‘MANGOS’, parte 1 | El nuevo club de tecnoligarcas que quiere controlar el mundo
Durante años nos acostumbraron a escuchar GAFAM como si fuera una palabra técnica, casi neutra. Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft. Sonaba a mercado, a innovación, a empresas modernas con oficinas de cristal y discursos sobre conectar el mundo. La realidad era bastante menos amable: eran corporaciones privadas colocando sus manos sobre la comunicación, el comercio, los sistemas operativos, la publicidad, la nube y la vida cotidiana de miles de millones de personas.
Ahora llega otro nombre. MANGOS.
Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX. Seis gigantes, o aspirantes a gigantes absolutos, situados en el centro de la nueva economía de la inteligencia artificial. No estamos hablando de empresas que venden aplicaciones. Estamos hablando de compañías que quieren convertirse en la carretera, el peaje, el coche, el combustible y la policía de tráfico de la era digital.
Te contamos todo en este reportaje en 8 partes.
Cuando el mundo pide decrecimiento, España pone 719 millones para una gigafactoría de IA
El Consejo de Ministros aprobó el 16 de junio una inversión de 719 millones de euros para impulsar una gigafactoría avanzada de inteligencia artificial en España. La operación se canalizará desde el Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública, a través de la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica, la SETT, que podrá entrar en el accionariado del consorcio público-privado encargado de presentar la candidatura española a una convocatoria europea.
El relato oficial ya está escrito. Soberanía tecnológica. Reindustrialización. Liderazgo europeo. Inteligencia artificial fiable y sostenible. Todo muy limpio, muy moderno, muy Bruselas. Pero hay una palabra que aparece demasiado tarde, demasiado poco y demasiado domesticada: clima.
Colombia ante su Milei tropical: la patria como negocio y la mano dura como obediencia a Trump
Colombia no está ante un simple candidato conservador. Eso sería cómodo. Sería incluso tranquilizador. Lo que tiene delante es otra cosa: el aterrizaje, con acento colombiano, del mismo manual que ya han usado Trump, Bukele, Bolsonaro, Vox y el Milei liberticida. La patria como marca. La seguridad como espectáculo. La libertad como contraseña para desmantelar derechos. Y debajo, siempre lo mismo: obediencia a los de arriba y miedo para las y los de abajo.
Fujimori y Sánchez se juegan Perú voto a voto mientras el racismo vuelve a hacer campaña
Perú vuelve a estar al borde del abismo político. No por accidente. No por una fatalidad tropical, ni por ese tópico colonial que presenta a América Latina como un territorio condenado al caos. Está al borde porque cada elección vuelve a abrir la misma herida: quién tiene derecho a decidir el país y quién debe limitarse a obedecerlo desde lejos, desde la sierra, desde las comunidades rurales, desde esos lugares que las élites solo recuerdan cuando necesitan minerales, mano de obra barata o votos disciplinados.
A 11 de junio, con el 98% del recuento oficial de la ONPE escrutado, Keiko Fujimori aparece con el 50,002% de los votos. Roberto Sánchez, candidato de Juntos por el Perú, queda en el 49,998%. La diferencia es de 651 votos. Sí, 651 votos en un país de más de 19 millones de personas llamadas a las urnas el 7 de junio. Una presidencia colgando de una cifra microscópica. Una democracia puesta en suspenso por un puñado de actas. Un país entero mirando una pantalla como quien mira una operación a corazón abierto.
Europa descubre que la soberanía tecnológica no se mendiga a Silicon Valley: la dependencia digital es una bomba de relojería
Bruselas pide protección frente a modelos como Mythos mientras retrasa sus propias normas y sigue firmando cheques a los mismos gigantes que la dejan expuesta.
Vídeo | MET: Millonarios, egoístas y tóxicos
Mientras dentro de la Met Gala se celebraba el lujo obsceno, fuera detenían a Chris Smalls, el sindicalista que ayudó a derrotar a Amazon en Estados Unidos.
Resist.es lanza una campaña para frenar la invasión de centros de datos en Aragón
La nueva burbuja tecnológica promete nube e inteligencia artificial, pero exige agua, energía, suelo público, privilegios fiscales y silencio vecinal.
El manifiesto Palantir: fascismo 2.0, esta vez con wifi
Una declaración ideológica que deja claro que el control ya no se oculta, se normaliza
La gran corriente del Atlántico se acerca al colapso: ya no es una hipótesis lejana
Un estudio publicado en Science alerta de un punto de no retorno que cambiaría el clima global durante décadas
La IA no viene a salvarte: Naomi Klein, Bernie Sanders y Ro Khanna lo exponen
Una élite tecnológica acelera una revolución que amenaza empleo, democracia y vida misma
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Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
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