Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
‘Por una peseta de consumición se puede bailar toda la tarde, aunque se lleve pantalón de chanchullo, con un plantel de chicas guapas’. Fotografía de Contreras y Vilaseca que ilustra una noticia sobre bailes de la revista ‘Estampa’ del 31 de julio de 1928. Hemeroteca Digital / BNE, CC BY
¿Cuál es el origen de nuestros pubs y discotecas? ¿En qué momento de nuestra historia empezaron a juntarse los jóvenes en salas de fiesta para conocerse, bailar toda la noche y perseguir con los ojos a esa chica o ese chico del otro lado de la barra?
En realidad, poco sabemos hoy sobre esto, aunque algunas ficciones históricas muy bien documentadas (como Babylon Berlin, con sus fascinantes fiestas en el Moka Efti) empiezan ya a dar a conocer ese pequeño pedazo de nuestro pasado.
En el caso de España, la historia de los locales de baile es, si cabe, aún menos conocida.
O, mejor dicho, existe una idea equivocada de que todo ese mundo de diversión, desenfreno y sensualidad llegó al país en los años 70 u 80 del siglo XX, una vez muerto el dictador y liberado el país de los fantasmas del conservadurismo franquista.
Nada más lejos de la realidad: hace cien años (incluso alguno más) ya habían aparecido en Madrid y Barcelona los llamados “dancings democráticos”, antecedente inmediato de las actuales discotecas, a los que acudían los muchachos y muchachas con sus boinas y sus melenas a lo garçonne a menear el cuerpo durante horas… y también a encontrar a alguien con quien terminar la velada. La dictadura echó el cierre de muchos de ellos y condenó severamente las conductas libres y despreocupadas que albergaron.
Sin embargo, el rastro de su existencia puede hallarse hoy en los archivos históricos del país, y permite conocer cómo eran estos bailes, quiénes acudían a ellos y qué importancia tuvieron para la sociedad y la cultura del momento.
Artículo en Estampa del 16 de febrero de 1935 que ilustra la fiebre por los bailes en Madrid.
Hemeroteca Digital /BNE, CC BY
Fiebre de baile
El origen de estas salas de fiesta se remonta a los años de entreguerras (1918-1936). Concretamente, al contexto de las grandes ciudades de aquellas frenéticas décadas en las que empezaron a aparecer un sinfín de nuevos lugares para el divertirse y socializar, como el cinematógrafo, los cabarets, los bares a la moderna y también los bailes comerciales.
Reportaje de la revista Crónica de un maratón de baile en el Circo Price de Madrid de 1.000 horas de duración.
Hemeroteca Digital / BNE, CC BY
En aquel momento, la juventud urbana vivía inmersa en lo que se ha llamado dance craze, una especie de obsesión por el baile que siguió a la apertura de los primeros dancings “para todos los públicos” a los que se accedía, como hoy, mediante el pago de una entrada (barata, en general, y más aún para las chicas).
En Madrid, antes del estallido de la guerra civil, existieron alrededor de 50 salas de este tipo, la mayoría inauguradas entre 1920 y 1930.
Los periódicos de la época se hicieron eco rápidamente de esta nueva moda que, según decían, había embaucado a la juventud:
¿Qué les importa a esas infinitas, innumerables muchedumbres de danzantes obstinados en parodiar a monstruos totémicos súbitamente y fantásticamente animados por el tam-tam africano o el jazz yanqui, el problema espiritual y estético de sus patrias respectivas? No les habléis de libros, ni de arte, ni de ciencia, ni de la naturaleza, ni de la moral, ni del hogar, ni del amor distinto a los flirteos en dancing o el cinema, las gradas del estadio y el asiento delantero del auto. A ellos lo que les importa es descoyuntarse el cuerpo, buscar la arritmia grotesca de las formas, obedecer las estridencias de lo que ya se nombra muy certeramente “un cok-tail de música”.
Estos dancings comerciales eran locales cerrados en los que, a diario por las tardes, y los domingos y festivos durante todo el día, se organizaban bailes llamados a veces populares o de modistillas. Estaban animados por la música de un organillo, un gramófono o de una moderna orquesta de tango o banda de jazz. Aunque había salas más humildes y otras más exquisitas, a ninguna le faltaba la gran pista de baile central, rodeada de bancos de madera o de divanes, mesas, juegos de luces, espejos, alfombras, cortinajes y otros elementos decorativos, en los mejores casos.
La afición al baile entre la juventud popular no era un fenómeno exclusivo de los años de entreguerras. Ya antes se organizaban con frecuencia bailes al aire libre en merenderos, parques y descampados.
Reportaje en la revista Crónica de mayo de 1931 sobre academias de baile.
Hemeroteca Digital / BNE, CC BY
Sin embargo, la aparición de estas nuevas salas comerciales transformó los usos propios de aquellas celebraciones informales. Sobre todo porque, a diferencia de estas últimas, los nuevos dancings eran de acceso exclusivo para la juventud.
A ellos acudían chicos y chicas de barrios muy dispares de la ciudad para pasar un rato de juerga al margen de la mirada de sus familias. Esto les permitía dejarse llevar sin recato por los ritmos desenfrenados de las nuevas músicas modernas y también rendirse más fácilmente ante las debilidades de la carne.
El flirt del dancing
Las nuevas salas de baile comercial instigaron conductas amorosas y sexuales más abiertas y desinhibidas entre la juventud popular. Para empezar, la propia naturaleza de estos locales exigía el encuentro y el contacto estrecho entre chicos y chicas.
Página de la revista Cronica del 19 de julio de 1936 en la que habla de los bailes al aire libre y la oportunidad que se presenta en ellos de conocer a una pareja.
Hemeroteca BNE, CC BY
Aunque se fuera solo, allí se iba a bailar en pareja, y encontrar una compañera era la misión de todo joven que atravesara la puerta de alguno de estos locales de la ciudad. Tanto era así que para aquellos que no tenían demasiada fortuna se instauró en algunas salas el nuevo servicio de “chicas-taxi”: muchachas que eran contratadas por el propio empresario del local para bailar con los desparejados.
Pero, además, el hecho de que estos bailes fueran terreno propio de la juventud los convertía en lugares idóneos para el contacto y la interacción erótica. Al dancing se iba a bailar y a divertirse, sí, pero los muchachos y muchachas aprovechaban la cercanía con el sexo opuesto para cruzar miradas, acercarse, hablarse y tocarse. Se iba a ligar y encontrar pareja, en definitiva, sin necesidad de contar con el beneplácito de sus progenitores.
Los bailes se configuraron, así, como auténticas incubadoras de noviazgos formales, pero también de romances pasajeros o “novios exprés”, como los llamaban entonces. Tal y como señalaba la revista Crónica en julio de 1936:
“A estos bailes de nuestra época democrática, en los que se puede hallar pareja sin necesidad de que sea presentada […] vosotras, muchachas de hoy bailáis con este muchacho a quien no conocíais ayer e ignoráis lo que podrá ser para vosotras mañana”.
Pese a que a priori pudiera parecer un fenómeno insignificante, la aparición de estos dancings trajo consigo un cambio cultural de enorme relevancia. Al posibilitar estas nuevas formas de encuentro y contacto entre los jóvenes, estos locales ayudaron a ensanchar los márgenes de lo considerado normal o respetable en lo referido al flirteo y los intercambios eróticos dentro de los espacios de ocio, y también fuera de ellos.
Aunque no lo supieron, los pasos de foxtrot y tango que dieron aquellos jóvenes estaban contribuyendo a construir la nueva cultura del entretenimiento moderno. Una cultura en la que, primero, la coincidencia de ambos sexos en el mismo espacio y, segundo, la presencia implícita o explícita del sexo constituyeron, desde entonces hasta hoy, dos de sus ingredientes fundamentales.
Cristina de Pedro Álvarez recibe fondos de la Universidad Complutense de Madrid
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Taty Almeida no muere: deja una acusación eterna contra los verdugos y sus herederos
Taty Almeida murió el 14 de junio, a los 95 años, pero la noticia no puede escribirse como una necrológica amable. Sería casi una falta de respeto. Taty no fue una señora buena que “buscó a su hijo”. Fue una acusación viviente. Una mujer que convirtió el dolor en expediente político, la ausencia en pancarta y la maternidad en una forma de resistencia contra el Estado asesino, sus cómplices civiles y sus herederos ideológicos.
Su hijo, Alejandro Almeida, fue secuestrado y desaparecido el 17 de junio de 1975 por la Triple A, antes incluso del golpe militar del 24 de marzo de 1976. Tenía 20 años. Era estudiante de Medicina, militante, poeta. Un joven al que le arrebataron la vida, el cuerpo, la historia y hasta el derecho elemental de tener una tumba. Ese fue el método. No bastaba con matar. Había que borrar. Borrar nombres, borrar pruebas, borrar vínculos, borrar madres. Y ahí fallaron.
Porque aparecieron ellas.
Begoña Gómez y el jurado popular: cuando la justicia se entrega a nueve ciudadanos sin herramientas suficientes
La causa contra Begoña Gómez ha dejado de ser solo una causa judicial. Hace tiempo que es otra cosa. Una pieza más en esa trituradora política, mediática y judicial donde la presunción de inocencia se convierte en estorbo, el procedimiento en espectáculo y la toga en decorado. El 15 de junio, la esposa del presidente del Gobierno compareció ante el juez Juan Carlos Peinado en una audiencia previa de carácter protocolario. Sobre la mesa, el posible juicio contra ella, contra su asesora Cristina Álvarez y contra el empresario Juan Carlos Barrabés por presuntos delitos de corrupción en los negocios, malversación, tráfico de influencias y apropiación indebida.
La fase de instrucción queda ya encaminada hacia la Audiencia Provincial de Madrid. Y ahí aparece la bomba procesal: un juicio con jurado popular. Es decir, nueve personas elegidas entre la ciudadanía podrían acabar decidiendo sobre un asunto contaminado desde hace meses por tertulias, titulares, filtraciones, bronca parlamentaria y esa mezcla tan española de ruido judicial y cálculo partidista. Qué podía salir mal.
Netanyahu sabotea el acuerdo mientras Israel sigue bombardeando Líbano
El acuerdo anunciado entre Estados Unidos e Irán tenía que abrir una rendija. No una paz justa, no una solución profunda, no el fin de la maquinaria de guerra que lleva décadas triturando Oriente Medio, pero al menos una pausa. Un freno. Algo parecido a respirar. Sin embargo, Benjamin Netanyahu ha decidido recordar al mundo quién manda cuando el militarismo se siente impune: Israel ha seguido atacando Líbano incluso después del anuncio del pacto.
Vídeo | Estrenamos reportaje contra la guerra cultural de la ultraderecha
Spanish Revolution estrena la primera parte del reportaje “¿Puede la ULTRADERECHA ganar la BATALLA CULTURAL?”, presentado por Patricia Salvador. Y la pregunta no es menor. Tampoco es una provocación para redes. Es una advertencia política en mitad de una época en la que la extrema derecha ya no necesita presentarse siempre con el uniforme completo. A veces le basta con hablar de “libertad”, “familia”, “patria”, “seguridad” o “sentido común” mientras va vaciando esas palabras de contenido democrático.
Vídeo | Más de 30.000 personas ya han visto el #ReportajeSR sobre cómo Israel está cambiando las reglas del mundo
El nuevo trabajo de Reportajes SR, con Olga Rodríguez, analiza por qué lo que ocurre en Gaza no es solo una tragedia palestina, sino una advertencia global sobre la impunidad, el derecho internacional y la ley del más fuerte. Más de 30.000 personas han visto…
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir