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Dani Mateo retrata en un minuto lo que décadas de poder y privilegio han hecho con uno de los rostros históricos del PSOE
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La escena es breve, pero el retrato es preciso. En El Intermedio, Dani Mateo interrumpe a Wyoming para desmontar, con ironía quirúrgica, una de esas declaraciones que ya nadie espera pero que siempre acaban llegando. Felipe González, expresidente del Gobierno, vuelve a pronunciarse sobre la regularización de personas migrantes. No para defenderla con claridad, no para asumir una posición política valiente, sino para ejercer ese deporte que domina desde hace años: criticar al Gobierno desde una supuesta superioridad moral construida a base de distancia social.
González dice que la regularización “hay que hacerla bien”. Añade que, si el Ejecutivo la hace bien, será “la primera cosa que haga bien en mucho tiempo”. No entra en los detalles de qué significa “hacerla bien”. No habla de derechos, ni de vidas concretas, ni de explotación laboral, ni de racismo estructural. Habla desde el tono del ex que ya no se siente parte de nada, pero sigue reclamando autoridad sobre todo. La regularización le parece bien, pero Sánchez le molesta más.
Dani Mateo resume el asunto con una frase que duele porque es exacta: Felipe González “comprende muy bien la realidad del fenómeno migratorio” porque fue pionero en migrar “de la chaqueta de pana al yate de lujo”. No es solo un chiste. Es una radiografía política.
LA IZQUIERDA DE MEMORIA CORTA Y BOLSILLOS LLENOS
Felipe González no habla hoy como quien gobernó un país atravesado por desigualdades, paro masivo y precariedad. Habla como quien lleva décadas instalado en consejos de administración, foros empresariales y cenas donde la palabra “migrante” no tiene rostro, ni acento, ni papeles. Habla desde arriba, y eso se nota.
Cuando opina sobre migración, no lo hace desde la experiencia de quien convive con la explotación en el campo, con los pisos patera o con el miedo a una redada. Lo hace desde la lógica del orden, del “sí, pero”, del “con cuidado”. Una lógica que, casualmente, siempre acaba coincidiendo con el marco de la derecha, aunque venga envuelta en retórica socialdemócrata.
Porque decir que hay que regularizar “bien” sin confrontar el discurso criminalizador, sin señalar a las patronales que se benefician de la irregularidad, sin defender derechos plenos, no es una postura progresista. Es una forma elegante de no incomodar a nadie con poder.
EL CHISTE QUE EXPONE UNA TRAYECTORIA
El valor del comentario de Dani Mateo no está solo en la burla. Está en que señala algo que muchas y muchos prefieren no decir en voz alta. Hay una parte de la vieja guardia socialista que ya no habla desde la izquierda, sino desde el privilegio. Que mira la política como quien observa un tablero desde una terraza con vistas al mar.
La famosa chaqueta de pana, símbolo de cercanía y compromiso obrero, quedó hace tiempo en el armario de los recuerdos. El yate no es solo un objeto. Es una metáfora de clase. De distancia. De desconexión. Y desde ahí, opinar sobre migración se convierte en un ejercicio cómodo, abstracto, desprovisto de urgencia humana.
Felipe González puede permitirse el lujo de matizarlo todo. Las personas migrantes, no. Ellas necesitan papeles, derechos y protección ahora. No una lección más desde quien hace tiempo decidió emigrar, pero hacia arriba.
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