Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
La escritora Flannery O’Connor junto a los también escritores Robie Macauley y Arthur Koestler en Iowa, 1947. Charles Cameron Macauley / Wikimedia Commons, CC BY-SA
Si a Flannery O’Connor le hubieran dicho que su vida sería llevada a las pantallas y que Maya Hawke, bajo la dirección de su padre Ethan Hawke, iba a interpretarla, nuestra O’Connor no hubiera parado de reír.
Aunque es cierto que en este mundo todo es posible, que los personajes de sus obras eran auténticos freaks y que, en el fondo, si todos nosotros podemos identificarnos con sus creaciones, por qué no iba a poder la estrella de Stranger Things convertirse en la escritora sureña.
Una prometedora carrera literaria
O’Connor nació el 25 de marzo de 1925 en Savannah (Georgia), y fue la única hija de Edward y Regina. Era imaginativa, creativa, pero, sobre todo, tenía un sentido mordaz del humor. Podemos disfrutar de esta ironía en sus dos novelas (Sangre sabia y Los profetas/Los violentos lo arrebatan) y treinta y dos relatos. Existen distintas recopilaciones de estos últimos, entre otras, El negro artificial y otros escritos, Un encuentro tardío con el enemigo y Cuentos completos.
La escritora comenzó su andadura literaria en la Universidad de Iowa, donde cursó un máster bajo la dirección del poeta Paul Engle. Tras su graduación en 1948, consiguió una beca para artistas en Nueva York. Allí conoció a un grupo de personas que se convertirán en amigos para toda su vida: el poeta Robert Lowell, su futuro editor Robert Giroux y el matrimonio del traductor clásico Robert Fitzgerald y su esposa Sally. Estos dos últimos tendrían un papel fundamental en su trayectoria.
La sureña se trasladó a Connecticut a vivir con los Fitzgerald. En la casa escribía, ayudaba al matrimonio con sus hijos y todo parecía presagiar que desde allí desarrollaría su vocación como escritora.
Sin embargo, O’Connor comenzó a sentir los síntomas de la enfermedad crónica que había causado la muerte de su padre cuando ella tenía 15 años: el lupus eritomatoso. Confirmado el diagnóstico, O’Connor volvió a casa de su madre. Regina y ella decidieron trasladarse a la finca de la familia, “Andalusia”, en la zona rural de Georgia. Allí vivirían desde 1951 hasta 1964, año de su fallecimiento.
Fotografía de la casa ‘Andalusia’, en Georgia, a donde se mudaron Flannery O’Connor y su madre.
Stephen Matthew Milligan / Wikimedia Commons, CC BY-SA
¿Cómo trascurrieron esos años? De la mejor forma posible: viviendo de forma intensa su vocación. Como el lupus iba a estar ahí siempre, decidió que sería mejor integrarlo en su vida como si de un complemento más se tratara en vez de dejarse dirigir por él.
Estableció una rutina diaria para poder dedicar sus fuerzas a escribir: por las mañanas, trabajaba tres o cuatro horas en sus relatos; por las tardes, contestaba cartas, leía libros que luego reseñaba y recibía visitas. Su casa era un apetecible lugar de reuniones para intelectuales y amigos. Quién nos iba a decir que en un típico estado sureño existiría una tertulia como la de cualquier café europeo.
De la enfermedad a la imperfección
Su producción literaria está salpicada de personajes que física, psicológica y espiritualmente parecen frágiles, vulnerables, débiles, limitados de una u otra forma. Sin embargo, estos seres grotescos en el fondo nos están mostrando la naturaleza humana de cada uno de nosotros.
Para comprender qué quería comunicar O’Connor, volvamos a leer sus cuentos después de haber reflexionado sobre lo que traslada en sus ensayos y conferencias, recogidas en el libro Misterio y maneras, y en sus cartas, recopiladas en El hábito de ser.
La obra occonoriana destila un profundo conocimiento del ser humano, nutriéndose de su propia experiencia vital y de la visión cristiana que tiene de cuanto la rodea.
Desde la perspectiva que le dio la enfermedad, descubrió que el ser humano es una creación imperfecta en un mundo que también lo es. Por eso sus narraciones están protagonizadas por tullidos, soberbios, psicópatas, etc. En medio del caos, el dolor, el sufrimiento o, tal vez, precisamente por el misterio de ese mal que percibimos en nosotros y en lo que nos rodea, la escritora nos lleva a decir que este mundo pide a gritos otro.
Cuando sus personajes están en un momento de auténtica crisis, de falta de sentido, en el relato irrumpe un acontecimiento que tiene el poder de cambiarlo todo, no porque desaparezca el dolor sino porque permite ver un destello de luz que ilumina la oscuridad profunda.
Por ejemplo, en el relato Un hombre bueno es difícil de encontrar, antes de matar a la abuela, el inadaptado, un asesino en serie, la hace recapacitar sobre el sinsentido del mundo salvo que Jesús existiera y hubiera resucitado. Al oírlo, la abuela pierde el miedo a la muerte y reconoce que ella también es culpable, como todo ser, como toda la humanidad.
En el cuento El negro artificial vemos que la contemplación de una estatua de un negro hace recapacitar al señor Head y a su nieto Nelson sobre la necesidad de perdonarse mutuamente, ceder al orgullo e implorar el abrazo consolador tras una relación llena de reproches y vanidades.
Así, O’Connor pone nombre a esa luz. En medio del mal, un Dios hecho hombre carga sobre sus espaldas tanto con nuestros sufrimientos individuales como con los sufrimientos de toda la humanidad y transforma ese dolor en vehículo para que la gracia pueda ser acogida por la naturaleza caída del ser humano, si, y solo si, en el uso de su libertad quiere aceptarla.
Este pensamiento católico vertebra toda la obra de la autora. Pero para contar lo que lleva en el fondo de su corazón, no lo hace desde una sensiblería o un tono devocional pío, como ella cree que parte de su entorno espera por sus creencias. Con gran mordacidad, O’Connor nos introduce en la sordidez del alma humana. Y con su peculiar y audaz sentido del humor, se burla de lo absurdo de los intentos de sus personajes al intentar salir de un círculo vicioso por sus propios medios. Porque, ella defiende, lo que necesitan es salir de su rutina y abrirse a la fe.
Susana Miró López does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir