Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
El hotel del Algarrobico seguirá siendo un símbolo del fracaso de nuestras instituciones para proteger lo que es de todas y todos.
El hotel del Algarrobico, ubicado en el corazón del Parque Natural de Cabo de Gata (Almería), se ha convertido en el símbolo más visible del descontrol urbanístico en la costa Mediterránea. Esta imponente estructura, construida en 2003, representa una herida abierta que lleva décadas resistiendo su demolición, gracias a un entramado judicial lleno de escollos y contradicciones. Ahora, el caso ha llegado al Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), tras la denuncia interpuesta por Greenpeace contra la decisión del Tribunal Supremo español de 2022, que consideró que los terrenos en los que se erige el polémico complejo siguen siendo urbanizables. Este giro inesperado puede ser el último paso en un laberinto legal que parece no tener fin.
La decisión de llevar el caso a Estrasburgo surge de una profunda frustración por la ineficacia de las instituciones españolas en resolver este conflicto. El Ayuntamiento de Carboneras ha sido un actor clave en esta historia, ya que, a pesar de las numerosas sentencias que declaran la ilegalidad del hotel, ha eludido de manera sistemática su obligación de modificar el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) para declarar el paraje del Algarrobico como suelo no urbanizable. La inacción del gobierno municipal ha permitido que esta monstruosa construcción siga en pie y, lo que es más preocupante, ha abierto una grieta en el Estado de Derecho, al condicionar el cumplimiento de una sentencia firme a la voluntad de una entidad local.
José Ignacio Domínguez, abogado de Greenpeace, lo expresa con claridad: «El fallo del Supremo atribuye competencias judiciales al Ayuntamiento de Carboneras, mientras no modifique su PGOU, y eso es inconcebible». No se puede permitir que la legalidad de una sentencia dependa del capricho de una administración local, y es precisamente este argumento el que ha llevado al TEDH a admitir la denuncia.
UN CASO QUE EXPONE LAS FLAQUEZAS DEL SISTEMA JUDICIAL ESPAÑOL
El caso del Algarrobico no es solo una cuestión medioambiental. Lo que está en juego es la capacidad del sistema judicial español de hacer cumplir sus propias resoluciones. Desde 2006, cuando un juzgado de primera instancia de Almería decretó la paralización cautelar de las obras del hotel, este proyecto ha acumulado más de cincuenta pronunciamientos judiciales, de los cuales veinte han constatado su ilegalidad. Sin embargo, el hotel sigue en pie, desafiando todas las expectativas y poniendo en entredicho la eficacia de las instituciones.
Uno de los hitos más polémicos fue la decisión del Tribunal Supremo en 2022, que consideró que, mientras el Ayuntamiento de Carboneras no modificara su PGOU, los terrenos del Algarrobico debían considerarse urbanizables. Este fallo fue interpretado como un golpe a la justicia ambiental y un retroceso en la lucha contra la especulación inmobiliaria. Greenpeace, al denunciar esta resolución ante el TEDH, ha señalado que priva a la ciudadanía del derecho a un juez independiente y a una tutela judicial efectiva, violando así el artículo 6.1 del Convenio Europeo de Derechos Humanos.
En este contexto, la batalla entre el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) y el Ayuntamiento de Carboneras ha sido especialmente encarnizada. En varias ocasiones, el TSJA ha emitido ultimátums al consistorio para que modifique su PGOU y reconozca el paraje del Algarrobico como suelo no urbanizable. No obstante, el Ayuntamiento ha eludido su responsabilidad con excusas y dilaciones, una táctica que ha permitido que el hotel siga dominando el paisaje.
El desdén con el que el Ayuntamiento ha tratado este asunto queda claro en su última comunicación al TSJA en julio de 2024, cuando afirmó que el vigente PGOU incluía «como nota accesoria» el fallo de 2018. Esta respuesta fue calificada como insuficiente por el tribunal andaluz, que sigue presionando para que se cumpla de manera efectiva la sentencia.
LA LUCHA LLEGA A ESTRASBURGO: ¿JUSTICIA FINAL O MÁS DILACIONES?
El hecho de que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos haya aceptado investigar este caso marca un hito importante en la lucha por la demolición del Algarrobico. Para Greenpeace, esto representa una oportunidad única de poner fin a dos décadas de incumplimientos y desacatos. «Por primera vez en la historia de Greenpeace España, el Tribunal de Estrasburgo va a investigar nuestra denuncia», afirmó María José Caballero, portavoz de la organización. Este es un mensaje claro para aquellos que siguen defendiendo ilegalidades: el tiempo de los retrasos y las excusas podría estar llegando a su fin.
Otro aspecto que el TEDH deberá revisar es la revocación del nombramiento de la magistrada María del Mar Jiménez como ponente del TSJA en 2014, quien declaró urbanizable el hotel. Greenpeace ha planteado dudas sobre su imparcialidad, argumentando que no puede ser objetiva debido a su vinculación con el caso. Además, se ha revelado que uno de los firmantes de esa sentencia, Jorge Muñoz Cortés, ahora asesora jurídicamente al Ayuntamiento de Carboneras. Estos vínculos generan una sombra de duda sobre la transparencia y la justicia en torno al caso.
En definitiva, la historia del Algarrobico es un ejemplo descarnado de cómo los intereses económicos y la ineficacia institucional pueden prevalecer sobre la justicia y la protección del medio ambiente. La decisión del TEDH de investigar el caso podría ser un rayo de esperanza para quienes llevan años luchando contra esta cicatriz en el litoral español. Pero hasta que no se ejecute la demolición, el hotel del Algarrobico seguirá siendo un símbolo del fracaso de nuestras instituciones para proteger lo que es de todas y todos.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir