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La misma semana que el FC Barcelona afronta una de sus elecciones a la presidencia más importantes de la historia, a causa de la situación económica que vive después de los estragos causados por la pandemia del coronavirus, el expresidente del Barcelona Josep Maria Bartomeu y tres altísimos ejecutivos del club (Òscar Grau, Román Gómez Ponti y Jaume Masferrer) han sido arrestados por la policía catalana, los Mossos d’Esquadra, en el marco de las investigaciones que se están desarrollando en el llamado caso “BarçaGate”.
El “BarçaGate” es el nombre que recibe la investigación periodística que destapó hace un año la Cadena SER tras constatar que, desde el club, se contrataron empresas del grupo Nicestream con el objetivo de crear estados de opinión en las redes sociales a favor de determinados actores del barcelonismo, entre ellos el presidente Bartomeu, mientras se criticaba o denigraba a posibles candidatos a la presidencia (Víctor Font o Joan Laporta) o jugadores de la primera plantilla de fútbol (Gerard Piqué o Leo Messi) que habían sido críticos con la gestión del club.
Dos días después de que se publicara esta investigación, llevada a cabo por los periodistas Adrià Soldevila y Sergi Escudero –ambos formados en las aulas de la Universitat de Vic-Universitat Central de Catalunya–, el club presentó las conclusiones de una auditoria de PwC que justificaba la praxis de la junta directiva y el precio que se pagó por estos servicios.
No obstante, la lectura de las 320 páginas de la auditoría ya constataba algunas prácticas más que cuestionables. La denuncia que un colectivo de socios hizo ante la judicatura ha desembocado en la investigación que podría acusar al presidente Bartomeu y al asesor de presidencia Jaume Masferrer de administración desleal y corrupción entre particulares.
Si se probasen estos dos delitos, podrían suponer una pena de 1 a 3 años de cárcel por el primero y de 6 meses a 4 años por el segundo.
El informe policial también señala que “algún responsable del club habría cedido los datos personales de los socios del Barça, que forman el censo electoral, con finalidades de propaganda particular y en contra de posibles opositores o críticos con la dirección”, un hecho que también podría vulnerar la normativa europea de protección de datos.
Un problema de reputación y mala praxis profesional
Pero, ¿qué supone el “BarçaGate” para una institución como el FC Barcelona?
En primer lugar, a corto plazo, todo apunta a que no tendrá consecuencias reales en el resultado de las elecciones: hay más de veinte mil electores que ya han votado por correo y, como es sabido, el voto actualmente tiene un alto componente emocional, muy vinculado a la percepción que tiene el socio sobre cómo el nuevo presidente va a solucionar la crisis deportiva y de si va a convencer a Leo Messi para que se quede finalmente en Barcelona.
Si a esta crisis deportiva le añadimos que el nuevo límite salarial que La Liga fija para el FC Barcelona es de 347,08 millones de euros (-47,1%), el panorama que tendrá que gestionar el nuevo presidente es dantesco.
La crisis del “BarçaGate” tiene efectos, principalmente, en la reputación de la marca. De hecho, uno de los grandes activos que tiene el FC Barcelona es una marca reconocida mundialmente y que, desde 2006, con el acuerdo con Unicef, se pudo envolver con el lema “Más que un club en el mundo”.
Pues bien, la mala praxis en la gestión de los datos de los socios, y la fórmula que empleó Josep Maria Bartomeu para limpiar su imagen ante la previsión de unas nuevas elecciones, ponen en duda parte de la grandeza del club.
Como bien es sabido, la marca vive de las acciones de la organización, de su comportamiento, de cómo se despliega la cultura corporativa. La investigación periodística de Soldevila y Escudero, confirmada por la inspección policial, profundiza en un modus operandi contrario a lo que quiere representar la entidad a nivel internacional.
El ‘BarçaGate’ genera desconfianza
De hecho, en un momento en que el club se verá obligado a salir nuevamente a buscar nuevos ingresos para paliar los efectos de la pandemia –el impacto económico de la COVID-19 en el fútbol español ha sido de 2.013 millones de euros, según PwC–, este tipo de prácticas conspira contra la necesidad que tiene la entidad de generar confianza con sus públicos.
El “BarçaGate” es un ejemplo paradigmático de lo que no se tiene que hacer: el miedo a los futuros rivales electorales de Bartomeu, así como el temor a la crítica por parte del entorno del club, llevaron al Presidente y a su asesor a tejer una red digital de protección personalizada, sin tener en cuenta que tanto la manera como se pagaron las facturas por estos servicios –fraccionadas y no cumpliendo los protocolos de contratación–, las partidas presupuestarias que se les asignaron y los datos personales que se usaron podían no ser los más adecuados. Además, según la investigación, el precio del servicio contratado fue sustancialmente superior al precio de mercado.
En el documental Més que un president, emitido por TV3 en motivo de las elecciones, el experto en redes sociales y marketing digital Genís Roca afirmó que “la silla de presidente quema”. Ciertamente, nunca mejor dicho en una institución que figura entre las más importantes de Cataluña, si no la más, y es la que tiene una mayor visibilidad y proyección internacional.
El FC Barcelona es una institución, además, sometida al escrutinio diario de periodistas y diferentes sectores –entre ellos, la misma clase política– y que, aquí el gran equilibrio, ha de comportarse como una multinacional del entretenimiento en una industria que se ha disneyizado pero que ha de mantener una estructura de propiedad y una gobernanza muy singular que se sustenta en la tradición y cuatro valores estructurales: catalanidad, universalidad, polideportividad y democracia. Sobre todo, ahora más que nunca, democracia.
Un éxito para el periodismo de investigación en el deporte
La investigación periodística que destapó este escándalo ha ganado dos de los premios de periodismo de investigación más reputados de Cataluña, el Premio Ramon Barnils y el Josep Maria Planas.
Después de años en los que se había impuesto la idea de que el periodismo deportivo se asociaba con las noticias blandas, Adrià Soldevila, Sergi Escudero y Sique Rodríguez han ennoblecido un oficio que vivía de filtraciones, crónicas a pie de campo, declaraciones rutinarias y el negocio de las verdades interesadas entre clubes y periodistas afines.
Después de contribuir a la dimisión de Bartomeu como presidente y su posterior detención, nadie pone en duda lo que estos tres periodistas han logrado, superando a otras investigaciones vinculadas al ámbito político, social o cultural. Este hito tiene aún mayor significado en el contexto de la pandemia, y su consecuente crisis sanitaria, y cuando el embate independentista catalán parece entrar en una nueva fase. El periodismo de investigación en el deporte también pide paso entre los grandes temas de la actualidad. Que sea por muchos años.
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Xavier Ginesta does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.
The Conversation. Rigor académico, oficio periodístico
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