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Giuseppe Verdi murió hace 120 años en Milán, tras 6 días de agonía a consecuencia de un derrame cerebral. La calle a la que asomaba su habitación, la 105 del Grand Hotel de Milán (donde vivía por su ubicación cercana al teatro La Scala), estuvo durante esos días permanentemente cubierta de paja, para que no molestase al agonizante maestro el ruido de los cascos de los caballos y los carruajes, y pudiera descansar. Así de encariñados y atentos a sus necesidades estaban el ayuntamiento y los vecinos de Milán.

Este hecho nos da la idea de cuanto significó y es querido el Maestro Verdi en Italia. Su figura se ha convertido en una de las más relevantes de la cultura y la sociedad italiana, tanto para los amantes de la ópera, como para el pueblo profano.
Aunque sucedieron hace más de siglo y medio, algunas de las situaciones interesantes y curiosas en las que se vio envuelto el compositor podrían estar pasando en esta misma época.
De su pluma salieron casi 30 operas, la gran mayoría de un sonoro éxito. Fue suspendido en su intento de entrar a estudiar en el conservatorio, y sin embargo, no hay un solo día del año en el que algún teatro del planeta no programe una función de una de sus óperas más conocidas, La Traviata o Nabucco.

Una coincidencia feliz
“¡Viva VERDI!” es el grito de la unificación italiana. Aprovechando la coincidencia entre el apellido del músico y las iniciales V.E.R.D.I. (Vittorio Emanuele Re D’Italia), podía encontrarse pintada en las paredes de toda Italia con un significado político antiaustríaco. Era una época de gran revuelo social y enfrentamientos, allá por el principio de los años cincuenta del siglo XIX.
Un día, mientras Verdi ordenaba sus libros, cayó al suelo el libreto del Nabucco, ópera que había rechazado escribir, quedando abierto por la página del coro de los hebreos –Va pensiero–. Verdi lo recogió, comenzó a leerlo y, conmovido, decidió ponerle música a la ópera. De entre los aficionados, aún quedan nostálgicos que consideran que esa pieza está llamada a ser el himno de Italia, como lo fue de los patriotas italianos contra la ocupación austriaca que en 1848 ocupaba el norte de Italia.
Personajes y situaciones cotidianas
El compositor de la famosa Traviata fue el primero que presentó una ópera en la que los personajes llevaban una vida de “a pie”: les sucedían cosas mundanas, que le podía suceder a cualquiera. También, en la que los cantantes vestían con trajes como los de la gente que pasaba por la calle.
Un ojo mirando a la partitura y el otro al público: esa era la consigna de Verdi ante la necesidad de condicionar sus creaciones a la aceptación de los espectadores. No deja de ser notorio que, ya en aquella época, el destino de cada nota en el pentagrama lo decidiese, no solo la inspiración del autor, sino su deseo de entrar en los “premios Grammy” de la época.
Miedo a la piratería
Al igual que pasa ahora, su creación no estaba exenta de la piratería o violación de los derechos de autor. La famosa aria del tenor “La donna e mobile” fue ensayada a escondidas en su casa con el tenor. No fue entregada a los músicos de la orquesta hasta unas horas antes de estrenarla. El compositor era consciente de que aquella “cancioncita”, sería un hit single y temía que se la robaran.
Verdi era capaz de crear ambientaciones en sus óperas evocando las mayores y atemporales emociones del ser humano, que siguen siendo actuales en los tiempos modernos. Un hombre que miro a dios a la cara, reprochándole en su Réquiem (misa de difuntos) que le arrebatara su mujer y sus dos hijos.

Defensor de la mujer
Las heroínas de sus óperas se sobreponen a su destino y a su propia felicidad en nombre de algo más grande que ellas mismas. Verdi fue un gran defensor de la mujer, y los personajes femeninos se presentan con rasgos positivos poco frecuentes en la ópera. Verdi se encuentra entre los clásicos. Porque, ¿qué es un clásico? Todo aquello que perdura en el tiempo, mientras lo demás cae en el olvido.
Aunque también procrastinaba: al igual que otros compositores, era perseguido por su editor para que acabara una obra que año tras año le pedía que terminase: el famoso Otello. El desesperado editor llegó a regalarle en navidad un panettone adornado con una estatuilla que representaba un “moro sin piernas”, en alusión al proyecto de Otello que Verdi no llegaba a terminar.
¿Y usted? ¿Qué música ha oído de Verdi? ¿Qué melodías recuerda de este compositor? Seguro que ha cantado alguna vez bajo la ducha “La donna é mobile” mientras se enjabonaba.
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Manuel Antonio Cerezo Gallego no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
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