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“Es una cuestión de publicar más, más rápido, no para ser mejor sino simplemente para estar y sobrevivir”.
“…Fragmentar una investigación que tenga una unidad global para que pese más en el currículo académico, repetir una y otra vez el mismo tema con muy pequeñas variantes, publicar diez veces lo mismo en diez sitios diferentes…”
Estas declaraciones son solo unas de tantas que hemos recogido al preguntar por los efectos que genera la cultura del “publica o perece” (la presión por publicar para tener éxito en la carrera académica) sobre el comportamiento ético de los investigadores en filosofía moral y filosofía en España.
Los investigadores perciben que la presión por obtener resultados –sobre todo de cara a los procesos de acceso, acreditación y promoción de plazas– afecta negativamente a la integridad de su investigación. El motivo es principalmente uno: la necesidad de sobrevivir en un ambiente extremadamente competitivo donde al científico se le juzga casi exclusivamente por lo que publica.
Hasta la fecha han sido numerosos los estudios que, a escala internacional, han recogido –con cifras preocupantes– datos sobre la prevalencia de las malas prácticas en la investigación (Fanelli, 2009; Pupovac y Fanelli, 2015). Los estudios son abundantes sobre todo para disciplinas biomédicas.
Sin embargo, nunca antes se había desarrollado un trabajo abordando esta cuestión para áreas de conocimiento como la filosofía o la ética. Quizás porque se podía pensar que estas disciplinas están en cierta medida inmunizadas por los propios presupuestos y competencias cognitivas de estas especialidades. De ahí, el interés que ha guiado nuestra investigación: ¿Es la investigación en ética y filosofía realizada siempre de forma honesta?? ¿Afecta la cultura del “publica o perece” a estas áreas también, o podemos apreciar tendencias diferenciadas con respecto a otros campos de conocimiento?
Respuestas reveladoras
Los resultados obtenidos de una encuesta a 201 investigadores, un foro de debate con 26 participantes y 14 entrevistas en profundidad no han podido ser más reveladores. Así se muestra recientemente en el artículo “Research Misconduct in the Fields of Ethics and Philosophy: Researchers’ Perceptions in Spain” que hemos publicado en la revista Science and Engineering Ethics.
Es más, la alta y activa implicación de los investigadores participantes, así como su enorme generosidad y sinceridad, ha permitido que afloren cuestiones de calado. Aspectos no sólo relativos a la percepción de la proliferación de conductas indeseables en los quehaceres científicos, sino también acerca de las prácticas de publicación y de evaluación científica imperantes en estas áreas. Todo ello ha sido compartido en un extenso informe titulado “Investigación en Ética y Filosofía en España. Hábitos, prácticas y percepciones sobre comunicación, evaluación y ética de la publicación científica”.
Duplicación, autoplagio y manipulación de citas
Un 91,5% de los investigadores encuestados consideran que las malas prácticas están extendiéndose. Entre estas, es la publicación duplicada (66,5%), el autoplagio (59%), el uso de influencias personales (57,5%) y la manipulación de citas (44%) las que más proliferan. Por su parte, la fabricación o falsificación de datos es la que se percibe como la mala práctica de menor incidencia (10,0%).
El material cualitativo del estudio permite observar también que son muchas las dudas que surgen en los investigadores en torno a las normas de publicación científica. Los propios investigadores se preguntaban sobre la idoneidad o no de “reaprovechar” material publicado previamente, o sobre el significado de autoplagio y publicación duplicada, hasta el punto de que esto nos motivó a desarrollar una Guía de buenas prácticas en la publicación científica.
Los participantes del estudio no dudaron en afirmar que:
-
las malas prácticas se perciben hoy como algo generalizado en sus campos de conocimiento y
-
la cultura del “publica o perece” supone una inyección de gasolina al fuego que contribuye a calcinar la integridad de la investigación.
El sistema de evaluación en el punto de mira
En la encuesta, un 90,5% de los participantes asocian las malas prácticas con el sistema de evaluación que se basa en el número de publicaciones y su impacto (medido por recuento de citas) como principal criterio de valoración del rendimiento científico.
Los investigadores se quejan de la presión sofocante. Consideran como un sinsentido el evaluar solo con criterios cuantitativos su currículum. Manifiestan las dificultades de estas áreas por generar material novedoso constante y publicar artículos originales de forma periódica (¡y además de alto impacto!). Crudamente, un investigador dijo:
“Lo confiesan mis compañeros y todo el mundo. Uno no puede estar diciendo algo nuevo cada dos por tres. Si tienes que publicar uno o dos artículos al año, te repites, varías ligeramente…”
Ante esta situación, los investigadores optan por buscar réditos en sus carreras y tratar de sobrevivir. Si para ello hay que emplear algún medio de dudosa moralidad, simplemente se hace. Es por lo que, a decir de uno de nuestros informantes, “el sistema actual de valoración de publicaciones está generando vicios y corrupciones en los jóvenes investigadores que perjudica la calidad del profesorado universitario.”
El filosófo también es un ‘homo academicus’
El filósofo o el investigador de ética es, al fin y al cabo, un homo academicus, empleando el concepto usado por Bourdieu (1988). Es decir, este vive como tal, se nutre del mismo entorno y está sometido a las mismas presiones que el resto de los académicos.
Sus presupuestos cognitivos no actúan como vacuna contra los males que le acechan como científico. Ello nos debe hacer pensar en los efectos de un sistema de evaluación de la investigación que coloniza y transforma todas las áreas de conocimiento; incluso las de filosofía y ética.
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The Conversation. Rigor académico, oficio periodístico
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