17 Sep 2026

Blog

Callar ya no sale gratis: el precio de la neutralidad ante Palestina
INTERNACIONAL

Callar ya no sale gratis: el precio de la neutralidad ante Palestina 

Apartaron a Macklemore de la gira por sus declaraciones en favor de Palestina. Finneas, Lukas Graham, Aaron Rowe y hasta Beoga, la propia banda que acompañaba a Sheeran, decidieron marcharse después. Durante años hablar de Gaza podía costar contratos. Ahora empiezan a aparecer costes también por mirar hacia otro lado.

Querían quitar a Macklemore del escenario y seguir con el espectáculo.

Ha salido regular.

El rapero estadounidense fue apartado de las fechas restantes de la gira de Ed Sheeran por Estados Unidos después de su actuación del 4 de septiembre de 2026 en el MetLife Stadium de Nueva Jersey. Macklemore pidió allí una “Palestina libre”, habló de Gaza y Cisjordania y volvió a criticar las políticas del Gobierno israelí. Tras el concierto, organizaciones proisraelíes pidieron públicamente que fuera expulsado de la gira.

Después llegaron los estadios.

Sheeran explicó que varios recintos habían comunicado a la organización que no acogerían sus conciertos mientras Macklemore permaneciera en el cartel. El multimillonario Robert Kraft, propietario de los New England Patriots y del Gillette Stadium, reconoció haber impedido la presencia del rapero en su estadio. Kraft sostuvo que su decisión no pretendía negar el sufrimiento palestino y argumentó que las críticas no debían omitir la responsabilidad de Hamás.

Macklemore sostiene que Kraft contribuyó a movilizar a otros propietarios de estadios contra su presencia en la gira. Esa acusación no ha sido demostrada de forma independiente.

Sheeran quiso desmarcarse. Aseguró que él no había tomado la decisión, dijo haber intentado encontrar una solución y explicó que evita utilizar profesionalmente su plataforma para cuestiones políticas porque quiere que sus conciertos sean espacios seguros para públicos diversos.

Entonces comenzó el problema de verdad.

Aaron Rowe abandonó la gira. Lukas Graham abandonó la gira. Finneas abandonó la gira. Beoga, el grupo irlandés que acompañaba musicalmente a Sheeran, también abandonó la gira.

Todos los artistas que quedaban como apoyo terminaron retirándose en solidaridad con Macklemore y con el derecho a defender públicamente a Palestina. Finneas explicó que no quería participar en una gira donde un artista pudiera ser apartado por hablar en favor de personas oprimidas. Beoga señaló que no podía actuar en recintos que habían contribuido a silenciar esas posiciones.

La operación destinada a eliminar una polémica consiguió multiplicarla.

The Intercept lo describe como un posible punto de inflexión: durante años, sostiene la periodista Natasha Lennard, pronunciarse contra las políticas israelíes podía tener un elevado coste profesional dentro de la cultura estadounidense; ahora ese coste empieza a alcanzar también a quienes aceptan esas expulsiones sin plantar cara.

Ahí está lo verdaderamente interesante del episodio.

No hace falta convertir a ningún cantante en héroe para entenderlo. Basta mirar qué ocurrió cuando apareció una decisión empresarial concreta.

Cuatro artistas podían continuar trabajando, cobrar y pasar página.

Eligieron irse.

LA EXTRAÑA NEUTRALIDAD QUE SÍ ENCUENTRA GUERRAS PARA LAS QUE HABLAR

Ed Sheeran tiene derecho a decidir qué dice y qué calla. También puede defender que su escenario permanezca alejado de determinados conflictos políticos.

El problema aparece cuando esa neutralidad se examina con hemeroteca.

En 2022, tras la invasión rusa de Ucrania, Sheeran participó en Concert for Ukraine, un gran concierto benéfico destinado a recaudar fondos para la población ucraniana. También ha firmado cartas públicas sobre el Brexit, respaldado anteriormente a Jeremy Corbyn y apoyado iniciativas vinculadas a derechos civiles en Estados Unidos.

Es decir, la política ya había entrado en su escenario.

Por eso su decisión actual ha abierto un debate que va bastante más allá de Sheeran. ¿Cuándo una guerra merece que una estrella mundial utilice su micrófono y cuándo hacerlo convierte ese mismo escenario en “político”?

Macklemore lleva más de dos años pronunciándose sobre Gaza. En 2024 publicó Hind’s Hall, una canción vinculada a las protestas estudiantiles estadounidenses y dedicada a Hind Rajab, la niña palestina de 5 años asesinada en Gaza. Posteriormente continuó hablando sobre Palestina, además de Congo y Sudán.

En Nueva Jersey trató además explícitamente de separar sus críticas al Estado israelí de cualquier ataque contra las personas judías. Según recoge The Intercept, dijo que oponerse a las políticas de Israel, al apartheid o a las matanzas de civiles no debía entenderse como un ataque contra las personas judías.

Eso no ha impedido que sus palabras sean acusadas de antisemitismo por Kraft y otras organizaciones. Otros artistas, como Pink, también han criticado al rapero y han recordado controversias anteriores relacionadas con imágenes consideradas antisemitas.

La discusión merece todas esas precisiones porque precisamente ahí está el peligro de convertir un conflicto con miles de personas muertas en una guerra de celebridades.

Hay una cuestión estructural debajo.

Los estadios pertenecen a alguien. Las promotoras responden a alguien. Los artistas dependen de contratos, aseguradoras, patrocinadores y empresas capaces de decidir quién entra al escenario. La libertad artística dentro de la industria musical termina exactamente donde quien posee el recinto decide que empieza a perjudicar su negocio o sus intereses políticos.

El caso sirve además para entender la lógica de los boicots culturales y económicos. The Intercept relaciona la reacción con el razonamiento utilizado por el movimiento BDS: modificar comportamientos creando costes materiales. Hace, sin embargo, una precisión importante. Ed Sheeran no figura como objetivo oficial de BDS, que dice concentrar sus campañas en empresas e instituciones seleccionadas por su participación directa en determinadas políticas israelíes.

Aquí el efecto ha aparecido espontáneamente.

Primero se castigó a quien habló.

Después otros artistas decidieron que permanecer en el escenario también significaba tomar una decisión.

Y de repente Ed Sheeran descubrió que la neutralidad que debía proteger su gira lo había dejado sin Macklemore, sin Finneas, sin Lukas Graham, sin Aaron Rowe y sin Beoga.

Durante mucho tiempo, la industria enseñó a sus artistas cuánto podía costar hablar de Palestina.

Quizá lo verdaderamente nuevo sea que ahora también estamos empezando a saber cuánto puede costar callarse.

Related posts

Deja una respuesta

Required fields are marked *