Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
El laboratorio ideológico de Aznar protege a los barones del PP y convierte la prevención de incendios en munición política, mientras las comunidades gobernadas por la derecha suman récords de abandono forestal.
FAES SE VISTE DE GENERAL Y SE OLVIDA DEL BOSQUE
La fundación FAES, brazo ideológico de José María Aznar, ha vuelto a marcar el guion al Partido Popular. Esta vez contra el pacto de Estado climático propuesto por Pedro Sánchez. Lo califica de “emboscada”, en un tono militarista que retrata mejor a un cuartel que a una organización política. La sincronía con Génova es total. Los argumentarios parecen calcados: victimismo, ataques a Sánchez y ninguna autocrítica.
El editorial publicado el 1 de septiembre bajo el título “El triángulo del fuego” niega cualquier responsabilidad de los gobiernos autonómicos del PP. Castilla y León, Galicia, Andalucía o Madrid han sufrido incendios devastadores, pero la consigna es clara: todo es culpa del Gobierno central y de sus “aberrantes socios”. Lo que no se menciona es que en 2022 y 2023, según datos del Ministerio de Transición Ecológica, Castilla y León encabezó el ránking estatal de superficie arrasada, con más de 60.000 hectáreas, mientras Mañueco permanecía de vacaciones. Tampoco se habla de los recortes en brigadas forestales aprobados por Ayuso en 2021 ni de los contratos exprés de Moreno Bonilla que privatizaron servicios de extinción.
El discurso es viejo: la culpa nunca es de quien gobierna en lo territorial. Ni de Alfonso Rueda, que redujo un 15% el presupuesto gallego para prevención en 2024, ni de Bonilla, que maquilló la estadística borrando hectáreas de la contabilidad oficial. FAES prefiere apuntar contra el “relato” del Gobierno, acusando a Sánchez de manipular la emoción colectiva y fabricar chivos expiatorios. Como si la devastación de El Bierzo o Las Médulas fuese un invento mediático.
CULPAS COMPARTIDAS, RESPONSABILIDADES BORRADAS
FAES advierte del “peligro” de culpar a las comunidades del PP y acusa al Ejecutivo de “jugar con fuego” con el Estado autonómico del 78. En su retórica, responsabilizar a quienes recortan cuadrillas y abandonan el monte es un atentado contra la Constitución. El absurdo es tal que convertir la rendición de cuentas en antipolítica ya forma parte del catecismo aznarista.
Se acusa a Sánchez de usar la “cogobernanza” como pantalla propagandística, como antes en la pandemia. El método, según FAES, es “chupar cámara y endosar culpas”. Sin embargo, los datos oficiales contradicen esa narrativa: España destina solo un 20% del gasto en incendios a prevención, frente al 40% recomendado por la ONU. Y en las comunidades del PP ese porcentaje es aún menor.
Lo más grotesco es el cierre del editorial, que reparte responsabilidades en un cóctel de cinismo: el Gobierno, sus socios, y también Vox. Todos culpables, excepto los barones del PP. El incendio político, dicen, no lo apagarán quienes soplan sobre el rescoldo. Lo que no mencionan es que fueron precisamente esos barones y baronesas quienes apagaron teléfonos, escondieron agendas y se desentendieron de la catástrofe mientras ardían miles de hectáreas.
En esa versión de la realidad, Mañueco, Ayuso, Rueda o Moreno Bonilla aparecen como víctimas de una conspiración gubernamental. Como si no existieran las cifras de hectáreas quemadas, los contratos amañados, los recortes en personal o la desprotección de las y los brigadistas que denuncian desde hace años condiciones precarias y jornadas inhumanas.
La FAES de Aznar ha convertido el bosque en trinchera y el humo en propaganda. En esa guerra, la prevención no cuenta, la responsabilidad se borra y lo único que importa es mantener a salvo a la cúpula popular.
El problema es que mientras Aznar dicta y Feijóo obedece, los montes arden y las cenizas se acumulan. Y lo hacen sobre un país donde cada verano se repite el mismo guion: abandono forestal, incendios descontrolados y discursos en llamas.
Quien juega con fuego acaba reduciendo a cenizas no solo el bosque, sino la política misma.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Más de medio millón de personas ya han visto nuestro vídeo sobre cómo los centros de datos de la IA nos están dejando sin agua
Más de medio millón de personas han visto ya nuestro vídeo sobre el verdadero coste de los centros de datos de la inteligencia artificial. Más de medio millón. Y no lo han visto porque el asunto sea una curiosidad tecnológica ni porque les interese saber cómo funciona un servidor. Lo han visto porque cada vez más gente entiende que esa cosa aparentemente abstracta llamada IA tiene una existencia muy física: edificios gigantescos, subestaciones eléctricas, tuberías, kilómetros de cableado y millones de litros de agua desapareciendo dentro de sistemas de refrigeración.
La respuesta al vídeo confirma algo que las grandes tecnológicas preferirían seguir escondiendo detrás de anuncios llenos de palabras como innovación, progreso y futuro. La preocupación es real. La gente sabe que no estamos hablando de una nube mágica flotando sobre nuestras cabezas, sino de una industria pesada que quiere apropiarse de recursos públicos para alimentar negocios privados. Y quiere hacerlo deprisa, antes de que las comunidades entiendan qué les están plantando al lado de casa.
Nuestro vídeo reúne las advertencias de Erin Brockovich, la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, un exboxeador estadounidense, Alexandria Ocasio-Cortez y Naciones Unidas. Personas con trayectorias, ideologías y responsabilidades muy distintas. Todas están mirando hacia el mismo lugar. Todas están viendo cómo la expansión descontrolada de los centros de datos amenaza el agua, dispara el consumo eléctrico y concentra todavía más poder en manos de un puñado de corporaciones.
Xbox despide a 3.200 personas: el riesgo era de los jefes, la factura es de la plantilla
Xbox acaba de confirmar la mayor reestructuración de su historia. El 6 de julio, Asha Sharma comunicó a la plantilla que la división reducirá aproximadamente 3.200 puestos durante el año fiscal 2027, con 1.600 despidos inmediatos y cuatro estudios saliendo de Xbox hacia nueva gestión. Microsoft, en paralelo, recorta unos 4.800 empleos en total, alrededor del 2% de su plantilla global. No es una anécdota. Es una purga empresarial envuelta en lenguaje de consultora.
La frase oficial es casi una confesión: “nuestro negocio hoy no es saludable”. La dirección reconoce márgenes entre 3 y 10 veces inferiores a los de negocios comparables, una base instalada menor, costes más altos y una apuesta por Game Pass, el modelo multiplataforma y una cartera más amplia de contenidos que “no creció al ritmo esperado”. Dicho sin barniz corporativo: los jefes imaginaron una máquina de crecimiento infinito, compraron estudios, multiplicaron equipos, alargaron inversiones y ahora explican que se equivocaron. Pero quienes salen por la puerta no son quienes vendieron la fantasía. Son trabajadoras y trabajadores que hicieron exactamente lo que les dijeron.
Sony quiere matar el disco: juegos digitales para ricos y propiedad de mentira
Sony ya ha puesto fecha al entierro del formato físico. En su propia web de PlayStation avisa de que, desde enero de 2028, los nuevos juegos lanzados para PlayStation se podrán comprar en PlayStation Store y en tiendas, pero solo en formato digital. Los discos de juegos publicados antes de esa fecha seguirán funcionando, sí. Ese matiz importa. Pero el camino está marcado: el futuro que Sony quiere vender no cabe en una estantería, cabe en una cuenta, en una contraseña, en un servidor y en unas condiciones de uso que casi nadie lee porque están escritas precisamente para que casi nadie las lea.
La compañía lo presenta como adaptación al consumo. Reuters informó el 1 de julio de que Sony dejará de producir discos físicos para los nuevos lanzamientos de PlayStation desde enero de 2028, en un giro que llega después de que cerca del 80% de sus ventas completas de juegos en el año fiscal 2025 fueran digitales. La cifra parece aplastante. Lo digital ya domina. Pero una cosa es que millones de personas compren digital porque es cómodo, porque hay rebajas puntuales o porque las empresas empujan el mercado hacia ahí; otra muy distinta es convertir esa tendencia en una jaula.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir