17 Sep 2026

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De Ormuz a Bab al Mandeb: la guerra amenaza con cerrar dos arterias del petróleo mundial
INTERNACIONAL

De Ormuz a Bab al Mandeb: la guerra amenaza con cerrar dos arterias del petróleo mundial 

La ofensiva hutí en Yemen acerca el conflicto al estrecho que conecta el mar Rojo con el Índico. Con Ormuz ya prácticamente paralizado, otro gran cuello de botella energético entra en zona de guerra mientras la población yemení vuelve a poner los muertos y los desplazados.

Hay mapas que explican una guerra mejor que muchos discursos.

Busque el estrecho de Ormuz. Después desplácese hacia el oeste, bordeando la península arábiga, hasta encontrar Bab al Mandeb. Entre ambos pasan cantidades gigantescas de petróleo, gas, mercancías y dinero. Ahora los dos están atrapados dentro de un conflicto que comenzó el 28 de febrero de 2026, cuando Estados Unidos e Israel atacaron Irán y Teherán respondió contra objetivos israelíes y estadounidenses en la región. La guerra entra ya en su séptimo mes.

El primer estrangulamiento llegó en Ormuz. El segundo puede estar preparándose en Yemen.

Las fuerzas hutíes, respaldadas por Irán, han avanzado durante septiembre por la costa occidental yemení hasta alcanzar posiciones junto al estrecho de Bab al Mandeb, la denominada en árabe “Puerta de las Lágrimas”, entrada meridional del mar Rojo y paso obligado hacia el canal de Suez. Reuters confirmó el 11 de septiembre que habían alcanzado Dhubab, directamente sobre el estrecho, y posteriormente ampliaron su control sobre islas estratégicas de la zona.

La ONU convocó el 15 de septiembre una reunión urgente del Consejo de Seguridad. Khaled Khiari, subsecretario general de Naciones Unidas, advirtió de que la situación alrededor de Bab al Mandeb se había vuelto “cada vez más volátil”. Hay un matiz importante: la ONU señaló que, hasta ese momento, el flujo comercial por el mar Rojo continuaba funcionando, aunque el avance hutí estaba disparando el temor de los mercados en plena crisis de Ormuz.

Todavía no hay otro estrecho cerrado. Hay algo suficientemente grave: la posibilidad real de que ocurra.

Según los cálculos recogidos por Público, al aproximadamente 20% del crudo y gas que normalmente circulaba por Ormuz podría añadirse el impacto de una ruta vinculada a alrededor del 12% del suministro mundial de petróleo y del 8% del gas natural licuado. El medio calcula que, en el escenario más extremo, Irán y sus aliados podrían adquirir capacidad de presión sobre rutas relacionadas con cerca del 35% del comercio mundial de combustibles.

Los porcentajes pueden variar según qué productos y periodos se contabilicen. Lo que no necesita demasiada discusión es el tamaño del problema.

Buena parte de la economía mundial depende de que dos franjas estrechísimas de agua permanezcan abiertas. Décadas de dependencia de los hidrocarburos han construido esa vulnerabilidad y ahora una guerra regional la está poniendo encima de la mesa.

El petróleo ya responde. Los ataques hutíes contra instalaciones saudíes llevaron el Brent hasta los 97,92 dólares por barril el 8 de septiembre. Desde entonces, los nuevos ataques y las restricciones al transporte han mantenido la presión energética internacional.

Arabia Saudí ha respondido intensificando sus bombardeos contra posiciones hutíes. Los rebeldes han atacado a su vez infraestructuras petroleras y militares saudíes. Riad, que interviene en Yemen desde 2015, vuelve así a hundirse en una guerra que nunca consiguió resolver.

YEMEN VUELVE A PAGAR POR LAS GUERRAS DE LOS DEMÁS

Cuando aparece Bab al Mandeb en las noticias internacionales se habla inmediatamente de barcos, bolsas, petróleo y cadenas de suministro.

Después aparece Yemen.

Siempre después.

La guerra civil comenzó en 2014, cuando los hutíes tomaron Saná. Arabia Saudí encabezó desde 2015 una coalición que intervino militarmente en apoyo del Gobierno yemení reconocido internacionalmente. Irán aumentó mientras tanto su respaldo a los hutíes. El resultado ha sido más de una década de bombardeos, hambre, enfermedades, desplazamientos y destrucción.

Público sitúa en más de 380.000 las muertes directas e indirectas asociadas a la guerra yemení desde su inicio.

La actual ofensiva vuelve a abrir esa herida.

La Organización Internacional para las Migraciones contabilizaba el 13 de septiembre exactamente 85.818 personas desplazadas, de las cuales 82.164 habían abandonado sus hogares desde el comienzo de septiembre. Más de 2.000 personas habían conseguido cruzar hasta Yibuti, muchas de ellas mujeres, niñas y niños.

Dos días después, organizaciones humanitarias sobre el terreno situaban ya el desplazamiento por encima de las 125.000 personas.

Mientras las familias huyen, las potencias hacen cálculos.

Arabia Saudí pidió ayuda directa a Washington. Estados Unidos, que ya mantiene abierta la guerra contra Irán, se ha limitado por ahora principalmente a proporcionar inteligencia y evita una nueva intervención militar directa contra los hutíes. Reuters señala que Washington teme extender todavía más sus fuerzas y quedar atrapado en otro frente sin garantías de éxito.

No parece un temor absurdo. Doce años de guerra deberían haber dejado alguna pista sobre lo que significa entrar militarmente en Yemen.

Y mientras aumenta la presión armada, China ocupa el espacio diplomático.

El 16 de septiembre, el ministro iraní de Exteriores, Abás Araqchi, se reunió en Pekín con su homólogo chino, Wang Yi. China pidió a Irán y Estados Unidos contención, la recuperación de las conversaciones y la reapertura de Ormuz. El encuentro llega antes de la prevista cumbre entre Xi Jinping y Donald Trump en Washington.

Pekín tiene intereses enormes en juego como importador de petróleo de Oriente Medio. Washington también. Riad también. Teherán también.

Las y los yemeníes tienen algo bastante más elemental en juego.

Sus casas.

Desde 2014, Yemen ha servido como tablero para las ambiciones saudíes, iraníes, estadounidenses y regionales. Ahora vuelve a aparecer en los mapas porque unos kilómetros de costa pueden alterar el precio mundial del barril.

Para los mercados, Bab al Mandeb es una ruta energética. Para quienes viven allí, detrás de cada flecha dibujada sobre ese mapa hay otra familia haciendo una maleta para escapar de las bombas.

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