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Desde marzo de 2020 estamos viviendo los efectos de la pandemia de Covid-19 y hemos podido observar sus consecuencias en el sistema educativo. Llevamos muchos años hablando del potencial de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, pero es ahora cuando nos hemos dado cuenta de lo que significa la enseñanza virtual.
El análisis no se puede hacer con carácter general, porque en etapas como la Educación Infantil y la Educación Primaria son las familias las que hacen de intermediarias en el proceso educativo. En este caso, vamos a centrarnos en Educación Secundaria y en la universitaria, ya que es donde mayoritariamente se ha implantado la enseñanza semipresencial o totalmente virtual durante el presente curso escolar.
Todos usamos el concepto de e-learning, pero pocos conocen con certeza cómo es la enseñanza en estos sistemas. Repasando los conocidos como “planes de contingencia” en educación, encontramos denominaciones de todo tipo: educación híbrida, enseñanza bimodal, presencialidad sincrónica (¿existe algún tipo de presencialidad que no sea sincrónica?) o nuestro favorito: “presencialidad virtual sincrónica”. Si hay presencialidad no puede haber virtualidad, son términos excluyentes.
Más allá de lo curioso de las denominaciones, que estamos seguras de que parten de la buena fe de las instituciones para organizar este caos de modalidades de enseñanza en el que vivimos, lo que deja ver es el poco conocimiento y preparación que tiene nuestro sistema educativo para adaptarse pedagógicamente a la educación en línea. Y también esconde algo más importante: la percepción de que lo presencial es lo bueno, lo que vale, y lo que es virtual, no.
No se debe convertir en virtual lo presencial
El problema viene derivado del desconocimiento de lo que significa la enseñanza en red y ello ha ocasionado que el cambio a la modalidad virtual se haya producido intentando “virtualizar” lo presencial. En otras palabras, hemos intentado enseñar del mismo modo que lo haríamos en presencial.
Si en presencial tengo seis horas de clase, ahora hay que impartir las mismas clases por videoconferencia. Si en presencial hago prueba tipo test, en lo virtual mi preocupación es la vídeovigilancia.
Pero nos estamos olvidando de que la enseñanza virtual es un modelo que va más allá, que nos permite superar los muros de las aulas y diseñar situaciones colaborativas, aprendizaje basado en proyectos, actividades interactivas, trabajar en modelos de acción tutorial… Y, de forma similar, deberíamos pensar en otros modelos de evaluación más adaptados al espacio virtual como las presentaciones orales, los informes, trabajos de investigación o análisis críticos.
Simular la clase presencial
Así pues, en realidad, lo que ha ocurrido es que nos hemos obsesionado con la videoconferencia como principal herramienta para enseñar, porque es la que nos permite simular una clase presencial. No vamos a negar la utilidad de la videoconferencia, pero asumir que estamos haciendo enseñanza virtual porque damos las clases por videoconferencia es como ponernos un bigote postizo: seguimos siendo los mismos y haciendo lo mismo, aunque nos queramos disfrazar.
El problema es que se nos olvida que trabajar en red implica repensar (mucho) las metodologías de enseñanza en red, y por ende, la evaluación, ya que se hace más importante (como afirma la UNESCO) el proceso que el producto (¿por qué tanta obsesión con los exámenes finales?).
La tecnología no solventa los problemas
El asunto es que la pregunta no debería ser ¿cómo puedo hacer lo que hago presencialmente de manera virtual?, sino ¿cómo puedo enseñar de otra forma? Dedicamos mucho tiempo a contemplar la última tecnología de moda sin saber responder a las preguntas más importantes: ¿por qué este medio?, ¿por qué ahora? Porque la tecnología por sí sola no soluciona nada, el docente que daba malas clases las seguirá dando por videoconferencia y el que era creativo lo seguirá siendo de manera virtual.
Esta situación es en realidad una oportunidad. No pretendemos responsabilizar a nadie, y menos al profesorado que está haciendo un esfuerzo titánico por sobrevivir al presente curso académico, pero de alguna manera tenemos que plantearnos el modelo educativo hacia el que estamos yendo.
La ONU nos lo propone de una manera interesante: el tremendo esfuerzo que se ha tenido que hacer (inimaginable para muchos hace más de un año) ha demostrado que el cambio es posible. Aprovechemos la oportunidad para rediseñar el proceso educativo, la organización de los contenidos y las metodologías que aplicamos. No queremos volver a la vieja normalidad, queremos una nueva donde se dote de recursos y herramientas a los centros y los docentes para permitir ese cambio.
Lo docentes deben adquirir competencias digitales
Además, hay una pequeña parte de responsabilidad que sí nos corresponde como docentes: podemos tratar de quitarnos el bigote postizo y formarnos en competencia digital docente.
Así aprenderemos que ni la educación virtual son solo videoconferencias, ni evaluar es solo examinar. Y esta situación, a pesar de todo lo que tenemos en contra, puede ser una oportunidad para renovar la enseñanza.
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María del Mar Sánchez Vera participa en el Grupo de Investigación de Tecnología Educativa que recibe actualmente fondos de Fundación Séneca (proyecto EmDigital) y Comisión Europea (Erasmus+). Son fondos para proyectos de investigación financiados en convocatorias competitivas y que no afectan a la publicación de este artículo, pues no tiene relación directa con ninguno de los proyectos actualmente en vigor.
M. Paz Prendes Espinosa recibe actualmente fondos de Fundación Séneca (proyecto EmDigital) y Comisión Europea (Erasmus+). Son fondos para proyectos de investigación financiados en convocatorias competitivas y que no afectan a la publicación de este artículo, pues no tiene relación directa con ninguno de los proyectos actualmente en vigor.
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