«La Justicia es igual para todos», señalaba el rey emérito en 2011.

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«Afortunadamente vivimos en un Estado de Derecho y cualquier actuación censurable deberá ser juzgada y sancionada con arreglo a la ley. La Justicia es igual para todos». Era el 24 de diciembre de 2011 y las palabras de Juan Carlos I en su mensaje de Nochebuena llegaba a los hogares españoles, ya con la sombra del caso Urdangarin acechando.

Tres días después, durante el acto de inauguración de la legislatura tras las elecciones que ganó Mariano Rajoy, el emérito insistió en esa línea: «Hemos de defender la honradez, el esfuerzo y la profesionalidad con que la inmensa mayoría de los españoles desempeñan su trabajo, viven su vida y sacan adelante a sus familias».

Ocho años y medio después, las polémicas y la sombra de la Justicia acorrala al rey emérito, que en aquel discurso navideño reclamaba un «comportamiento ejemplar» a los servidores públicos para que la «desconfianza» en las instituciones no se extendiera entre la ciudadanía por conductas «irregulares».

Los llamamientos en favor de la ética lanzados por Juan Carlos I durante la crisis económica iniciada en 2008 y sus apelaciones al cumplimiento de la ley quedan sepultados por los hechos. Tras una fundación constituida en el paraíso fiscal de Panamá y siendo titular de una cuenta abierta en la opaca Suiza donde recibió 65 millones de Arabia Saudí, sus palabras hace más de ocho años solo sirven para adjetivar su persona: HIPÓCRITA.

Las últimas informaciones desveladas por Elconfidencial apuntan a que los fondos ocultos por el rey alcanzaron una cifra aún mayor. Entre 2008 y 2012 utilizó la cuenta que la panameña Fundación Lucum tenía en el banco helvético Mirabaud para sacar en torno a 100.000 euros por mes aunque no siempre las cantidades se ajustaban a esa cifra. Todo mientras España se hundía en la miseria y el desempleo.

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