Mark Rutte, primer ministro holandés, es la piedra más dura que se están encontrando los países más afectados por la crisis.

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Ayer domingo fue el tercer día de la cumbre europea para crear un fondo que palíe el devastador impacto económico de la covid-19 pero se ha cerrado más cerca de la ruptura que del consenso: el acuerdo no llega. El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, ha multiplicado los contactos multilaterales en todos los formatos posibles y hasta las 19.00 no ha vislumbrado el terreno necesario para convocar la primera sesión plenaria del día.

En la cena que han mantenido los 27 se ha constatado que las diferencias siguen son demasiado grandes entre los llamados países ‘frugales’ (Países Bajos, Suecia, Austria y Dinamarca) y las zonas más afectadas por la crisis, como España, Italia y Francia. El norte rechaza rebajar transferencias solo a 400.000 millones de euros, ya que quieren recortar todavía más y juegan con el factor tiempo a su favor.

Así lo ha reconocido Angela Merkel: «Hay buena voluntad, pero también muchas posiciones. Haré todo lo posible, pero puede que no haya acuerdo», ha manifestado. Con la canciller se ha reunido este domingo Macron, quien cree necesario el equilibrio entre compromiso y ambición. «La voluntad de compromiso no nos hará renunciar de la ambición legítima que hemos de tener. En las próximas horas sabremos si las dos cosas son compatibles», ha expresado el presidente francés.

La nueva propuesta de el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, se basaría en una partida de 390.000 millones de euros en subsidios, próximo al umbral planteado por Francia, y muy por encima de los 350.000 aceptados durante la noche por los «países frugales». Sin embargo, en las últimas horas parece haber hastiado al resto con sus exigencias, en particular al presidente francés, Emmanuel Macron y Michel parece decidido incluso a rebajar alguna de las ofertas que les había hecho, como el descuento en sus contribuciones al presupuesto comunitario.

El resto de socios reclaman, como mínimo, 400.000 millones de euros en subsidios. Esas delegaciones recuerdan que Mark Rutte, primer ministro holandés y la piedra más dura; y sus aliados, ya han obtenido grandes concesiones, en forma de cheques de descuento en su aportación al presupuesto comunitario, y de un freno de emergencia para retrasar o evitar el desembolso del fondo cuando consideren que un beneficiario no acomete las reformas para las que solicitó financiación.

A los países del norte le ha contestado el portugués Antonio Costa diciéndoles que ellos «también tienen que hacer esfuerzos». Otros países, como Hungría, señalan directamente a Rutte como el «bloqueador» del acuerdo.

Lo que tiene claro el sur de Europa es que prefiere cerrar sin acuerdo que no con uno malo como el que proponen, lo que dejaría en evidencia las diferencias entre norte y sur y avanzaría el fin de una Unión Europea que tendía poco de unión.

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