El otro legado de Rafa Nadal: un deportista de éxito que ignora la ética de los derechos humanos
¿Cuánto podemos admirar a un ídolo deportivo que, a la sombra de su legado, firma contratos millonarios con regímenes que pisotean los derechos humanos?
El colapso de Israel: una reflexión sobre el futuro del estado israelí
El mundo ya no ve a Israel como un bastión de la democracia, sino como un estado genocida que contradice los principios básicos del derecho internacional.
El PP resucita a ETA (de nuevo)
ETA ya no es el problema. El problema es un Partido Popular que se niega a evolucionar, a aceptar su responsabilidad y a ofrecer soluciones reales a los problemas del presente.
El acuerdo con Bildu para reformar la ley mordaza es un paso adelante, pero el PSOE sigue sin derogar su núcleo represivo
La pregunta es sencilla: ¿por qué sigue en pie la ‘ley mordaza’ nueve años después de prometer su derogación?
El precio del asedio de Israel: un millón de desplazados en Líbano, dos millones en Gaza
Las guerras no son solo batallas de ejércitos, son tragedias humanas donde las cifras esconden rostros y vidas destrozadas.
¿Punto de no retorno en Oriente Próximo?
El ataque de Irán, más allá de la respuesta militar, marca un punto de no retorno en la escalada bélica de Oriente Medio.
La complicidad de Occidente con Netanyahu se mide en sangre, en armas y en la indiferencia ante los muertos de Gaza y Beirut.
¿Hasta cuándo Occidente seguirá mirando hacia otro lado mientras Israel perpetra una guerra sin tregua, masacrando civiles semana tras semana?
18 años después, Israel entra en el Líbano
Cada día que pasa sin una respuesta contundente de la comunidad internacional es un día más de dolor y muerte para quienes no tienen ninguna culpa en esta guerra.
Opinión | Un plan de regeneración democrática que no toca los pilares del sistema
«La derogación de la Ley Mordaza seguirá siendo una herramienta de represión contra la disidencia social».
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Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
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