No se trata de defender a un régimen u otro, sino de exigir que la diplomacia y el derecho internacional prevalezcan sobre la ley de la selva que Trump intenta imponer.
El tablero internacional acaba de saltar por los aires. Tras el asesinato de Alí Jamenei el pasado 28 de febrero en una operación conjunta de Estados Unidos e Israel, Irán ha movido ficha de la forma más contundente posible. No hay espacio para la distensión ni para los «hombres de paja» de Occidente: la Asamblea de Expertos ha nombrado a Mojtaba Jamenei como nuevo Líder Supremo.
No es solo un relevo dinástico; es un grito de resistencia frente a la injerencia extranjera y una respuesta directa a las amenazas de Donald Trump. Mientras las élites de Washington y Teherán miden sus fuerzas, el mundo aguanta la respiración ante lo que podría ser la chispa definitiva de un conflicto global.
El «hijo del líder» y el puño de hierro
Mojtaba Jamenei no es un desconocido. A sus 56 años, el segundo hijo del fallecido Alí Jamenei asume el mando total: supervisará las fuerzas armadas, la justicia y, lo más importante, tendrá bajo su mando directo a la Guardia Revolucionaria.
Su perfil es el de un «halcón». Su elección por abrumadora mayoría envía un mensaje cristalino: Irán no va a cambiar de rumbo. En el momento más turbulento de sus 48 años de historia, la República Islámica opta por la continuidad radical frente a la presión externa. La Guardia Revolucionaria ya ha jurado lealtad ciega: «Como un solo soldado, estamos preparados para seguir sus órdenes». La maquinaria bélica está engrasada.
Trump y la diplomacia de la amenaza
Como era de esperar, la respuesta desde la Casa Blanca no ha buscado la paz, sino la humillación. Donald Trump, fiel a su estilo de «matón de patio de colegio», ya ha sentenciado al nuevo líder antes siquiera de que tome posesión efectiva del cargo. En una entrevista para la ABC, Trump ha asegurado que Mojtaba Jamenei «no va a durar mucho» si no cuenta con su aprobación.
¿Desde cuándo un presidente de EE.UU. decide quién debe liderar un país soberano? Esta es la cara más cruda del imperialismo del siglo XXI:
- Se asesina a un líder político mediante ataques aéreos.
- Se amenaza al sucesor si no se pliega a los intereses de Washington.
- Se utiliza el hambre y las sanciones como arma de guerra contra la población civil.
Las guerras las deciden los de arriba, las sufren los de abajo
Mientras los medios hegemónicos se centran en los perfiles de los clérigos o en las bravuconadas de Trump, nos preguntamos: ¿Quién paga el pato de esta escalada? La historia nos ha enseñado que cuando los imperios chocan, es la gente común la que pone los muertos. El complejo militar-industrial se frota las manos: cada amenaza de Trump se traduce en beneficios para los fabricantes de armas. Cada movimiento de la Guardia Revolucionaria justifica presupuestos militares astronómicos mientras los derechos sociales se desvanecen bajo la excusa de la «seguridad nacional».
Un mundo al borde del abismo
La milicia libanesa Hezbolá ya ha reconocido a Mojtaba como el «Líder de la bendecida revolución». El eje de resistencia se cierra. Por otro lado, el eje Washington-Tel Aviv parece decidido a forzar un cambio de régimen a golpe de misil.
La soberanía de los pueblos está bajo ataque. No se trata de defender a un régimen u otro, sino de exigir que la diplomacia y el derecho internacional prevalezcan sobre la ley de la selva que Trump intenta imponer.
¿Es esta la democracia que nos prometían? ¿O estamos asistiendo al inicio de una guerra total por el control de los recursos y la hegemonía mundial?
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