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Las últimas semanas de enero y las primeras de febrero son fechas que en el ámbito universitario se asocian a evaluación y exámenes. Este año, en el contexto de la pandemia, hemos observado un debate que ha llegado a la confrontación, en torno a la adecuación o no de realizar exámenes presenciales en las universidades, en pleno pico de la tercera ola causada por la covid-19.
Desde el inicio de la pandemia, las universidades presenciales han hecho un reseñable ejercicio de flexibilidad y adecuación a las circunstancias, adaptando un porcentaje considerable de horas de docencia a la enseñanza online.
Con respecto a la evaluación en el final del primer cuatrimestre del curso 2020/2021, la mayoría de las universidades ha optado por realizar la evaluación de manera presencial. El debate ha surgido cuando colectivos de estudiantes se han quejado por el riesgo sanitario, manifestándose en el mismo sentido el propio ministro de Universidades, Manuel Castells.
Este artículo no trata de posicionarse de uno u otro lado, ni de analizar los riesgos de salud que pueda haber en la realización presencial de los exámenes. Lo que persigue es observar la situación desde una mirada pedagógica, atendiendo a lo que ‘no se dice’ en este debate.
Se trata, así, de identificar las ausencias, entendidas como síntomas de problemáticas profundas, y generar algunas reflexiones pedagógicas:
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La Pedagogía está ausente en el debate sobre la evaluación educativa en la universidad en el contexto de pandemia, lo cual resulta cuanto menos sorprendente dado que la Pedagogía es la ciencia que estudia la educación.
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Los exámenes son una técnica de evaluación entre muchas otras existentes y desarrolladas desde la Pedagogía y la Didáctica. Solo por enumerar algunas técnicas de evaluación, a modo de ejemplo, se puede evaluar desde proyectos, pequeñas investigaciones, observación, resolución de casos, ensayos, etc.; no necesariamente presenciales. Sin embargo, parece que solo se puede evaluar a través de exámenes.
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La enseñanza presencial presenta innumerables ventajas sobre la educación online, en las posibilidades para una formación completa que integre teoría, práctica, competencias específicas y transversales, etc. Sin embargo, es llamativo que, en general, una parte de la enseñanza se haya podido adecuar (la metodología didáctica) a medios online, y otra (la evaluación) se entienda que solo es posible realizarla presencialmente.
Se observa, consecuentemente, que no se comprende la evaluación, que en la enseñanza debiera ser siempre formativa e integrada en la propia didáctica. La evaluación es un componente más del currículo, junto con otros fundamentales, como los objetivos educativos o la metodología didáctica. Todos ellos integran el proceso de enseñanza y la formación que le acompaña. Desde la Didáctica se entendería deseable la armonía y fluidez entre estos elementos curriculares, entendiendo que todos ellos funcionan como un cubo de Rubik, donde el giro de cualquier pieza influye en las demás. En el contexto actual, la desincronía entre ‘cómo se está enseñando’ y ‘cómo se está evaluando’ es destacable.
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Observando la dificultad de los docentes universitarios para utilizar otras técnicas de evaluación distintas al examen presencial, se entiende que la reforma universitaria promovida tras la Declaración de Bolonia (1999) es un fracaso en lo que respecta a la evaluación continua del estudiante, más de 20 años después.
La pedagogía carece de reconocimiento social
De estas reflexiones se deducen dos conclusiones principales:
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Todavía no se reconoce socialmente la Pedagogía como la ciencia que se ocupa de estudiar la educación (también la universitaria) porque está ausente en el discurso sobre aspectos nucleares de la enseñanza, como la evaluación formativa (presencial o no presencial).
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Es patente la necesidad de formación del profesorado universitario en Pedagogía y Didáctica, y, por tanto, también en la evaluación educativa (concepto, planteamientos teóricos, técnicas e instrumentos, etc.).
Algunas circunstancias externas, en la actualidad la pandemia, nos permiten identificar con nitidez algunas necesidades de tipo fundamental. Con tanto ruido, observar lo que no está presente en el debate educativo se antoja una posición científica irrenunciable, si lo que se pretende es trasformar profundamente la sociedad a través de la Pedagogía y la educación (incluyendo la universitaria).
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Pablo Rodríguez Herrero does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.
The Conversation. Rigor académico, oficio periodístico
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