utilidad tiene clasificarlos? Si los profesionales del sector o los organizadores de festivales valoran clasificarlos es porque asumen que no todos son iguales, los hay mejores y peores. Pero ¿en función de qué? ¿Es mejor festival el que atrae a más caras mediáticas, más público o el que tiene una programación de películas que la industria considera que son de calidad? La clasificación que tengamos en cuenta tiene que estar pensada con algún objetivo.
En el caso que aquí se plantea, el objetivo sería la distribución de las subvenciones públicas. Una propuesta como cualquier otra, pero sobre todo transparente y accesible.
Inauguración 12º Festival de Cine Africano de Córdoba. Foto de Luis Rivera.
Festival de Cine Africano de Córdoba / Flickr, CC BY-SA
Propuesta de categorización
La propuesta para establecer qué rasgos tiene que tener un festival de calidad se basa en los resultados de las respuestas de 146 entrevistas a profesionales en España: 41 directores de festivales de cine, 25 realizadores de cortometrajes, 31 expertos e investigadores, 22 productoras y distribuidoras, 13 periodistas, 8 representantes de organismos públicos relacionados con el ámbito y 6 representantes de filmotecas.
La tendencia de las respuestas sugiere crear tres categorías en las que se exigen una serie de objetivos y funciones. Aquí se destacan algunas:
Premios: Exigir al certamen que pague en tiempo y en la forma que se describe el premio en las bases a concurso.
Fechas de celebración: Se considerará que entran en conflicto festivales que se celebran en los mismos días o la mayor parte de los días. El festival más antiguo tendrá preferencia sobre el nuevo en la misma categoría.
Los festivales de cine deben asegurar la promoción del cine y deben proyectar un mínimo de horas de películas. Esto los dividiría en diferentes categorías: La primera proyectaría al menos 30 horas; la segunda categoría–clase A, 20 horas; la segunda categoría–clase B, 15 horas y la tercera categoría, 10 horas.
Deben promocionar el cine español: En todas las categorías un mínimo del 50 % de las horas de exhibición deberían proyectar producción nacional. Esto no afectaría a los festivales con temática especializada.
Favorecer el encuentro de profesionales del sector de la industria: No se consideran aquí los invitados para la promoción mediática del certamen. Para esta función se destinaría un mínimo porcentaje del presupuesto. En la primera categoría, 6 % del presupuesto en adelante. En la segunda categoría–clase A, 3 % del presupuesto en adelante. En la segunda categoría–clase B, hasta el 2 % del presupuesto. La tercera categoría estaría exenta.
La asistencia del público aficionado (no profesional) es fundamental: No puede considerarse que un festival tenga un estatus relevante si sus salas están vacías, si por mucha promoción que se le dé o muchos famosos que convoque, no resulta interesante para la sociedad. ¿El Festival de cine de San Sebastián sería lo mismo sin gente? El aforo mínimo, entre profesionales y público en general, que debería cubrir un certamen debe corresponderse a su categoría. La primera categoría debería llenar el 80 % del aforo; la segunda categoría–clase A, el 60 % del aforo; la segunda categoría–clase B, el 50 % del aforo y la tercera, el 33 % del aforo.
El comité del jurado debería estar integrado por profesionales con cualificación demostrable.
El equipo organizador tendría que tener perfil adecuado en gestión cultural especializada.
Habría que valorar también las actividades paralelas: Un festival es también una fiesta en torno al cine, lo que supone una variedad de contenidos. Se debe reservar un porcentaje del presupuesto a estos efectos.
Tabla de la categorización de festivales.
Author provided
La proliferación desmesurada en los años 90 de festivales de cine dio lugar a eventos de dudosa calidad donde las alfombras rojas tienen más importancia que el buen trato a los realizadores de los que el certamen se vale para llenar la programación. En paralelo, compiten para captar subvenciones y ayudas que se basan en criterios que mezclan valores culturales con otros que no lo son.
Este artículo da voz a los que defienden el rigor y la calidad cultural y propone un borrador que establezca unos criterios equitativos para el reparto de ayudas. En definitiva, poner un poco de orden.
Montserrat Jurado-Martín no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
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