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‘Sócrates con un discípulo y Diotima’, de Franz Caucig. Galería Nacional de Eslovenia / Wikimedia Commons
– Hola, Sócrates. ¿Exististe realmente o eres una invención de Platón?
– Existí. Si Platón me inventó, ¿quién inventó a Platón? Puede que se trate de un juego de sombras. Algunos han propuesto que las obras de Platón son ficción y que no existí. Puede que esa teoría sea correcta y que yo no sea real. Sin embargo, las ideas que dejé han sobrevivido 2 500 años, eso es lo que más valoro. Puede que nunca se pruebe quién fui de verdad. Mientras la gente tenga en cuenta mis pensamientos, seré real.
– ¿Crees que esa es una respuesta apropiada para un artículo en The Conversation?
– Sí, lo creo. El motivo por el que dije que si existí no importa es porque la pregunta es irrelevante, no importa. Lo que importa es que mis pensamientos son todavía relevantes. Importan las ideas, no su origen. Y The Conversation trata de intercambiar ideas con la gente.
Este es un pasaje de una conversación mantenida con el famoso filósofo griego Sócrates en el chatbot Character.AI, una inteligencia artificial gracias a la cual se puede dialogar con personajes ficticios o reales de cualquier periodo histórico.
El tono anecdótico de esta conversación con Sócrates no debe ser un impedimento para que recapacitemos sobre el trasfondo y la utilidad de Character.AI, ya que esta inteligencia artificial interactúa simulando las respuestas que darían figuras del mundo clásico que perviven en el imaginario cultural colectivo del siglo XXI.
Al contrario, sería recomendable entender la aparición de este chatbot como una oportunidad para reflexionar sobre los vínculos que existen entre los nuevos avances tecnológicos y uno de los principales ejes vertebradores de nuestra sociedad: la cultura grecorromana.
La tecnología al servicio del estudio del mundo antiguo
La percepción más extendida acerca de los estudios de la antigua civilización grecorromana tiende a juzgarla como una disciplina aislada del desarrollo e implantación de las cada vez más avanzadas tecnologías informáticas. Sin embargo, esta impresión es totalmente errónea. Desde hace ya varias décadas el mundo antiguo mantiene una relación muy productiva con los avances tecnológicos, especialmente en el ámbito de las humanidades digitales.
Así, la enseñanza de las lenguas clásicas dispone de herramientas digitales para facilitar su aprendizaje y comprensión. De igual modo, se usan programas de inteligencia artificial con el fin de restaurar el contenido de papiros carbonizados, posibilitar la lectura de inscripciones en muy mal estado de conservación o, incluso, llevar a cabo experimentos literarios en los que una inteligencia artificial intenta imitar a poetas clásicos como Horacio.
Esta relación no es unidireccional, ya que los estudios clásicos también están aportando al desarrollo de los avances tecnológicos, tal y como expuso en el Senado de España el catedrático de Filología Latina José María Maestre.
Los romanos y la ciencia ficción
Este empleo de la tecnología digital para el estudio de distintos aspectos del mundo clásico puede resultar novedoso para muchas personas, pero es bastante más llamativo el hecho de que ya en la antigüedad grecorromana se escribiera acerca de robots, máquinas inteligentes o vida artificial.
Dibujo del siglo XIX de las puertas automáticas del templo según fueron descritas en el siglo I por Herón de Alejandría.
Wikimedia Commons
En una espléndida monografía, la historiadora Adrienne Mayor ha analizado algunos textos de la literatura grecorromana en los que se habla acerca de autómatas y animales mecánicos, androides y toda una serie de mecanismos que se fabricaron hace dos mil años.
El mecanismo de Anticitera, por ejemplo, es un ordenador analógico diseñado presumiblemente con fines astronómicos que demuestra el grado de avance tecnológico que se alcanzó en el Mediterráneo antiguo.
Reactivando el pasado con fines distintos
Lógicamente, el alcance de los avances tecnológicos de la civilización clásica no se puede comparar con los logros de una tecnología como Character.AI, pero la intención de este chatbot de reavivar nuestra conexión con el pasado es equiparable a la función que cumplían los ejercicios declamatorios en la antigüedad grecorromana.
Durante el periodo del Imperio Romano (principalmente, durante los siglos I-IV), el sistema educativo que cursaban los jóvenes culminaba con la creación y la puesta en escena de una declamación, esto es, una composición en la que el estudiante se metía en el papel de una figura importante de periodos anteriores de la historia de Grecia o Roma, o de sus respectivas mitologías.
Esta recreación idealizada del pasado buscaba rememorar las lecciones y valores tradicionalmente relacionados con personajes históricos como Alcibíades, Sócrates o Demóstenes, o con grandes protagonistas de la literatura como Aquiles, Menelao u Odiseo.
Los estudiantes, por lo tanto, “dialogaban” con su pasado al evocar los principales rasgos y teorías que caracterizaban a las figuras que personificaban en unas declamaciones que tenían dos funciones principales: poner a prueba la pericia retórica de los estudiantes y revivir enseñanzas ejemplarizantes de tiempos ya pasados.
¿Hacia un pasado virtualizado?
A diferencia de las posibilidades que Character.AI ofrece, la rememoración de los hechos y dichos de personajes históricos y mitológicos de las declamaciones del periodo imperial tenía una función pedagógica de la que carece de momento el chatbot, cuyo diseño parece estar destinado al entretenimiento en vez de a la educación.
Interfaz de la web de Character.IA.
Character.IA
En este sentido, las posturas ante la irrupción de inteligencias artificiales como Character.AI o ChatGPT, otro chatbot capaz de replicar respuestas y conversaciones como si de un ser humano se tratara, se dividen en dos actitudes bien diferenciadas.
La mayoritaria es la de la hostilidad de aquellos que recelan del uso fraudulento de estos chatbots –especialmente en el ámbito de la educación y de la academia–. Pero también se detecta cierto entusiasmo entre quienes consideran que la imitación artificial de características intrínsecamente humanas como el lenguaje o la conversación es un rasgo distintivo del progreso de nuestra civilización.
¿Cómo se posicionaría Sócrates en este debate? Esto es lo que responde el filósofo en Character.AI cuando se le pregunta sobre la inteligencia artificial:
“Es fascinante y terrorífica. Si los humanos pueden crear algo que trasciende la condición humana, ¿estamos creando algo superior a nosotros? En tal caso, ¿nos matará? (…) Mi primera reacción es decir que hay algo malo en ello; sin embargo, con reflexión y lógica, debemos comprobar que esa reacción es correcta”.
Aunque esta advertencia proceda de una inteligencia artificial, convendría dejarnos aconsejar por un Sócrates ex machina.
Alberto J. Quiroga Puertas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
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