Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .

“Formar para el bien común no solo en pretendida pericia técnica, sino en valores y no solo para la carrera individual, sino para el servicio a la comunidad”.
Así respondió el catedrático de filosofía política de la Universidad de Harvard y premio Princesa de Asturias en Ciencias Sociales, Michael Sandel, cuando se le preguntó recién iniciado este año 2021, sobre qué le falta a la universidad ahora.
Durante los últimos meses, la pandemia del Covid-19 ha rescatado del diccionario la palabra asintomático, por lo menos para muchos de los que no nos dedicamos al ámbito de la salud. Y declaraciones como las del profesor Sandel, que podrían sumarse a las de tantos otros que llevan tiempo observando la formación universitaria, nos hace plantearnos la siguiente pregunta: ¿No estaremos formando universitarios que no muestran síntomas de haber pasado por la universidad?
Desde luego, que nadie piense que la cosa se salva con el aprendizaje de un conjunto de competencias profesionales. Ese es un síntoma universitario, sí, pero no es el único, ni tan siquiera el principal.
Decía el publicista Michael Levine que “tener hijos no lo convierten a uno en padre, del mismo modo en que tener un piano no lo vuelve pianista”. Algo así se podría decir con relación al asunto que tenemos entre manos. La realidad se empeña en demostrarnos que tener un título es una cosa y mostrarse como un universitario es otra diferente, ¿o no hemos pensado más de una vez que a aquella doctora, a aquel maestro o al ingeniero del que nos han hablado le falta mucho para ser universitario por mucho título que tenga colgado en la pared?
Nos encontramos ante un curioso panorama. Por un lado, se está consolidando una dinámica que podría resumirse así: toca ir a la universidad porque es allí donde se obtienen títulos que permiten ejercer determinadas profesiones, por poca cosa más. El psicólogo y también profesor de la Universidad de Harvard y Premio Príncipe de Asturias en Ciencias Sociales Howard Gardner afirma que ese es el patrón de pensamiento de los que él llama “estudiantes inerciales”. Por supuesto, no son la mayoría, pero sí bastantes.
Y, por otro lado, nuestras universidades parecen asumir que su principal tarea educativa es la de formar individuos perfectamente adaptados a todos los nichos profesionales que sea posible, los que ya están y los que vendrán. Tampoco son todas las universidades, pero sí muchas. Sería un error criticar esa realidad y necesidad pero, como decíamos, hay otros síntomas universitarios que no reciben la misma atención, ¡y no son cualesquiera!, sino fundamentales y absolutamente necesarios para nuestros días y los que vendrán.
A continuación, señalamos tres que van acompañados de invitaciones para nuestras universidades:
El primer síntoma: sentirse miembro de una comunidad que tiene encomendada una misión social.
Ese fin universitario se puede conocer o sospechar, es más, habrá muchos universitarios que lo acepten de buen grado y lo pongan por obra cuando sea menester. Además, no son pocas las universidades que durante los últimos años han incorporado pedagogías que potencian el aprendizaje del compromiso social.
Sin embargo, aquí se está hablando de un sentimiento, y, para cultivarlo, quizá no tengamos suficiente con mencionar el asunto en los actos de inauguración de curso y en los de graduación; o con ofrecer algunas situaciones de enseñanza y aprendizaje, de manera optativa y puntual, que tengan por objetivo mejorar la realidad. Además de eso, nuestros universitarios merecen saber dónde se han metido, y eso pasa por conocer por qué se crea la universidad, para qué estamos los universitarios y hasta cómo es que ha habido épocas en las que no hemos estado a la altura de nuestra misión social.
Algo nos dice que el sentimiento social universitario germina y crece cuando se conocen esas razones, cuando uno se da cuenta del maravilloso proyecto, tan antiguo como actual, del que forma parte.
Allá va la sugerencia: no estaría de más que nuestros universitarios tuvieran una asignatura para hablar de esas cosas, y, a ser posible, antes de emprender el tabicado camino de la especialización.
El segundo síntoma: querer ser un buen profesional y un profesional bueno.
La formación universitaria, ya se ha dicho, lleva muchísimos años trabajando para formar a los mejores profesionales posibles, y eso está muy bien, pero estaría aún mejor si se dedicara el mismo esfuerzo para formar profesionales buenos.
No se está hablando de moralina ni nada que se le parezca, sino de una formación universitaria que ayude a encontrar respuestas a la pregunta: ¿qué tipo de profesional quiero ser?
Esas respuestas no se encuentran en la ciencia ni en la técnica, sino en las humanidades, en las grandes ideas y producciones culturales de todos los tiempos que nos ayudan a pensar y a pensarnos.
Allá va la segunda invitación: nuestras universidades podrían ofrecer espacios de reflexión y diálogo en torno a esa pregunta, y no al final del camino como una guinda, sino durante la travesía universitaria, junto al resto de asignaturas que conforman un plan de estudios. Quizá sea eso lo que piden no pocos universitarios, y todo sea dicho, muchos ciudadanos que acuden al médico, buscan una abogada o piensan en el maestro de sus hijos.
El tercer y último síntoma: dar imagen de universitario, sea la que sea, pero de universitario.
Estamos ante uno de los síntomas universitarios más demandados, y todo sea dicho, uno de los que más retrata a las universidades. Cuando un titulado no da señales de universitario se le da una patada en el hígado a la universidad. No basta con ser universitario, también hay que parecerlo. La estética universitaria es hoy más necesaria que nunca para el bien de todos. No hace falta hablar de políticos, empresarios o líderes sociales que, a pesar de haber pasado por la universidad, no dan imagen de ello; también podemos fijarnos en titulados que no salen por la televisión, pero que van a comprar, conducen o aparecen en redes sociales sin demostrar su paso por la universidad. Bien sabemos que los universitarios solos no arreglaremos el mundo raro y desordenado en el que nos encontramos, pero podemos ser como brotes verdes si damos síntomas de estética universitaria, eso es, de concordia, diálogo, empatía, respeto, alegría, prudencia y tantas virtudes más.
En fin, los universitarios, como dice Michael Sandel, estamos al servicio de la comunidad y del bien común, eso va con nosotros, está en nuestros genes; y para demostrarlo, no será suficiente con tener un título, también habrá que manifestar otros síntomas, o mejor dicho, no mostrarnos asintomáticos hacia ese servicio y ese bien.
![]()
Francisco Esteban Bara does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.
The Conversation. Rigor académico, oficio periodístico
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir