La precarización de la educación no es una consecuencia colateral de las políticas de ajuste, sino una estrategia deliberada para desarmar a la sociedad de las herramientas que necesita para cuestionar el poder.
La educación, ese pilar fundamental que debería sostener el progreso de cualquier nación, se está desmoronando en Argentina bajo el peso de las políticas neoliberales y ultraderechistas de Javier Milei. No es simplemente una cuestión de recortes presupuestarios. Lo que está ocurriendo en el país es un asalto deliberado contra uno de los derechos más esenciales de la ciudadanía: el acceso a una educación de calidad, inclusiva y universal. Lo que Milei está haciendo no es solo un ajuste económico, sino una estrategia de devastación social que tiene un propósito claro: convertir la ignorancia en su principal aliada electoral.
LA PRECARIACIÓN DE LA EDUCACIÓN: UNA ESTRATEGIA DE CONTROL SOCIAL
Desde que Milei asumió la presidencia, las universidades públicas en Argentina han sido uno de los objetivos más atacados. La reducción del 31% en los fondos destinados a la educación superior es una sentencia de muerte para un sistema que, a pesar de sus limitaciones, ha sido históricamente un baluarte de igualdad y movilidad social. Esta decisión no solo refleja una insensibilidad económica, sino un profundo desprecio por el valor del conocimiento y la formación académica.
El recorte afecta directamente a los salarios de las y los docentes universitarios, quienes han visto caer su poder adquisitivo en un 45% desde noviembre de 2023 hasta julio de 2024. No se trata de un simple ajuste; es un golpe calculado para debilitar a quienes están en la primera línea de la construcción del pensamiento crítico y la conciencia social. La escala salarial en las universidades públicas se ha desplomado a niveles indignantes, situando a muchos docentes por debajo de la línea de pobreza. Es una vergüenza que en un país que se jacta de su tradición educativa, hoy el magisterio universitario esté sobreviviendo en condiciones peores que en las épocas más oscuras de su historia.
Milei y su administración han tratado de justificar esta catástrofe argumentando que «todos los sectores de la sociedad están poniendo el hombro», pero la realidad es que los docentes y las y los estudiantes están siendo sacrificados en el altar del neoliberalismo más despiadado. A pesar de los aumentos salariales otorgados por el gobierno, que alcanzaron un 71% desde diciembre a julio, estos incrementos son una burla frente a una inflación que ha superado el 120% en el mismo periodo. Los ajustes que el gobierno presenta como logros son, en realidad, parches que no hacen más que profundizar la crisis.
LA DESTRUCCIÓN DE LA EDUCACIÓN COMO HERRAMIENTA ELECTORAL
El verdadero objetivo de estas políticas no es solo la austeridad fiscal; es el control social a través de la ignorancia. Milei y su séquito saben que una población mal informada, empobrecida y desesperada es más fácil de manipular. El desmantelamiento de la educación pública es parte de un plan más amplio para consolidar el poder de la ultraderecha en Argentina, creando una base electoral que se alimenta del resentimiento, la desesperación y la desinformación.
La respuesta de la comunidad universitaria ha sido contundente. Profesores y profesoras, estudiantes y personal no docente han paralizado las universidades en un acto de resistencia que debería ser un grito de alarma para toda la sociedad. «No hay universidad pública de calidad sin salarios dignos» es una de las consignas que resumen la lucha que se está librando en las calles y aulas del país. Pero la huelga no es solo una demanda salarial; es una defensa de la educación como un bien público, como un derecho que no puede ser negociado ni vendido al mejor postor.
Lo más alarmante es que el ataque a la educación no se detiene en las universidades. Las y los jóvenes que hoy ven truncadas sus posibilidades de acceder a una educación superior de calidad serán las y los votantes de mañana, quienes crecerán en un entorno de precariedad y desinformación que los hace más vulnerables a los cantos de sirena de los populismos de derecha.
La administración de Milei ha suspendido el sistema de garantía salarial que hasta fines de 2023 protegía a las y los docentes con salarios por debajo del mínimo, eliminando una red de seguridad fundamental para quienes ya están al borde del abismo económico. Esta medida no es solo un ataque económico; es una declaración de guerra contra cualquier forma de resistencia organizada. Los sindicatos y las autoridades universitarias han señalado que esta política es «una traición a los principios democráticos» y una «condena a la pobreza» para miles de trabajadoras y trabajadores de la educación.
UN FUTURO COMPROMETIDO
El gobierno de Milei está llevando a cabo un experimento peligroso en Argentina: la demolición sistemática de la educación pública para construir un electorado dócil y manipulable. La precarización de la educación no es una consecuencia colateral de las políticas de ajuste, sino una estrategia deliberada para desarmar a la sociedad de las herramientas que necesita para cuestionar el poder.
La lucha de las y los docentes universitarios es la lucha de toda la sociedad argentina. No es solo una pelea por mejores salarios, sino una batalla por el alma del país. Si permitimos que la educación se desplome, estaremos allanando el camino para que la ignorancia, el autoritarismo y la desigualdad se conviertan en los pilares de nuestro futuro. La comunidad educativa argentina no solo está defendiendo sus derechos, está luchando por el futuro de la nación. Es hora de que la sociedad se una a esta causa antes de que sea demasiado tarde.
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